Un terremoto atípico a 50 kilómetros de la costa

El seísmo se registró a una profundidad tres veces mayor que la de los que se producen en tierra


redacción / la voz

La actividad sísmica en Galicia ha aumentando notablemente durante los últimos días. En solo 72 horas se registraron terremotos en O Carballiño, Baralla, Guntín y Becerreá, aunque ninguno de ellos superó la magnitud tres. «La actividad sísmica se produce cuando las placas se mueven. Los movimientos de las últimas horas tienen su origen en el movimiento de la placa euroasiática subduciendo (que entra por debajo) de la placa ibérica. Mientras Eurasia se coloca por debajo, la península ibérica se ve forzada a levantarse. La dinámica puede mantenerse, incrementarse o detenerse durante los próximos días. Por ahora no hay datos que permitan avanzar un pronóstico», reconoce Vidal Romaní, catedrático emérito de Geología en la Universidade da Coruña.

La madrugada del lunes la Tierra volvió a temblar. Lo hizo con más intensidad, una magnitud de 3,5 en la escala de Richter, y además en la corteza oceánica, a unos 50 kilómetros de la costa gallega. «No fue un terremoto demasiado intenso como para generar un maremoto. Ni siquiera provocó olas de pequeño tamaño. Para que se produzca un tsunami, el seísmo tiene que superar la magnitud 5», explica José Benito, jefe de servicio del Instituto Geográfico Nacional. Sin embargo, el terremoto que se produjo en el mar presenta una particularidad. Su hipocentro estaba a unos 34 kilómetros de profundidad, tres veces mayor que la de los demás, considerados movimientos superficiales, que no suelen descender de los 12 kilómetros. «Eso implica reajustes de la placa que subduce y no simples movimientos superficiales», añade Vidal Romaní.

La posibilidad de que pueda llegar una ola gigante generada por un terremoto sigue siendo pequeña. Bajo las aguas del Atlántico, al contrario que en otros océanos como el Pacífico, no existe presión entre las placas tectónicas. «En el norte del océano las placas se están separando y por ello hay menos actividad que en la zona sur, como por ejemplo en el golfo de Cádiz, donde en el pasado sí que se registraron terremotos muy fuertes que produjeron grandes tsunamis», dice Benito.

Pero que la posibilidad sea ínfima no significa que no pueda ocurrir. Cerca de Galicia existen fallas activas que se mueven de forma constante y la costa cantábrica cuenta con la suficiente profundidad como para generar una de estas olas gigantes. «Si hubiese un gran maremoto, estaría anticipado por movimientos en otras fallas asociadas. Por ejemplo, tendrían que empezar a registrarse movimientos en As Pontes, deslizamientos en San Andrés de Teixido o en la zona de Doniños-Covas. Convendría estar muy atentos durante los próximos días a cualquier deslizamiento en la zona continental en el norte, ya que puede considerarse como un anticipo de un posible maremoto», recomienda Romaní.

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