«Mi madre me dice que deje el móvil, pero ella no lo hace»

Los alumnos de ESO saben que se exceden en Internet, pero dan la batalla por perdida

Los alumnos siguen atentos lo que dice el terapeuta
Los alumnos siguen atentos lo que dice el terapeuta

a coruña / la voz

«Me castigaron una semana sin teléfono y cuando me lo devolvieron me puse a llorar sin querer. Se me escapaban las lágrimas. ¡Era tan feliz!». Así explicaba Evelyn hasta qué punto depende del móvil. Lo dijo en el taller Enreda na Rede que se celebró ayer en la Fundación Barrié de A Coruña con un terapeuta experto en adicciones, Marc Masip, y la colaboración de la Asociación Arela. Participaron alumnos de secundaria de cuatro centros: los institutos de A Sardiñeira (A Coruña) y Cova Terreña (Baiona), y los colegios concertados San José de Pontedeume y Compañía de María de Ferrol.

El caso de Evelyn no es único. Emilio recordaba haber ido con de un amigo a comer y él apareció con dos baterías portátiles para no dejar el móvil ni un minuto; y otro de los estudiantes reconoció que la frustración de perder una partida de videojuegos le ha costado «seis mandos de la PS3, dos de la PS4 y llevar a arreglar la PS3».

Pero en la charla interactiva, en la que se representó una conversación llena de malentendidos por culpa de los móviles, también se habló de algo que no suele ser el centro de las campañas: el ejemplo de los padres. Lo dijo Sofía: «Mi padre está siempre con eso de ‘‘¡Deja el móvil!’’, pero no se da cuenta y está igual que nosotros o más». Y un compañero lo ratificó: «Mi madre me dice que lo deje, pero ella no lo hace. Cuando llega a casa siempre está con el teléfono, todo el tiempo, y no con sus hijos».

Marc Masip evitó juzgar a los jóvenes, y consiguió que fuesen ellos los que trazasen un boceto de sus adicciones. Los animó a vivir la vida directamente y cara a cara, pero la respuesta se la dio David: «Por WhatsApp soy más atrevido, pero en persona me corto». Y es raro, reconocen, hablar de frente con alguien que solo tratas por Internet. «Es más fácil el móvil -les arengaba Masip-, pero tenéis que aprender, como lucháis por sacar un 8 cuando lo fácil es sacar un 5».

Ni estudiar ni dormir, comer o pasear con teléfono

El terapeuta entiende que a los adolescentes les cuesta mucho separarse del teléfono y por eso sabe que no puede pedirles que apaguen el dispositivo una tarde entera. Por eso, les propuso que al menos se pongan cuatro limitaciones en el uso del móvil: ni estudiar ni dormir, comer o pasear pendientes del teléfono. «No es fácil -les decía Marc Masip-, pero si no os dormís con el móvil y al despertar lo primero que hacéis es cogerlo, ya veréis cómo vuestra calidad de vida mejora». Lo de estudiar, recalcó varias veces, es fundamental: «Se hace más en una hora sin móvil que en tres con él». Eso sí, cuando se haga un descanso en el estudio uno puede mirar el teléfono a ver qué ha pasado en su mundo.

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