Sesenta días de caras largas en los juzgados de Vigo

«Tengo compañeros que me han dejado de hablar», dice una funcionaria que dejó la huelga de Xustiza

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vigo / la voz

Situénse. Estamos en el edificio de los juzgados de Vigo un día laborable de principios de primavera. Lo normal sería un trasiego constante de usuarios, funcionarios, abogados y demás actores de este complejo mundo por las escaleras y los descansillos que dan acceso a los diferentes juzgados. Pero hoy no. Hoy hay poca gente y la mayoría tiene cara de pocos amigos. Estamos en mitad de la huelga de funcionarios que tiene paralizada la administración y que ni los funcionarios ni la Xunta han sabido resolver en los dos meses de conflicto que se cumplen hoy.

Evelyn es una trabajadora de Ponteareas. Tiene 25 años y ha venido acompañada de dos testigos a una vista sobre su despido: «Pero non hai xuizo», dice resignada. Dentro del juzgado, su abogado está intentando una mediación. Dice que le deben dinero y opina que, ya que la han hecho venir, debería haber unos servicios mínimos. Ya imagina que hoy la resolución de su problema no avanzará. ¿Entiende la huelga? «Sí, claro. queren un aumento salarial. Todo o mundo ten dereito. Pero eu escoitei que cobran 1.500 euros por sete horas. Eu gañaba 500 por seis horas». Y aún encima la despidieron dejándole dinero a deber.

A punto de salir del edificio, un abogado que prefiere no identificarse (en este asunto, la mayoría de la gente habla solo cuando se le garantiza el anonimato), dice que él no se va insatisfecho: «Porque yo vengo a asesorar a la empresa. Si fuera de la parte contraria, estaría mucho más jodido. Han suspendido el juicio hasta el 20 de septiembre. Y no es mucho. A otros les va bastante peor». Como se ve, no todo el mundo sale insatisfecho de la huelga de los funcionarios de Justicia. Un aplazamiento puede destrozar a quien espera cobrar lo que le deben, pero también alegrar al que pospone el pago.

Padre primerizo

En el registro, con servicios mínimos, hay bastante más animación que en las otras plantas del edificio. De allí sale Juan. Tiene 34 años y un hijo recién nacido. Se le ve tan feliz que casi genera envidia: «Venía por el libro de familia, pero me han dicho que tienen un plazo legal de un mes para arreglarlo y que no lo van a hacer hasta que reste un par de días para acabar el plazo». No está mal como respuesta de la Administración. En el hospital ya registró al bebé y admite que le hacía mucha ilusión verlo en el libro de familia. Tendrá que esperar, pero Juan sale feliz: «En el Concello he podido hacer el empadronamiento. Como saben que hay huelga, lo hacen con el papel del hospital. Una cosa por la otra». No sabe muy bien las razones de la huelga, pero recuerda que es un derecho que nos asiste a todos. Así que enfila la puerta de salida pensando seguramente en la maravillosa aventura que ha comenzado para él, padre primerizo: «Volveré la semana que viene, a ver si hay suerte».

En el entorno del edificio, el tráfico también es menor. Lo admiten los taxistas que se aburren a la puerta: «Hombre, esta parada vive de los juzgados. Y ahora hay muy poco movimiento», explica uno de ellos. Otro desliza por lo bajini: «A veces, los que mejor están son los que más reclaman». El comentario refleja una opinión no tan infrecuente entre quienes sufren la huelga: «Es que los medios lo explican mal -razona una funcionaria que sí está en huelga-. No es una subida de salario, es un complemento». Dicho así, tampoco parece muy convincente, así que explica que los funcionarios de otras comunidades cobran más por el mismo trabajo: «Y hay que mitigar esas discriminaciones». Añade que tiene 50 años, hijos en la universidad, una hipoteca... y que dos meses de huelga le están haciendo mucho daño: «Pensé que se solucionaría antes, pero voy a seguir, aunque tenga que pedir un crédito. ¿Sabe por qué? Pues porque la dignidad también cuenta».

«Me han dejado de hablar»

Esta funcionaria dice que en su juzgado son siete y dos se han reincorporado ya al trabajo. De eso tambien hay. Cada vez más. En otro punto del edificio, una trabajadora se explica: «Cuando empecé, se demandaban cosas que eran muy lógicas: que no descuenten al inicio de una baja, como ocurre con un juez o un secretario; que se repongan las plazas; cobrar el mismo complemento que otras comunidades autónomas... Pero aquí se pide de forma lineal, lo mismo para todos. Y yo creo que la huelga se mantiene por eso, porque la Xunta no quiere esa linealidad. Y yo tampoco». Esta funcionaria considera que el complemento debe ser proporcional a la categoría, así que allí está, sin mucho que hacer y un poco fastidiada: «Hay muchas malas caras. Algunos respetan mi decisión, pero otros me han dejado de hablar. Mire, aquí hay mucho revolucionario de nuevo cuño y, a estas alturas, la huelga no tiene mucho sentido. ¿Cuánto vamos a sacar más? ¿cinco o diez euros?. Los funcionarios tenemos una fama creada, pero es que a veces, nos la ganamos».

De economía se habla mucho. Dos meses con la actividad reducida a mínima expresión está haciendo mella en procuradores y abogados: «A mí no me afecta mucho -admite un letrado-, pero en los corrillos se está comentando: la bajada de ingresos es muy importante». Así que entre los que no cobran, los que no reciben justicia, los que se han enfadado son sus compañeros, los que no tienen el libro de familia y demás, lo que se ve en los juzgados son caras largas, muchas caras largas.

Unos 1.500 funcionarios de Justicia piden en Santiago salidas para su conflicto

Juan Capeáns
La Justicia gallega pide una salida a su conflicto Unos 1.500 trabajadores se movilizaban esta mañana en Santiago

Los líderes de todos los partidos, a excepción del PPdeG, acompañaron en la manifestación a los huelguistas

Unos 1.500 empleados públicos de la Justicia en Galicia han vuelto a salir a las calles de Santiago para reclamar una solución a su conflicto laboral, que los mantiene inmersos en una huelga indefinida que hoy cumple dos meses. La plataforma sindical que agrupa a SPJ USO, Alternativas na Xustiza CUT, FeSP UGT, CSIF, STAJ, CIG y CC.OO. volvió a conseguir una notable participación, ligeramente inferior a la primera convocatoria de finales de febrero -el día no acompañó-, pero suficientemente ruidosa para un colectivo que no llega a las tres mil nóminas en Galicia.

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