Manuel Couceiro Cachaldora: «Ser del Dépor es vivir en la cruz»

Además de sacerdote y docente, preside la Fundación Galega contra o Narcotráfico


Manuel Couceiro Cachaldora (San Sebastián, 1968) me lleva a un bar de barrio en Vilagarcía para invitarme a un café. No es posible. Nos invitan otros. Cada cinco o diez minutos, alguien saluda al párroco que este año cumple 50 en el mundo y 25 en el sacerdocio. Presidente de una fundación mítica en Galicia, profesor de instituto y al cargo de una enorme parroquia, Manuel es una persona singular: un tipo joven y arrojado; un individuo poco frecuente.

-Este año cumple 50, ¿cómo se siente?

-Ya empezamos a contar batallitas y a ver la vida con una distancia óptima. Yo no creo eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, prefiero pensar que lo mejor está por venir. Aún queda tiempo. Soy optimista por naturaleza. Además, cada uno tiene la edad que quiere. Sí, lo creo.

-¿Ha visto «Fariña»?

-Un poquito.

-¿Qué le ha parecido?

-Me da mucho miedo que se idealice el perfil del narco. Me da la impresión de que muchos chavales, después de verla, pueden pensar: «Yo quiero ser así». No es lo que yo quiero para los chicos. Prefiero que se parezcan a Luther King, o a un misionero o a Rafa Nadal, no a Sito. Con todo el respeto a la productora.

-¿Por qué se metió en la Iglesia?

-Me gustaba el mundo de los misioneros, lo que hacían. Yo, de chaval, quería cambiar el mundo, comprometerme. Luego aparecieron las circunstancias y me di cuenta de que era más difícil ser un activista aquí que allí.

-Mala época para las vocaciones. ¿Es un mundo que se acaba?

-Tenemos que reinventarnos. La lírica del compromiso y la música del Evangelio seguirán tocando los corazones de mucha gente. No creo que se acabe, pero hay que ser creativos, como dice el papa Francisco. A lo mejor hay que cortar el localismo y en vez de dar misa en todas las iglesias, acudir a una más céntrica; el trabajo de los laicos aún es muy incipiente. El cura no tiene que hacerlo todo. En África tienen menos curas, pero nos dan mil vueltas en creatividad y compromiso.

-Pero hay poca gente joven que se incorpora al sacerdocio.

-Muy poca, los chicos prefieren ser narcos a ser curas. Y es curioso porque entre la gente todavía se dice: «¡Qué bien viven los curas!», pues si se vive tan bien, no veo que nadie se apunte.

-Hablemos de drogas. ¿Alguna vez probó alguna sustancia prohibida?

-Nunca. Ni un porro.

-¿No se la ofrecieron?

-Sí, claro. Pero yo siempre decía lo mismo: «Para ser feliz no necesito esa mierda».

-¿No cree que la legalización acabaría con las mafias?

-No, porque buscarían otra manera de mantener el negocio. Bajando los precios, por ejemplo.

-Defínase en pocas palabras.

-Sincero, apasionado y muy libre. Y, mire, saboreo mucho esa libertad dentro de la Iglesia. Por ejemplo, puedo decir lo que pienso.

-Opine sobre el celibato.

-Podría ser opcional, pero yo estoy muy a gusto siendo célibe. Me permite ser mejor para los demás.

-¿Debe cambiar el papel de la mujer en la Iglesia?

-Yo les daría más cancha. Aunque creo que no atenta a su dignidad que no accedan al sacerdocio.

-De los pecados capitales, ¿cuál es el que menos soporta?

-La soberbia.

-¿Tiene aficiones mundanas?

-Me pasaría la vida viajando si pudiera. Me gusta caminar, el senderismo, me encanta la naturaleza. Y leer.

-¿Ha visto la película «La llamada»?

-No. Me han hablado de ella, pero todavía no la he visto.

-¿Celta o Dépor?

-Por este orden, Real Sociedad y Deportivo. Pero es que, hoy en día, ser del Dépor es vivir en la cruz. Pero mire, no soy fanático. No cambio una reunión de amigos para ir a ver un partido.

-¿A quién le pondría una buena penitencia: a Rajoy, a Trump o a Maduro?

-A los tres, si es posible. Si tiene que ser solo a uno, a Trump. Me produce aversión.

-¿Sabría hacer una tortilla de patatas?

-Seguro. Y con espinacas y gambas.

-Así que se defiende bien en la cocina.

-Sí. Cocino sobre todo los fines de semana. Me gusta, sí. Creo que se me da bien, como a mi madre.

-¿Qué se le da bien?

-Uf. No quisiera parecer soberbio. Creo que se me da bien calar al que viene con la intención de hacer daño. También el taekuondo. Soy cinturón negro.

-¿Y qué se le da mal?

-Dibujar.

-¿De qué se arrepiente?

-De no hablar más con mis padres y mi familia.

-Elija aquí una sola canción.

-Yo canto, de Laura Pausini.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Lo de mi jefe, Jesús: pasar por la vida haciendo el bien.

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