¿Sexo en coche en Lugo? Solo si tiene cristales tintados o cortinillas

«Que se preparen os alcaldes de Outeiro de Rei e O Corgo, porque poden ter avalancha!», se comenta en la ciudad

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¿Le parece bien que se prohíba el sexo en el coche? La nueva ordenanza de Lugo contempla multa de 750 euros, como mínimo

lugo / la voz

No habrá marcha atrás. El Concello de Lugo no va a modificar ningún apartado de la nueva ordenanza de civismo que haga referencia a las relaciones sexuales, entre otras razones porque la oposición está de acuerdo, aunque sí hará alegaciones por otros asuntos. Cuando la normativa municipal se apruebe, a quien sorprendan manteniendo relaciones en el coche en un lugar público (es decir en una calle, plaza o descampado) le pondrán, como mínimo, 751 euros de multa. «Non é algo que saquemos da manga. Noutras cidades españolas ocorre o mesmo», indican fuentes del gobierno local. A modo de ejemplo citan el caso de Málaga, donde un ciudadano fue sancionado y en su defensa alegó que lo hizo a más de 300 metros de una zona residencial, a 170 de un camino, que estaba en paro y solo cobraba 426 euros, que no le daban para mantener relaciones sexuales en otro sitio.

La concejala de Economía, Ana Prieto, que hizo ayer las veces de portavoz municipal para el asunto del sexo sobre ruedas, advirtió que más que una ordenanza de castigo querían una «herramienta disuasoria» y expresó que la norma no prevé sanciones si los «actos sexuales y obscenos no trascienden o no se perciben desde cualquier ámbito público».

Y es a partir de este punto donde empieza la controversia. Algún edil de la oposición ya sugirió que la ordenanza se derrumba por completo en ese punto si quien practique sexo automovilístico utiliza un vehículo con cristales tintados, cortinillas o cartones. Podrá aparcar donde quiera y pueda, aunque sea en pleno centro, y hacer lo que guste, «porque lo que haga no se percibirá desde el ámbito público». Y la ordenanza no dice nada de coches que traqueteen o tengan vahos de fogosidad en los cristales.

«Que se preparen os alcaldes de Outeiro de Rei e O Corgo, porque poden ter avalancha!», advirtió ayer un funcionario local. Cuando la ordenanza funcione, hacer el amor en Lugo será ilegal, pero no a cuatro kilómetros del centro. Ya será territorio vecino y los dos concellos citados tienen polígonos, descampados y caminos de sobra. Quizás sean el próximo destino de las parejas que no tienen adónde ir.

Desde el equipo de gobierno dicen que la Policía Local no va a buscar coches y parejas en picaderos. En las webs se anuncian más de 30, entre ellos, las inmediaciones del cementerio, instalaciones militares, una granja de conejos y el poblado gitano.

Algunos ciudadanos dicen que la medida es adecuada y que para tener relaciones hay que buscar lugares más apropiados e íntimos. Una exempleada de una farmacia va mucho más allá en su opinión y advierte que hacer el amor es un acto de tanta importancia que merece mucho más que un incómodo asiento de coche reclinado. Pero no falta quien entiende que a veces hay ciertas «urgencias» que es preciso resolver con rapidez, y no siempre hay un piso disponible.

«Sempre quedará un garaxe ou algún piñeiral afastado», dice un universitario que cree que en el Concello de Lugo tendrían que preocuparse por otras cosas. En esa línea anda el portavoz del PP, Antonio Ameijide, quien apela al «sentido común y al civismo ciudadano» y dice que la alcaldesa debería fijarse en otras prioridades. El resto de la oposición calla, de momento. La concejala de Economía dice que la necesidad de la ordenanza se aprobó en pleno y que llevó más de nueve meses prepararla.

Los más de 30 picaderos que anuncian algunas webs podrían caer en desuso

Lo que no está aceptado en la ciudad es posible a solo 5 kilómetros del centro

Un delito si hay exhibición obscena ante menores o discapacitados

Con la futura ordenanza, Lugo podrá multar a los que practiquen sexo en el coche, pero esa actividad no constituye ningún tipo de infracción penal. Fuentes de la comisaría lucense indican que no se han registrado intervenciones por este tipo de hechos y recuerdan que el escándalo público desapareció del Código Penal a finales de los años ochenta del pasado siglo.

La relación sexual de una pareja en un lugar público solo es sancionable si hay ordenanza municipal que así lo estipule. Un letrado lucense explica que únicamente hay una posibilidad de llevar el asunto a la vía penal a través del delito de exhibicionismo y la provocación sexual. En este caso, la pena se impone si la actuación ocurre ante menores o incapaces. Además, debe ser una exhibición obscena, como, por ejemplo, mostrar los genitales.

También es necesario establecer que besos, caricias y toqueteos no están considerados acto sexual. Se interpretan como conducta pasional o amorosa.

En el Código Penal solo hay un artículo que podría tener encaje en el caso de Lugo. Es el 185 del capítulo 4, que dice que «el que ejecutare o hiciere ejecutar a otra persona actos de exhibición obscena ante menores de edad o personas con discapacidad necesitadas de especial protección será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses». Queda, pues, lo que dice la ordenanza municipal: el sexo en el coche en sitio público y que trascienda es una infracción grave que se sanciona con cantidades que van de 751 a 1.500 euros.

Las ciudades fijan multas por escupir o timbrar en las casas, pero apenas se aplican

carlos punzón

Las prohibiciones crecen en las urbes y solo Ferrol carece ya de ordenanza de convivencia

Las arcas municipales de Santiago contarían con pingües ingresos si se multase a cada persona que tire una colilla al suelo, como prohíben sus ordenanzas. Ourense aumentaría sus ingresos si cobrase, como prevé el Concello, a cada conductor que toque el claxon. Y Vigo no daría abasto si multase a cada dueño de perro que vaya suelto. Prácticamente todo está reglamentado en la vida cotidiana en las ciudades gallegas, aunque el incumplimiento de las normas tenga un reflejo mínimo en los ingresos públicos. Lugo acaba de exponer su propuesta de regulación de la vida en sus espacios públicos, donde, por ejemplo, no se podrán mantener relaciones sexuales en vehículos. Su gobierno local ultima su ordenanza de convivencia, herramienta que también prepara el Concello de Ourense y que existe en Vigo, A Coruña, Santiago y Pontevedra. Solo Ferrol elude compendiar qué está prohibido hacer en sus calles, pero, como las demás urbes, cuenta con decenas de ordenanzas que fijan los límites al libre albedrío.  

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