Alerta educativa en Burela

Preocupación en A Mariña porque niños y adolescentes de Cabo Verde corren peligro de descolgarse del sistema escolar

Imagen del proyecto Neo, un programa de radio que fomenta la integración
Imagen del proyecto Neo, un programa de radio que fomenta la integración

burela / la voz

Dentro de unas semanas, João afrontará la tercera evaluación en el instituto al que acude desde que hace unos meses abandonó la Cidade Velha de la isla de Santiago, en Cabo Verde, y llegó a Burela para reunirse con su padre, que es albañil. Tiene 16 años y apenas se defiende en castellano, pero «por edad» está matriculado en cuarto de la ESO, así que en la asignatura de Lengua tendrá que conocer de cabo a rabo la oración subordinada o comentar un texto de Gabriel García Márquez. Además tendrá exámenes de Biología y Geología, Física y Química, Geografía e Historia... Aunque la implicación de algunos profesores es grande y João recibe clases de apoyo, no es difícil averiguar cuál será el resultado. «É moi inxusto para todos, pero sobre todo para eles. O nivel que teñen está a anos luz do que se lles pide, e os exames veñen como van: en branco», comenta María José Andión.

«Mentres a lexislación educativa non nos apoie, non imos poder facer nada con estes alumnos»

Esta profesora de Lengua Castellana del IES O Perdouro es testigo de cómo, pese al trabajo en ámbitos tan dispares como la comunidad educativa, el Concello o los clubes deportivos, Burela, y por extensión A Mariña y Galicia, están perdiendo «unha oportunidade de ouro» para integrar de manera real a un colectivo con un tremendo potencial demográfico. Un detalle sirve como ejemplo: tras las oleadas de inmigrantes caboverdianos del último lustro -los primeros llegaron hace 40 años a raíz de la construcción de la fábrica de Alúmina-Aluminio (hoy Alcoa)-, casi 5 de cada 100 habitantes de la Burela actual -tiene casi 10.000- son de nacionalidad caboverdiana. «Pero a nivel cultural esa cifra é moito maior, porque hai moitos que xa teñen a nacionalidade española», aclaran desde el Concello.

Absentismo y pequeños guetos

La señal de alerta también está saltando en las edades tempranas en los dos colegios del municipio, y no solo con menores recién llegados del archipiélago africano, sino también con críos que han nacido aquí. En el CEIP Vista Alegre, por ejemplo, este curso han tenido que abrir dos veces el protocolo de absentismo en casos de familias que no muestran interés en que los niños vayan al colegio de manera regular. «Algo que en 35 anos traballando nunca tivera que facer», manifiesta su directora, Gema Cillero, que vaticina: «Empeza a haber pequenos conflitos. Por agora son casos illados, pero irán a máis». Su homólogo en el CEIP Virxe do Carme, donde unos 40 de sus 350 alumnos son de origen caboverdiano, comparte la preocupación. «Antes podía haber un ou dous alumnos por aula, pero agora hai ata seis», explica Jesús Arranz. «Aínda que naceron aquí, o ambiente no que se crían e viven é crioulo, e temos que estar aí para que non se formen guetos nos recreos», indica.

Unos y otros temen que esa bolsa de jóvenes que está creciendo sin que la Administración les dé el apoyo que necesitan pueda convertirse a medio plazo en un polvorín, como en suburbios de Francia o Bélgica. Algunas fuentes aseguran que ya ha habido alguna pelea nocturna.

Helder Gonçalves, jugador de fútbol sala, y Noa Vizoso, una de las pocas parejas mixtas
Helder Gonçalves, jugador de fútbol sala, y Noa Vizoso, una de las pocas parejas mixtas

Otro indicador de que algo no marcha es el escaso número de niños y adolescentes con raíces en Cabo Verde que participan en las escuelas deportivas municipales o en las categorías inferiores de los clubes de fútbol o baloncesto, aunque el deporte es una de las fuentes más eficaces de integración. «Temos dúas nenas caboverdianas, unha en benxamíns e unha en infantís, pero por circunstancias extraordinarias, porque é unha minoría a que fai deporte. Nenos non hai ningún», apunta Carlos Méndez, Madar, entrenador del Club de Baloncesto Burela.

«Se non se fai algo, nuns anos podería haber problemas como en Francia ou en Bélxica»

En esa línea, Iván Cao, Lucas, técnico municipal de Deportes y segundo entrenador del Pescados Rubén FSF, considera que el factor económico es importante en su escasa participación. «En actividades que hai que pagar aínda hai menos», dice, y añade: «Os nenos caboverdianos veñen a informarse eles. Son un pouco como eramos nós de pequenos, que nos buscabamos a vida, eramos máis autónomos que os nenos de hoxe, que teñen todo o tempo encima aos pais vendo como patinan, como caen...».

«Que van facer con 20?»

En un municipio como Burela, donde el fútbol sala en particular se vive de forma especialmente intensa, la práctica deportiva podría ofrecer alternativas laborales a un buen número de estos jóvenes que se están quedando descolgados del sistema. «Creo que se debería concienciar aos pais. Insistir e insistir. Porque os nenos que agora teñen 13 ou 14 anos, cando cheguen aos 20 anos que van facer?», reflexiona Jesús Manuel Ares, de la S. D. Porto de Burela, de fútbol.

Uno de los «rescatados» por el deporte es Renato Lopes Furtado, ala del Pescados Rubén Burela FS, que dentro de unas semanas podría volver a estar en la Primera División de fútbol sala. Plantó los estudios en segundo de la ESO. Desde hace casi dos años, su compañero de equipo Helder Gonçalves forma, junto a Noa Vizoso, una de las escasas parejas mixtas que hay en Burela.

Cuarenta países conviven en Burela por el mar

lucía rey
Cuarenta países conviven en Burela por el mar Torre de Babel en A Mariña: la pesca y afines son el gran motor de empleo en un concello donde más de 1.000 de sus 9.500 vecinos son extranjeros

La pesca y afines son el gran motor de empleo en un concello donde más de 1.000 de sus 9.500 vecinos son extranjeros

Hace ocho años que Lizzbet Palacios, que tiene 35, se subió con su hijo mayor a un avión en Perú para reunirse en Burela con su marido, que había emigrado antes para embarcarse en un pesquero. Algo parecido vivió María Edna Monteiro. Tiene 36 años y en mayo hará diez que abandonó Cabo Verde con su primogénito para reencontrarse en el municipio mariñano con su esposo, que es marinero. «En Cabo Verde hay poco trabajo, y en Burela o mar é o que hai», sonríe la mujer, que trabaja en una compañía pesquera puntera en el sector del congelado, aunque antes pasó seis años como masajista en una empresa de fisioterapia. A grandes rasgos, estas son solo dos de la historias humanas que a diario tejen en Burela las redes del mar. Unas redes que han convertido este concello de la costa de Lugo en una especie de torre de Babel donde conviven alrededor de cuarenta nacionalidades diferentes.

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