Político bueno, poli malo

Policías locales y nacionales llevan con resignación los desaires de cargos públicos contra las fuerzas de seguridad


santiago / la voz

«Si Paula Quinteiro hubiese enseñado su DNI cuando se le requirió todo hubiese quedado en un incidente menor y sin trascendencia, porque nadie la reconoció. Pero sacó la acreditación del Parlamento de Galicia y ahí el compañero siempre va a dejar constancia escrita, eso no lo para nadie». Y lo mismo ocurriría si un ciudadano implicado en cualquier altercado le pide el número de placa a un agente por el motivo que sea, «esos casos siempre llegan arriba». Son dos consejos útiles y explícitos de un policía nacional del SUP que sirven para políticos, jueces y poderosos, pero también para el vecino «do común». La tercera lección es implícita: los miembros de las fuerzas de seguridad ya no se arrugan ante el «no sabe usted con quién está hablando» y se preocupan de elevar los encontronazos delicados a los mandos oportunos para que se diriman en la esferas adecuadas.

Las relaciones entre los cuerpos de policía y determinados políticos no pasa por sus mejores momentos, y cualquier roce se convierte en motivo de perturbación en las plantillas locales y las de la Nacional, que se mueven entre los cien y los seiscientos agentes, según el tamaño de la ciudad. Entre ellos, hay una gran mayoría que prefiere no pisar este tipo de jardines, pero se cuentan por «decenas» los que se la tienen jurada a una parte de la clase política por los permanentes desaires que sobrellevan por «disciplina, responsabilidad y obediencia debida», como describe un concejal de la oposición en Santiago, la ciudad en la que más conflictos se han registrado en los últimos años. La desconfianza en la capital viene de atrás -desde la difusión en el 2011 del atestado sobre un concejal del PP que conducía borracho- y ahora los agentes «quieren mantenerse fuera de ese juego», dice el mismo edil. «Nós non temos problemas con Compostela Aberta, o que queremos é que fale a Xustiza e xa está», zanja José Manuel Pombo, representante sindical de la policía local, que sí admite el malestar que generó una decisión ya corregida del gobierno local y amparada por el BNG, que optó por no comprar porras extensibles para sus agentes. Las relaciones son normales, aseguran, pero hay gestos que molestan, como el apoyo público ofrecido por el alcalde Martiño Noriega a un vecino compostelano de origen ourensano, Emilio Cao, pendiente de juicio por agredir supuestamente en Madrid a una agente durante las Marchas de la Dignidad, en el 2014. Aquella noche hubo 47 policías heridos y múltiples destrozos.

En A Coruña, los municipales también están en pie de guerra contra el gobierno local, pero los agentes desligan por completo este conflicto de origen salarial que procede de la etapa popular con las relaciones con un equipo que, afirman, «nos respeta, no como ocurre en Cádiz, Santiago o Madrid». La mención a la capital de España no es casual, porque los sucesos de Lavapiés propiciaron un polémico tuit de la concejala de Seguridade coruñesa, Rocío Fraga, y su participación en una manifestación contra la presunta violencia policial «que no sentó nada bien, porque hubo acusaciones demagógicas».

Esas afrentas son evidentes y públicas. Otras, quedan ocultas en la noche, como todo lo acontecido en torno a la diputada Quinteiro. Por eso hay tanto interés policial para que salga a la luz un vídeo de la trifulca grabado supuestamente por los propios alborotadores. Y es que nadie del sector entiende que una persona que está siendo identificada tire a una autoridad al suelo y que se vaya de rositas a su casa.

Los candidatos de Ciudadanos Galicia

Los expertos en campañas sostienen que cuanto más grande es una localidad, menos tiempo hace falta para dar a conocer a un candidato municipal, aunque recomiendan un tiempo mínimo de seis meses. Si la población ronda los cien mil habitantes y es abarcable barrio a barrio, como ocurre en cinco de las siete ciudades gallegas, la exposición recomendada a pie de calle es de al menos un año. Ciudadanos Galicia va a esperar al 2019 y a desafiar esos consejos dándole a sus alcaldables menos de veinte semanas de fogueo. Solo Olga Louzao, en Lugo, está ya en la carrera.

La moviola de Feijoo y Cifuentes

Feijoo generó unos cuantos revuelos a su alrededor durante la convención de Sevilla, en la que se reivindicó como uno de los escasos valores sólidos de los populares. Sin embargo, su interpretación del caso Cifuentes generó cierta confusión, ya que el frenesí de la jornada llevó a algunos periodistas a pensar que el presidente gallego estaba apretándole las tuercas a la madrileña un punto más allá del argumentario oficial. Hubo moviola y revisión literal de las declaraciones, y la conclusión fue que no había lugar para la tarjeta amarilla. No era ni falta.

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