Preocupación entre los médicos por el aumento de mayores que viven solos

Proponen tener un censo de estos pacientes para extremar las alertas en la consulta


Santiago / la voz

Julio del 2017, hallan en Cambre a un hombre de 90 años. Llevaba meses muerto en su domicilio. Diciembre del 2017, encuentran a un varón de 86 años. Había fallecido días antes en su casa de Oza dos Ríos. Abril del 2018, aparece en su casa de Vigo un hombre de 70 años tras varias jornadas muerto. El último, mayo del 2018, encuentran el cadáver momificado de un varón de 70 años en su casa de Betanzos.

«Es tremendo que de repente la primera noticia que tenemos de un mayor es que lleva días muerto». Jesús Sueiro, presidente de la Asociación Galega de Medicina Familiar y Comunitaria, no esconde el drama que acarrea la soledad entre las personas de avanzada edad en Galicia. Tampoco esconde que es un tema que preocupa a los sanitarios, sobre todo en atención primaria. «Claro que nos preocupa, estos días precisamente le he preguntado al Concello -se refiere al de Santiago- por la cifra de personas mayores que viven solas, creo que es un dato interesante que nos pueden facilitar».

¿Qué hacer para evitar esta realidad o al menos minimizar sus riesgos? Sueiro afirma que falta «una coordinación brutal con los servicios sociales, es algo que llevamos diciendo toda la vida, lo sociosanitario debe estar unido, sobre todo en atención primaria». Un primer paso sería contar con un censo de las personas que no tienen a nadie en su entorno, para que el propio médico «esté más pendiente. Aquí en Santiago, por ejemplo, calculo que cada uno de nosotros tiene en su cupo a unas 60 personas que viven solas, algo tremendo».

Cuando se detecta en una consulta la situación vulnerable de un mayor, apunta el portavoz de la asociación de medicina familiar, «hablamos con el trabajador social para incluir algún tipo de ayuda domiciliaria para que realice un seguimiento». Estas personas tienen habitualmente problemas de salud, patologías del corazón, bronquitis, artrosis, dificultad para moverse... Esto, unido a que muchos viven en aldeas semiabandonadas o en viviendas de cascos históricos con problemas de accesibilidad, «crea un riesgo añadido, y es que una persona mayor con un poco de obesidad y con artrosis o dificultades de movilidad se cae sola y ya no puede levantarse, aunque no se rompa nada, es así de sencillo», ejemplifica. Y este problema de aislamiento no es exclusivo de las áreas urbanas, porque en las zonas rurales, «hay gente que se ha quedado rodeada de soledad porque los vecinos se han muerto o se han ido».

Celso Sánchez es vocal de medicina rural en el colegio de médicos de Ourense y confirma que hoy en día «xa se podería dar a circunstancia de que alguén morrera nunha aldea e ninguén se decatara». Existe una preocupación «importante» por una situación en la que debe haber un refuerzo de los servicios sociales «a solución é potenciar estes servizos, que haxa máis recursos, os sistemas de aviso de cruz vermella, por exemplo, están ben, pero tamén ten que haber unha vixilancia activa».

El HULA fue el primer hospital de Galicia en incorporar un servicio de gerontología, que solo hay en Lugo y Vigo. Manuel Melero, gerontólogo en el centro lucense, recuerda que cuando ocurre una de estas situaciones «significa que algo a nivel social está fracasando, no solo los servicios sociosanitarios, sino la sociedad». La detección de personas mayores vulnerables, explica, se centra más en la primaria y en los servicios sociales, «pero nosotros estamos en coordinación con ellos siempre que vemos una señal de alarma», concluye.

Más de cien mil personas de más de 65 años residen sin compañía en sus viviendas

Prácticamente una cuarta parte de la población gallega tiene 65 o más años, y hay más de 110.000 hogares unipersonales de gente mayor. Esto no quiere decir que estén en situación de riesgo o que sean vulnerables, pero sí da una idea de la magnitud del problema. Los servicios sociales y sanitarios son los más implicados en tejer redes que no dejen aislados a un colectivo que irá creciendo de forma progresiva. Y como apuntan los médicos, ya no será un problema exclusivo de las ciudades, en donde hay menos relaciones vecinales y de comunidad, sino que el despoblamiento en el rural tendrá las mismas consecuencias para las personas de edad avanzada.

Si la soledad es una realidad que afecta a muchos ciudadanos, la falta de autonomía de los mayores y el hecho de que su círculo social se reduzca eleva esa sensación. Desde hace años la Xunta busca soluciones para romper la soledad de los mayores con medidas como la teleasistencia, sistemas de alerta en el hogar o geolocalización del usuario, pero son todavía una minoría. Cruz Roja cuenta con un programa de teleasistencia en el que los mayores disponen de un pulsador que solo tienen que presionar en caso de urgencia. Son, en la mayoría, medidas pasivas, en las que es el mayor quien tiene que dar el paso de avisar a estos servicios.

Los profesionales de la medicina tienen claro que hoy en día ya no vale hablar de sanidad y servicios sociales, sino que deben estar bajo un mismo paraguas. E insisten en la necesidad de dar más recursos a estos últimos, para que hagan un control activo de los mayores. Pero si los servicios sociales no dan abasto ni tan siquiera para tramitar la dependencia y la discapacidad, más difícil lo tendrán para poner en marcha programas que eviten tantas muertes en soledad.

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