¿Se usarían parabenos si fuesen malos?

Deborah García enseñó a 600 docentes cómo desmontar bulos y noticias científicas falsas

La divulgadora Deborah García durante la jornada Educación Dixital celebrada en Santiago
La divulgadora Deborah García durante la jornada Educación Dixital celebrada en Santiago

santiago / la voz

Podemos estar tranquilos. Los conejos están a salvo. Es imposible comprar en la Unión Europea un producto cosmético que esté testado en animales. Aquí, en este lado del Atlántico, los productos se prueban en voluntarios. Voluntarios humanos. A veces, ni siquiera hace falta. Los grandes laboratorios lo hacen en piel artificial. Porque sí, somos capaces de crear piel artificial. El del champú que mata conejitos inocentes es uno de los bulos y fake news que ayer desmontó la divulgadora Deborah García Bello en la jornada Educación Dixital.

Algunos de esos bulos se han convertido en clásicos, y como el turrón, vuelven cada año. Como el de que una conocida marca de supermercados tuvo que retirar cremas hidratantes porque contenían sustancias cancerígenas cuando en realidad decidió cambiar la fórmula porque sí contenía dos sustancias que, en condiciones extremas -del tipo calentar la crema al baño maría- podrían combinarse para dar lugar a nitrosaminas, que sí provocan cáncer. Jamás se han detectado nitrosaminas en ninguna de esas cremas.

Otros han crecido hasta tal punto que están incrustados en nuestras mentes. Como que los parabenos son el gran enemigo. La pregunta que hizo Deborah al auditorio, formado por seiscientos docentes, era de sentido común. De lógica aplastante. «¿Creéis que estaría permitido que hubiese cosméticos con parabenos si fuesen chungos?». Seguramente, alguien habría hecho algo. Así que toda esta historia de los parabenos comenzó con un estudio de esta gran familia de sustancias. Unos pocos son disruptores endocrinos. Jamás se han utilizado en cosmética, para la que solo hay autorizados cinco tipos de parabenos. «Esos nunca han demostrado ningún tipo de actividad hormonal ni nada».

Y algunos van cambiando. Como los villanos alimenticios. El aceite de palma ha sido el gran bellaco de los últimos tiempos. «Vamos al supermercado enloquecidos mirando las etiquetas de nuestras galletitas» con harinas refinadas, con azúcar. Con todo, «pero que no lleven aceite de palma». Si hay que odiarlo, que sea por la razón adecuada: porque las plantaciones intensivas tienen un impacto medioambiental brutal. Y no es para consumo humano. O sí. Es para biocombustibles.

Ah, pero al aceite de palma le ha salido un competidor en el eje del mal. Se llama acrilamida, un compuesto que se forma al tostar algo mucho. Como cuando las patatas se fríen demasiado. Es una sustancia probablemente cancerígena. Al menos se ha demostrado así en ratones. ¿Es peligrosa? Bueno. Un adulto tendría que comerse 27 kilos de patatas fritas al día para llegar a consumir niveles nocivos para la salud de acrilamida.

Del espacio al aula: el programa de la Agencia Espacial Europea llega a Galicia

A los profesores, ayer, les tocó aprender. Aprender nociones de robótica, programación, gestión de impresión 3D... Y del universo. Porque Galicia es uno de los nodos del programa Esero, el plan educativo de la Agencia Espacial Europea que Domingo Escutia, uno de los responsables en España, resumió en una sencilla frase: del espacio al aula.

Al aula a través de materiales curriculares, proyectos y acceso preferente a instalaciones espaciales avanzadas, datos científicos reales, conocimientos, experiencia y modelos de conducta. Pero sobre todo, a través de formación. Una formación que en el 2016 ya había llegado a más de 10.000 profesores y 300.000 alumnos de toda Europa. Ahora le toca el turno a Galicia. Todo, con el objetivo de promover las vocaciones científicas en el aula a través de, por ejemplo, experimentos.

La presentación del programa educativo en colaboración con la Agencia Espacial Europea fue el arranque de una jornada en la que había convocados unos seiscientos docentes gallegos, preparados para formarse en competencias de ciencias, matemáticas e ingeniería -las conocidas como disciplinas STEM en sus siglas en inglés-. Porque formar a un docente tiene un efecto multiplicador sobre el alumnado.

«Queirámolo ou non o futuro da sociedade, tanto a nivel social como produtivo, pasa por un mundo cada vez máis tecnolóxico». Lo explicaba el conselleiro de Educación, Román Rodríguez, al inicio del encuentro. «O sistema educativo público ten a responsabilidade de formar nestes ámbitos aos adultos do mañá». Y para formar a los adultos del mañana, primero hay que dar las herramientas necesarias a los docentes del presente, para que después puedan trasladar en el aula estos conocimientos. De eso se trataba la jornada de ayer.

Acabar con la brecha

A los seis años, las niñas piensan que son menos brillantes que sus compañeros. A esa brecha de género se refirió ayer el conselleiro, que calificó como «febleza» su mera existencia y abogó por poner en marcha medidas para fomentar vocaciones científicas entre las niñas y las adolescentes de Galicia.

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