«Soy marinero, llegué en patera y sé que el Orzán es una tumba»

Recomiendan a los padres de Andrea que se abracen todos los días porque sus hijos «no han muerto»

Moht, con su mujer Aussatu, dice que reza para que la joven Andrea aparezca cuanto antes
Moht, con su mujer Aussatu, dice que reza para que la joven Andrea aparezca cuanto antes

A Coruña / La Voz

El próximo martes se cumple un año de la muerte por ahogamiento del joven Moussa Cissé, de 17 años y natural del Senegal. Apenas llevaba un año en A Coruña y jugaba con sus amigos en la playa del Orzán. La pelota se fue al agua. El muchacho corrió tras ella y se metió en el mar para recuperarla. No sabía nadar. Ya no llegó con vida a tierra.

Sus padres, Moth y Aussatu, lloran la pérdida de su único hijo. «Nuestros ojos derraman aún más lágrimas recordando a la chica -se refieren a Andrea- que también se llevó en Viernes Santo el mar de A Coruña, casi en el mismo lugar donde murió nuestro hijo».

-El Orzán, Riazor...

-Soy marinero desde niño. Llegué en patera, en un barco viejo, después de pagar 900 euros, apiñado con otras 150 personas. El barco zozobró en medio del mar y temí por mi vida. Pero ahora sé que cerca de la costa también está el peligro. El Orzán es una tumba.

-Su hijo murió en el Orzán.

-Sí, y a la joven del otro día también se la llevó el mar allí. Y le pedimos a la gente que tenga mucho cuidado. No somos conocedores de esos arenales, pero sí demuestran que son muy peligrosos.

-¿Qué se les vino a la cabeza cuándo lo supieron?

-El pensamiento se fue hacia los padres de la muchacha. A nuestra alma, el rezo para que aparezca cuanto antes, y a nuestros ojos, más lágrimas.

-Ya no está Moussa. ¿Qué les dirían a los padres de Andrea para que superen tanto dolor?

-Soñamos con nuestro hijo. Nos dice que estemos al lado de los papás de la muchacha y que los abracemos.

-Ellos ahora viven momentos duros.

-Sí. Y lo entendemos porque la muerte de nuestro niño acabó también con nuestras ganas de vivir. Incluso sufrimos, y mucho, para poder llevar el cadáver de nuestro pequeño a nuestra tierra, a África, y fue posible gracias a la generosidad de los coruñeses.

-¿Cómo pueden afrontar todo esto los padres de Andrea?

-No es fácil. Nosotros pensamos en ellos. Que ellos piensen también en nosotros. Creemos que tienen otra hija, nosotros nos quedamos huérfanos, por desgracia. Pero les decimos a los padres de esta joven que nuestros hijos no murieron. Se fueron de nuestro lado un tiempo. Pero tanto nosotros como ellos tenemos que saber que fue Dios, cualquier Dios. Algún día volveremos a estar junto a ellos.

-¿Y mientras tanto?

-Yo lo paso muy mal cuando todos los días tengo que salir al mar a pescar. Vivo gracias a él y se lo tengo que agradecer, pero a veces lo miro desde el costado del barco y me dan ganas de insultarlo: me llevaste a mi pequeño. Pero no me atrevo.

-¿Y qué hace para mantener la serenidad?

-Les recomiendo a los padres de Andrea que se abracen. Que lloren juntos. Eso es lo que hacemos nosotros. Nada más llegar del mar nos abrazamos. Lloramos. Pero sabemos que lo ocurrido nos llevó a ser más felices.

-Solos desde la muerte de Moussa y lejos de África, donde está enterrado...

-Sí, de momento. No queremos seguir solos. Esperemos que Moussa nos ayude a darle un hermano para que comparta, por lo menos, su bicicleta y los amigos que dejó él aquí.

-El mar para ustedes es un castigo. Usted acaba de perder cuatro falanges por un accidente a bordo del barco en que faena.

-No. El mar me permitió ganar dinero en África para conocer a mi mujer. Hizo posible tener y criar a Moussa hasta que se lo llevó. Ahora me ha mutilado una mano. Pero lo amamos igualmente. Y respecto a los padres de Andrea, hablo todos los días con el mar, aun ahora que no navego, y le pido que les entregue a su hija.

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