Las familias y el acompañante del bus escolar compartido estarán conectados

Infraestruturas va a desarrollar para el próximo curso una primera aplicación antes de que los niños lleven el chip

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santiago / la voz

Más allá de las tensiones sindicales y las reticencias de los empresarios, el cambio que más inquietó a la Xunta el verano pasado en la obligatoria revolución del plan de transporte fue la integración de las líneas de autobuses escolares como alternativa para los viajeros ordinarios. La precaución en este asunto estaba motivada, porque las asociaciones de padres y madres de alumnos acogieron la noticia con una preocupación inicial que se fue tornando en expectación al comienzo de curso.

Aquellas dudas se disiparon con la presencia obligada de acompañantes en todos los autobuses mixtos, pero la intención de la Consellería de Infraestruturas es reforzar ese control presencial con nuevas tecnologías a disposición de los colegios, los conductores, las familias y los propios escolares. El chip, tarjeta o pulsera -el soporte está por definir- que anunció este lunes la conselleira Ethel Vázquez es una iniciativa a medio plazo. La posibilidad de consultar si el niño sube o baja del autobús necesitará su tiempo de desarrollo e implantación, pero ya hay planes para el próximo curso.

«El sistema de los acompañantes está funcionando muy bien, porque conocen a los alumnos y la relación es incluso afectiva, porque los ven crecer, pero nos dimos cuenta de que hay problemas de comunicación cuando ocurre alguna incidencia», explica Ignacio Maestro. El director xeral de Mobilidade rastreó el mercado y la respuesta la encontró rápido, porque «la tecnología existe» y ya está implantada en entornos de educación privada en la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha. «En Galicia necesitamos nuestra propia aplicación, y por eso la vamos a desarrollar en la Axencia para a Modernización Tecnolóxica de Galicia (Amtega)», que depende de la Xunta.

La base inicial del trabajo será el Proxecto Abalar, la plataforma digital educativa autonómica, que permitirá manejar datos de los menores sin comprometer su privacidad, y «si podemos», sostiene Maestro, la primera aplicación se implantará para el próximo curso. Se trataría de un sistema de control del número de alumnos que suben o bajan del autobús que manejarían los acompañantes y que podrá generar mensajes inmediatos a los padres o al centro si existe alguna incidencia. «Y a partir de ahí vamos a aplicar las tecnologías hasta donde lleguemos». Las posibilidades de estas iniciativas se multiplicarán cuando todos los autobuses incorporen un GPS y una máquina canceladora, «que en ningún momento va a sustituir a los acompañantes», aclara el director xeral. Con la geolocalización generalizada, los padres podrán recibir información del tiempo que falta para la salida o llegada de un autobús a una parada concreta.

De momento, los avances se van a implementar en las 500 rutas que ya están bajo la gestión de Infraestruturas.

Los padres piden que Educación se implique en el proyecto y que también lo asuma

Las asociaciones de padres y madres de alumnos han tenido información de primera mano sobre este proyecto, y la impresión inicial ha sido buena, aunque todavía no han profundizado en el debate, porque la información es limitada. Fernando Lacaci, portavoz de la Confederación de Anpas Galegas, cree que aportará un «plus de seguridade», y no lo interpreta como un exceso de control de los niños, sino como una fórmula para certificar que el trabajo de los transportistas y los acompañantes es el correcto. El directivo santiagués entiende que no se trata de una iniciativa «prioritaria» dentro de la transformación global que se avecina, pero ve con buenos ojos que la Consellería de Infraestruturas avance en este sentido.

Lamenta, eso sí, que las principales propuestas para mejorar el transporte escolar las esté liderando el departamento de Ethel Vázquez, de manera que solo influye en aquellas líneas escolares que se han refundido y que ahora son compartidas con pasajeros ordinarios. La gran mayoría de estas rutas son rurales, de ahí que el impacto inicial vaya a ser limitado y poco urbano. Lacaci reclama a la Consellería de Educación la misma «sensibilidade» para que asuma los proyectos en toda la red gallega.

Entre conductores y acompañantes, el sistema de transporte escolar moviliza a diario a unas cuatro mil personas implicadas en este servicio complementario, que le cuesta a la Xunta 120 millones de euros al año.

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