Ciudadanos quiere que el ex-conselleiro Javier Guerra sea su número uno en Galicia

Elena Muñoz considera desleal su actitud, y Villegas, número dos de C's, ratifica que negocian con el vigués

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vigo / la voz

Javier Guerra, exconselleiro de Economía e Industria en el primer gobierno de Alberto Núñez Feijoo, abandonará el PP para integrarse en Ciudadanos. En una reunión celebrada en la noche del martes en un hotel de Vigo, Guerra y medio centenar de militantes que constituyen el núcleo del grupo crítico a la dirección del PP vigués, acordaron darse 15 días para tomar de manera individual una decisión sobre su continuidad o no en el partido y el paso a C’s.

Aunque ninguno de ellos ha formalizado aún su baja en el PP, fuentes participantes en el encuentro mantienen que Guerra se manifestó a favor de aceptar la oferta que le hizo la dirección estatal de Ciudadanos, adelantada por La Voz en febrero pasado. «Cada uno tomará la decisión personal que le parezca, y por ahora no hay nada más», respondió Guerra ayer notablemente contrariado por que se hayan desvelado las conversaciones de su grupo. En ese encuentro solo tres personas manifestaron su decisión de no dejar el PP, mientras que la mayoría dejaron ver su predisposición a seguir los pasos de Guerra. «La mayoría estamos por secundar su decisión, y sería muy difícil que haya marcha atrás», aseguran desde el citado grupo.

El exconselleiro trazó ante sus seguidores cuatro opciones ante «la marginación» que aseguran sufrir en el partido. Seguir en el PP, abandonar la política, fundar un partido en Vigo o aceptar la oferta de Ciudadanos fueron los escenarios que presentó.

«Nos integraremos en Ciudadanos como digan que hay que hacerlo y con sus tiempos. Ayudaremos en las municipales y europeas y nuestras condiciones son básicas: que haya transparencia de verdad, participación, el principio de una persona un cargo y un régimen de incompatibilidades que acabe con que la política sea solo cosa de profesionales y funcionarios», apuntan los críticos.

La dirección gallega de C’s dio ayer más consistencia al desembarco de los de Guerra, señalando por boca de su secretario general estatal, José Manuel Villegas, que las conversaciones con el exconselleiro «se están produciendo y se mantienen». El partido de Rivera trabaja con la intención de que Guerra sea su candidato a la presidencia de la Xunta, y que su nombre aporte más conocimiento de su marca en Galicia.

Y mientras el grupo crítico afirma que se sienten «despreciados por la dirección del PP vigués», su presidenta, Elena Muñoz asegura que ha «tendido la mano desde el minuto uno y sigue tendida». «Le he hecho una oferta de integración en la dirección del partido a la que no contestó y solo dio largas, quizás para llegar a esto». Muñoz se declaró «perpleja y sorprendida por las declaraciones que Javier manifestó en la reunión». «Es una deslealtad hacia el partido que no nos esperábamos de alguien que ha tenido cargos de responsabilidad y que ha hablado siempre de sus principios en el PP, para irse ahora a un partido que parece el destino de los enfadados y de los que no han conseguido sus objetivos personales», zanjó Muñoz.

Dolido por su exclusión, a por la llave del Gobierno gallego

Bastan dos minutos de conversación con Javier Guerra (Vigo, 1964) para que el exconselleiro, exdiputado, exparlamentario y exconcejal manifieste con toda la contundencia de su carácter que no necesita de la política para vivir. La millonaria cuenta de sus declaraciones de bienes e intereses realizadas cuando formaba parte del Gobierno gallego y después como parlamentario hacen más que evidente que cada vez que ha tenido cargos políticos Guerra dejó de ganar dinero.

La vida política tampoco está por delante de su familia, auténtica devoción para él, tanto que cuando aceptó ser conselleiro lo hizo con una condición: tener los fines de semana alejados de la disciplina política y partidaria para dedicarlos a los suyos.

Atribuyen a Feijoo, cuando ambos se distanciaron, que el presidente llegara a asegurar que con Guerra tenía conselleiro solo cinco días a la semana, y le afeaban también algunos de los que habían sido sus compañeros de escaño en el Parlamento el exceso de tono moreno que luce siempre su piel, curtida por el sol del Algarve, donde reside.

El político vigués fue el único recambio que hizo el presidente de la Xunta tras sus primeros cuatro años al mando. Y eso le dolió a Guerra, y aún le duele, pero sobre todo por cómo sintió que quedaba de señalado al semejar incluso haber sido protagonista de un cese que llevaba encubierto el haber sido empujado sin éxito a la carrera por la alcaldía de Vigo, oferta de Feijoo que entonces rechazó y volvió a declinar dos veces.

Y ahora, cuando a los suyos les hace ver que Ciudadanos será objeto de su segunda etapa política tras 36 años de militancia en el PP, les insiste con toda la firmeza en que tampoco quiere optar a la alcaldía de Vigo. Javier Guerra tiene la vista puesta en las elecciones autonómicas del 2020, en las que no sabe si pugnará o no con Feijoo. No es difícil comprender que le gustaría que fuese así, y ya puestos hacer la guerra completa y tratar de demostrar que le dieron el finiquito de la política autonómica antes de tiempo.

Ser llave

Javier Guerra quiere tener la llave del Parlamento y del próximo Gobierno gallego, aunque llegado el caso no habría otro partido con el que pactar para él mejor que con el PP, pero con sus condiciones, las que los suyos aseguran que la dirección rechaza «sin darse cuenta de que o se renueva o corre el peligro de saltar por los aires», dicen con un lamento sus seguidores, un grupo de militantes populares de toda la vida que dicen que les han cambiado su casa, aunque reconocen cierto miedo a dar el salto a otra formación y a mezclarse con políticamente desconocidos.

Alberto Núñez Feijoo manifestó hace unas semanas su confianza en que Guerra se mantuviese dentro del PP. Ayer en Bruselas el presidente de los populares gallegos rechazó valorar la crisis abierta en su organización desde Vigo «por carecer de datos», según informa Cristina Porteiro, mientras en el partido se cruzan apuestas verbales sobre si Guerra acabará o no echando el freno.

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