Los ingenieros de Sito Miñanco que quiso fichar Apple no eran tan buenos

Instalaron redes wifi en las planeadoras que finalmente no funcionaron en el Atlántico


VIGO / LA VOZ

La última caída de Sito Miñanco sirvió para tumbar el mito de que los narcos van siempre, en lo referido a telecomunicaciones, un paso por delante de sus perseguidores. Valió también para recordar que el factor suerte, en cada alijo, es fundamental. Y que lo fortuito o casual se antoja crucial en la ejecución de los planes diseñados para coronar cada descarga. Incluso cuando se dispone del dinero necesario para echar la casa por la ventana. El sumario judicial de la operación Mito así lo expone, acusando a José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, de invertir 700.000 euros en los equipos más sofisticados, y de contratar a ingenieros especializados en la manipulación de teléfonos, sobre todo iPhone.

Auténticos expertos avalados por una reputación intachable en los bajos fondos de la telefonía, Internet y las telecomunicaciones en general. Técnicos naturales de Holanda que viajaron a España aparentemente ya contratados y con el claro objetivo de hacer invisible a la organización de Miñanco. Tanto fue así que en el decimotercer mes de la investigación (duró 18 y explotó el 5 de febrero), según revelan las diligencias del Grupo de Respuesta Especializada contra el Crimen Organizado (Greco) de la Policía Nacional, ambos técnicos recibieron sendas ofertas de trabajo de la empresa que fabrica los mismos teléfonos que estos técnicos tan bien saben manipular, Apple.

La propuesta económica, a falta de saber el número exacto de pagas extras ofertadas, garantizaba 30.000 euros al mes a cada holandés (360.000 al año). La propuesta del gigante estadounidense provocó nervios en la cúpula de la organización ya arrestada. El trabajo no estaba terminado y los holandeses no podían dejar todo a medias. Había demasiado en juego. El factor del idioma tampoco ayudó. Solo una persona de la organización de Miñanco habla inglés, según los mismos informes policiales. Se trata de la mano derecha del cambadés, el colombiano Luis Enrique García Arango, una de las pocas personas con las que, según el Greco, cuenta el presunto jefe para tomar las decisiones más importantes.

Arango tenía el papel de viajar continuamente por toda la geografía española por encargo de Miñanco para llevar a cabo las gestiones más importantes y estar presente en las reuniones más relevantes. Otro cometido era supervisar el trabajo de los técnicos holandeses, que resultaron no ser tan infalibles. El propio Miñanco insistía constantemente, según se escucha decir en diferentes conversaciones telefónicas, en la necesidad de que las personas que salgan al mar estén comunicadas en todo momento. Tanto para hacer bien el trabajo como para garantizar que regresan vivos. Para eso viajó la pareja de holandeses a Galicia, y concretamente a O Facho, en Cambados. Allí, mirando de frente al icono hotelero de A Toxa y separado por una ensenada, se ubica el astillero en el que, presuntamente, se preparaban las planeadoras que salían a recoger la codiciada carga, tanto en pesqueros como en buques, según los investigadores.

Los sistemas fallaron

El encargo pasaba por instalar redes wifi en dichas planeadoras semirrígidas para que, ya en el mar, funcionasen los teléfonos satelitales de la tripulación. Ese era el gran cometido de los reputados técnicos. Las pruebas, aparentemente, fueron bien. A la hora de la verdad y ya en el Atlántico, se demostró que del dicho al hecho, mucho trecho. Los sistemas fallaron en no pocas ocasiones, los teléfonos no recogían la señal o estaban fuera de servicio. Un cúmulo de situaciones que propiciaron la caída de la organización, considerada por la Brigada Central de Estupefacientes, más importante de Europa.

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