M.ª Emilia Casas: «No hay una situación política que permita reformar la Constitución»

La jurista destacó por su defensa de los derechos de los trabajadores cuando presidió el más alto tribunal español


santiago / la voz

María Emilia Casas Baamonde nació en León un 30 de noviembre de 1950. Fue por casualidad, solo porque su padre estaba allí destinado, porque ella ser es de Monforte de Lemos. Tanto, que incluso tiene una calle en la villa lucense. Algo común en su familia, porque comparte callejero con su abuelo, Roberto Baamonde, y su tío político, el escritor Luis Moure Mariño. Méritos no le han faltado, porque su currículo es apabullante incluso en su versión resumida, en la que solo cabe que se licenció y doctoró con premio extraordinario en Derecho en la Universidad Complutense y que fue la primera mujer en presidir el Tribunal Constitucional, cargo que ejerció entre 1998 y el 2011. Esta jurista, que el año pasado recibió el 59.º Premio Fernández Latorre, ocupa desde entonces su Cátedra de Derecho del Trabajo en Madrid, pero vuelve a su amada Galicia siempre que puede, y esta semana participó en Santiago en el congreso de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo (UPIT).

-Los inspectores de trabajo hablan de usted con verdadera admiración y respeto.

-Es muy satisfactorio, pero creo que no se corresponde con la realidad, sino con la amistad.

-Quizá realidad y amistad se han unido por la defensa que usted hizo de los derechos de los trabajadores cuando presidió el Tribunal Constitucional.

-Cuando ejercí la jurisdicción constitucional lo hice con una total entrega y fidelidad a la Constitución. Tenemos una Constitución excelente, que reconoce los derechos fundamentales de las personas, y entre ellos los de las personas trabajadoras, y desde luego reconoce el valor de la igualdad en más de un precepto. Aunque es una norma de 1978 y en aquel año en España los problemas de igualdad de la mujer no tenían la visibilidad y la presencia que tienen en este momento, la interpretación de la Constitución ha permitido hacer la doctrina de igualdad de la que disfrutamos en este momento, aunque quede mucho por hacer.

-Es una de las Constituciones más progresistas del mundo: ¿por qué recibe tantos ataques de los nacionalismos y de Podemos?

-No creo que se la ataque tanto, al menos no desde muchos ámbitos. Creo que es un texto que ha contado con un respeto generalizado. Lo que ocurre es que se han producido hechos de gravedad notoria que ha resuelto la propia Constitución o se han resuelto con arreglo a ella. Hemos asistido a un momento en el que se ha cuestionado el papel de la Transición y de la Constitución con argumentos, unos aceptables y otros en modo alguno, como por ejemplo que la Constitución no serviría para ordenar la convivencia de aquellas personas que no la han votado, porque solo tenemos que mirar a un lado y a otro para ver que las Constituciones rigen la convivencia no solo de la generación que la vota.

-Muchas Constituciones europeas son del siglo XIX.

-Evidentemente, por eso este es un argumento que no es de recibo. La Constitución española ha entrado en una etapa de madurez y, en consecuencia, sí puede necesitar reforma en alguna de sus partes.

-¿Es partidaria de la reforma?

-Soy partidaria de debatir la reforma de la Constitución y de aislar los preceptos que necesitan ser reformados, pero soy consciente de la dificultad de esa reforma, porque la Constitución ha regulado la reforma de su texto exigiendo mayorías muy cualificadas y creo que no hay una situación política que permita adivinar que es posible el consenso que requiere reformar la Constitución. Lo cual no significa que no sea bueno debatir sobre esa reforma. Siempre pongo el ejemplo de la ausencia de la digitalización y la informática, palabra que solo se emplea una vez en el texto, y cuando lo digo siempre hay algún político que me dice que quien quiere la reforma de la Constitución no está para nada preocupado por este tema, sino que quieren otras cosas.

«No coincido con parte de la argumentación de la sentencia de La Manada»

El paso de Casas Baamonde por el Tribunal Constitucional dejó huella por su protección de la igualdad en todos sus términos, pero si por algo más ha destacado es por su férrea defensa de la independencia judicial. Por ello, censura que se hable de magistrados progresistas o conservadores. «El modelo para la elección de los magistrados del TC es de consenso sobre todos y cada uno, pero las renovaciones no se han hecho así, sino que los partidos mayoritarios las han pactado y muchas veces lo han hecho diciendo tantos a tu propuesta y tantos a mi propuesta, en lugar de proponer todos a todos. Cuando aparecen estas etiquetas se crea una idea de politización que es falsa, pero que llega al ciudadano», asegura.

-Nunca se había cuestionado a la Justicia tanto como con la sentencia de La Manada.

-La sentencia tiene que ser respetada, porque la han dictado las personas que tenían el conocimiento más cabal a partir de los hechos probados. No obstante, no coincido con parte de la argumentación, pero, dicho esto, tiene que ser respetada como expresión de la independencia judicial. El sistema se dota de recursos, que en materia penal son absolutamente decisivos.

-Y, sin embargo, hasta el ministro de Justicia la ha valorado.

-Cada institución debe estar en su sitio.

-¿Hay que revisar la violación en el Código Penal?

-A mí lo que me ha parecido muy desafortunado es que, con todo lo que tiene de conflictivo legislar en caliente, pues el órgano que va a legislar esté compuesto por veinte hombres, esto es verdaderamente intolerable. Es cierto que se ha corregido, pero es que nunca debería haber pasado. Como mujer lo tengo clarísimo, y espero que los hombres lo tengan tan claro como yo.

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