Las Administraciones retrasan adoptar medidas de seguridad en As Catedrais

Tras la muerte de una joven el sábado, cientos de personas siguen entrando sin control

Muchos visitantes se asoman a los acantilados para disfrutar del paisaje o para hacer las mejores fotos
Muchos visitantes se asoman a los acantilados para disfrutar del paisaje o para hacer las mejores fotos

ribadeo / la voz

Todos coinciden en que la muerte de la joven vallisoletana de 24 años Irene Baladrón el sábado al caerle una piedra en la cabeza cuando visitaba una cueva de la playa de As Catedrais ha sido una fatalidad. Un cúmulo de desgraciadas casualidades que no debería volver a darse. Pero el caso es que desde la Administración (Xunta, Ministerio de Medio Ambiente y Concello de Ribadeo), cinco días después de aquel suceso nada se ha hecho para que no sea así. Ni siquiera se ha colocado un cartel advirtiendo del riesgo. Al contrario, la precaria señalización existente presenta un lamentable deterioro, impropio del que es uno de los grandes imanes turísticos de Galicia. Mientras, ayer centenares de personas volvieron a visitar la playa, ya que no hay clases en varias comunidades autónomas.

En Ribadeo molesta la publicidad negativa que muchos creen se está haciendo a la playa, pero lo que no se puede ocultar es que As Catedrais no presenta estos días su mejor imagen, en parte por efecto de la naturaleza, pero también en cierta medida por la inacción de las Administraciones.

Los temporales han retirado enormes cantidades de arena, descubriendo el lecho de rocas en amplios tramos. El acceso, que se amplió hace un par de años tras una compleja tramitación ambiental, está colgado del aire, con un escalón de casi un metro de altura que hizo que ayer algunos visitantes, sobre todo los de avanzada edad, renunciasen a bajar a la playa. El parapeto de cuerda instalado por la Xunta en los acantilados para impedir que se asome la gente solo abarca un pequeño tramo. Algunos balaustres de madera están rotos. A unos metros, apenas una deteriorada cinta con el logotipo de la Consellería de Medio Ambiente advierte del riesgo de una sima que llega a pie de playa. Ayer, durante las cuatro horas de visita, no había vigilantes informando del riesgo, ni a pie de playa ni en los acantilados. No está previsto en el plan de conservación de la Xunta y el accidente del sábado nada ha cambiado. De momento. Curiosamente, As Catedrais recibió ayer la Q de Calidad por la gestión del 2017.

Ayer, un joven de gesto melancólico colgaba los pies de los acantilados sentado en un mojón del deslinde de Costas. Y no era raro ver gente ignorando las prohibiciones de paso, saltando el parapeto y asomándose al acantilado buscando el mejor ángulo para las fotos. Tras un aparente desconcierto inicial y unas tímidas disonancias, las Administraciones han optado por unificar el mensaje y evitar las declaraciones públicas. Fue el consenso que imperó en la reunión del martes en Santiago, con la directora xeral de Patrimonio Natural, Ana María Díaz, el jefe del Servicio de Costas en Lugo, José Miguel Estevan Dols, y el alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez.

Soluciones provisionales

Los responsables políticos quieren a toda costa evitar que un accidente como el del sábado vuelva a producirse en este lugar que se ha convertido en un atractivo turístico. Ana María Díaz comentó que están valorando una serie de medidas urgentes, que se adoptarán en cuestión de días, que se aplicarán de forma provisional hasta que esté elaborado el estudio geotécnico que determinará cuál es el estado de la playa y qué medidas de mayor calibre hay que adoptar. De las urgentes, nada se ha dicho. Parece ser que serán de tipo informativo, físicas (con carteles e incluso con la presencia de personal eventual) y a través de Internet, también en colaboración con el área de Turismo del Concello. Se puso sobre la mesa algún tipo de prohibición, pero la Ley de Costas hace que sea muy difícil adoptar medidas de este tipo.

Mientras se perfilan soluciones, ayer centenares de personas volvieron a visitar la playa y a pasear por el sendero de sus acantilados. Todo sigue igual. Como si nada hubiese pasado.

Uno de los mayores promontorios muestra la mella de los desprendimientos de 2013
Uno de los mayores promontorios muestra la mella de los desprendimientos de 2013

Un millón de visitas en el 2021 y el límite de 4.812 personas al día, de nuevo en cuestión

El estudio geotécnico que se hará de As Catedrais será determinante para decidir qué medidas tomar en el futuro. En tela de juicio se pone de nuevo el límite diario de 4.812 personas diarias en Semana Santa y verano que estableció la Xunta en el año 2015, en respuesta a la degradación que estaba sufriendo la playa ribadense. Pero el problema no radica solo en las personas que acceden a la playa, sino también en el deterioro del monumento natural por las personas que pisan la parte superior de los acantilados. Porque, en contra de la creencia más extendida, buena parte de los desprendimientos que se registran no se deben al efecto del mar, sino a la erosión por el viento y la filtración del agua de lluvia, por un sustrato vegetal que se va minando por el efecto del hombre.

Esas visitas no están limitadas ahora, pero sí podrían estarlo en el futuro, con el plan de protección que tramita el Concello de Ribadeo para ordenar todo el monumento natural, 53 hectáreas, y que incluye estudios que apuntan a que As Catedrais llegará al millón de visitantes en el 2021, el próximo Xacobeo.

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