El último ferri del Miño

La falta de dragado del canal de navegación ha obligado a que el servicio funcione a medio gas, pero el auge del Camino de Santiago dispara el número de usuarios

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a guarda / la voz

Pese a que el río cuenta con cinco puentes internacionales, el ferri permanece incombustible desde hace 24 años. Cientos de personas cruzan a diario el Miño en barco para desplazarse entre las localidades de A Guarda y Caminha. Galicia y Portugal están unidos por una embarcación que sigue hoy en día prestando un servicio insustituible. Lo utilizan los vecinos de las poblaciones colindantes para ir a trabajar o para realizar compras en sus respectivos mercados. «Vengo por aquí para no tener que hacer mucho rodeo», afirma Sara, una vecina de A Guarda que trabaja como camarera en un restaurante de Caminha.

El paso más cercano se encuentra en la parroquia de Goián, lo que le obligaría a realizar un trayecto de más de 40 kilómetros. El transbordador constituye además un reclamo turístico en sí mismo. Recorrer la distancia que separa ambas orillas en días soleados supone una agradable experiencia en uno de los parajes naturales más interesantes del sur de la provincia de Pontevedra. Así lo dice Carmen Martínez, que llega hasta A Guarda cargada de bolsas. «Aprovechando que hacía buen tiempo, hemos ido a dar una vuelta y, de paso, a hacer la compra», asegura.

El simple hecho de dar un paseo, es un buen pretexto para cruzar el Miño en barco. La expedición puede terminar en algunos de los conocidos restaurantes del otro lado de la raia, especializados en bacalao, pero a gusto del consumidor, porque la oferta gastronómica es variada y de calidad en todo el norte de Portugal. Y es que el ferri Santa Rita de Cassia cruza la desembocadura en apenas ocho minutos en una zona muy rica en pesca, con la lamprea como uno de los productos estrella de la comarca. El castro del monte Santa Trega, que en cada excavación que se realiza descubre nuevos e interesantes aspectos del pasado, también contribuye con su atractivo reclamo.

Horarios cambiantes

Con la llegada del buen tiempo, el número de viajeros aumenta. El trasbordador da sentido al camino portugués de la costa, donde el número de peregrinos no para de crecer en los últimos años, un 40 % desde el 2017. «Resulta una experiencia maravillosa cruzar por aquí, pero también hemos tenido que esperar más de dos horas para poder pasar», destaca Patricia Salinas, una romera madrileña. Los usuarios deben adaptarse a las frecuencias del barco, condicionadas por las mareas, porque no en todo momento el río Miño es navegable. La concejalía de turismo de A Guarda publica cada semana los horarios; y todas las semanas cambian.

Los dos ayuntamientos, tanto el de Caminha, propietario de la embarcación y responsable de su gestión, como el de A Guarda, actualizan todos los lunes el calendario de salidas para facilitar el acceso de peregrinos, usuarios y turistas. Esta semana toca en horario de tarde.

En el viaje puede observarse cómo se difumina físicamente la frontera que políticamente ya se desdibujó hace años. La península de Caminha ha avanzado al menos ocho metros en el último decenio, por lo que la lengua de arena lusa se acerca cada vez más a la costa gallega. También es visible la parte más negativa de la fuerza del río. El caudal del Miño nunca ha cambiado, pero el cauce sí ha sufrido una gran variación, perceptible también durante el trayecto a bordo del Santa Rita de Cassia.

Erosión en la costa

Y es que la erosión se ha comido hasta ocho metros de costa en algunos puntos del litoral guardés. La playa de A Lamiña, una de las más frecuentadas durante la época estival, ha perdido casi toda su superficie, mientras la administración local espera a contrarreloj el estudio comprometido por el Ministerio de Medio Ambiente para frenar «el mayor problema medioambiental que afronta el municipio gallego que despide al Miño». Así lo reclama el alcalde, Antonio Lomba, impotente ante una amenaza que cerca ya las primeras casas del litoral guardés.

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