Las fusiones de los ayuntamientos gallegos se congelan

El desinterés de los alcaldes es absoluto, a pesar de la sangría demográfica y del aumento de los gastos


santiago / La voz

Apréndase la cifra, 313, porque por una larga temporada va a ser el número de municipios de Galicia. Las experiencias de Oza-Cesuras, en A Coruña; y Cerdedo-Cotobade, en Pontevedra, han sido dos espejismos en el minifundismo administrativo, pero no habrá nuevos casos sobre los que poner la lupa en este mandato y, aparentemente, tampoco en el siguiente. El teléfono de la Dirección Xeral de Administración Local no suena desde hace tiempo, a pesar de la disposición de la Xunta a avivar las brasas de las uniones municipales con generosas partidas económicas a las que cada año hay que buscar nuevos destinos. «No hay nada en estos momentos, pero al menos hemos impulsado una cultura de la cooperación entre concellos que hace una década no existía», confirman desde la Consellería de Administracións Públicas, liderada por Alfonso Rueda.

La resistencia municipal a fusionarse, abanderada por el presidente de la Fegamp, que solo acepta oír hablar de compartir servicios, tiene su precio. Lo ha calculado el secretario del Concello de Avión, Alejandro de Diego, quien lleva tiempo pregonando unos costes aparentemente invisibles, como son los de los dos mil regidores y concejales de ayuntamientos gallegos con menos de cinco mil habitantes, que en muchos casos presumen de no cobrar. «Pero entre sueldos y asignaciones por asistencias a plenos nos cuestan diez millones de euros al año», una cifra que creció un 5 % en el último lustro, advierte. Sumada a los costes crecientes de las casas consistoriales -electricidad, personal, teléfonos...- la cifra triplica el gasto en salarios del Parlamento.

Los técnicos que han realizado trabajos al respecto son pesimistas por el carácter voluntario de los procesos, y tienen su interpretación: «Hay un problema de piel más que político o jurídico», resume Concepción Campos, codirectora del grupo de investigación Red Localis. El vecino no habla del tema y el alcalde solo siente una amenaza, con poco que ganar y mucho que perder. La especialista en gestión pública amplía el problema a España, con sus 8.100 ayuntamientos y sus nulas intenciones de modificar la planta territorial, que en en otros países de Europa se hizo por la fuerza. «Si nos comparamos con las Castillas nuestros concellos están superpoblados», ironiza Campos. Triste consuelo en Galicia, donde 299 ayuntamientos celebran cada año más entierros que nacimientos.

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