Ya somos 2,6 millones... y un pico

La Xunta da por perdida la batalla vegetativa y centrará sus esfuerzos en atraer a más extranjeros

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santiago / la Voz

La revista Funeraria lleva 25 años informando sobre el pujante sector de las pompas fúnebres. Repasar los titulares de su portal dedicado a eventos siempre puede arrancar una sonrisa o un respingo mortal: «Expo Funerária regresa a Portugal en 2019», «Tanexpo 2018 cierra una edición de éxito con la mirada puesta en el futuro», «Funergal 2018 se presenta con muy buenas expectativas». Son las ferias de referencia en el sur de Europa que se celebran cada cierto tiempo en la localidad lusa de Batalha, en Bolonia y en Ourense, todo un mapa de localizaciones de la tragedia demográfica que nos acecha.

Es mucho más vitalista la costumbre que ha adquirido el presidente Feijoo de preguntar sobre su descendencia a los jóvenes y maduros en edad de procrear con los que tiene oportunidad de departir espontáneamente. Como es previsible, su particular balance oficioso debe de ser descorazonador. No lo hacía antes de ser padre de uno de los últimos 19.000 gallegos que han nacido en la comunidad el año pasado, una pequeña legión que siempre pierde la batalla vegetativa con las más de 30.000 personas que fallecen.

Una guerra perdida

Esa guerra está perdida a corto y medio plazo, y las medidas sociales autonómicas solo consiguen mitigar el impacto de un batacazo imparable. Tal como anunció Carlos Punzón en La Voz este miércoles, a estas alturas del 2018 ya somos menos de 2,7 millones de gallegos. La cifra que hay que aprenderse desde ahora empezará por 2,6, pero tendrá un pico largo que se podría mantener en el tiempo si Galicia sigue siendo atractiva para los extranjeros, como empieza a ocurrir. Es el fenómeno al que ahora se aferra la Xunta, y que los expertos ven factible: atraer a 21.000 personas del exterior en tres años.

Igual que la agitación política del Mediterráneo catapultó al turismo español en el último lustro, la inestabilidad económica y política y la falta de seguridad en países con fuerte presencia de la emigración gallega empiezan a convertirse en catalizadores de retornados. «Se ha abierto una dinámica de saldos que son positivos», admite el demógrafo de la Universidade de Santiago Carlos Ferrás, quien también alerta de que llegan para ocupar puestos de baja cualificación que los gallegos rechazan -esto ya nos suena- y por ello echa en falta una planificación sólida de la Xunta en caso de que el fenómeno siga medrando: «Esto puede generar problemas internos», sostiene. Benditos problemas.

El pegamento de los líderes morados

La farra de Paula Quinteiro y las trampas curriculares de Juan Merlo han tenido un efecto pegamento entre los principales dirigentes de Podemos Galicia: ya se hablan entre ellos. Por eso Carmen Santos y Natalia Prieto han dado el paso de invitar a las reuniones del partido a «los otros», o sea: Marcos Cal, Luca Chao, Pancho Casal, Magdalena Barahona, Gómez-Reino y Ángela Rodríguez.

¿Volverán las berlinas alemanas?

La Xunta ampliará el contrato de 60 vehículos adquiridos hace cuatro años por el sistema de «renting», entre ellos unos cuantos Citroën, la marca de referencia tras la crisis de las berlinas alemanas Audi A8. Para el que no hay sustituto es para el C6 que utiliza Feijoo y que supera los diez años de vida. La marca francesa ya no lo fabrica desde el 2012, cuando cayó Sarkozy, que también lo usaba. Macron va ahora en un moderno DS7, también del Grupo PSA.

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