Ciudadanos, el bitcoin de la política gallega

El PPdeG se lanza a combatir el valor al alza del partido de Rivera para evitar su anclaje en Galicia

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santiago / la voz

En Cataluña se convirtieron en la fuerza política más votada y en la Comunidad de Madrid son decisivos para poner y quitar gobiernos. En cambio, Galicia se mantiene, junto al País Vasco o Canarias, como una de las escasas zonas de exclusión para la implantación territorial de Ciudadanos, algo que el partido de Albert Rivera se propone subsanar en las próximas elecciones, las municipales y europeas de junio del 2019, con lo que le pueda arañar no solo a un PP que muestra algunos síntomas de desgaste, sino también a un PSOE que no acaba de despegar.

Ciudadanos es a la política gallega como una especie de bitcoin, una invención reciente de siglas blancas acuñadas sobre fondo naranja que no deja de multiplicar su valor. Tiene potencial para desafiar el orden tradicional del patrón oro, pero aún es demasiado intangible como para ganarse la confianza del escéptico paisano que prefiere poner sus cuartos a buen recaudo.

Con todo, sus pronósticos no son nada malos en las grandes áreas urbanas, más influenciables por las dinámicas de voto a nivel nacional, en las que el partido naranja confía en que su porcentaje de apoyo supere los dos dígitos frente al discreto 3 % alcanzado con Cristina Losada en las autonómicas del 2016, que los dejó fuera del Parlamento gallego.

El nuevo comité autonómico designado por la dirección nacional de Ciudadanos, con Laureano Bermejo como secretario de organización y Olga Louzao como portavoz, tiene el propósito de hacer las cosas bien, evitando los errores y las decisiones erráticas del pasado. Su objetivo es presentar candidaturas en medio centenar de localidades, las de mayor población, aunque su batalla no consistirá tanto en pelear por la alcaldía, sino en intentar ser decisivos con los concejales que obtengan.

Desde el PP gallego observan a Ciudadanos con extremo recelo, delimitando bien su espacio para impedir que le puedan mover sus marcos. «Es que no son un aliado del PP», sostienen desde la dirección del PPdeG, aclarando que si bien es cierto que contribuyó a la investidura de Rajoy, también iba a respaldar en igual grado la de Pedro Sánchez unos meses antes. La formación naranja lo mismo sirvió para convertir a Susana Díaz en presidenta de la Junta de Andalucía que a Cristina Cifuentes en presidenta de los madrileños. «No nos fiamos», insisten desde el PPdeG.

Desde el PSdeG no perciben la amenaza de Ciudadanos con la misma intensidad que parece observarla el PP. Los de Gonzalo Caballo sitúan el partido de Albert Rivera en el espectro del centro-derecha, sin sentir que pueda ser un competidor directo, por mucho que el laboratorio político de Cataluña demostrara que Ciudadanos fue la fuerza que reemplazó al PSC en las áreas urbanas.

El viento de los sondeos sopla a favor Ciudadanos, lo que puede tener una incidencia apreciable en un contexto de europeas, de circunscripción única, pero menor en unas municipales, donde pesan más los perfiles personales y las dinámicas locales. Los electores no comprar bitcoins a la ligera. Y Ciudadanos tiene que pasar todavía ese test de complicidad con Galicia, articulando un discurso político autónomo y hablando la misma lengua para no ser percibidos como ente extraño. De la capacidad para lograrlo, va a depender parte de su éxito.

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