Cientos de visitantes entran en las cuevas de As Catedrais, que ya están sin precinto

Medio Ambiente no volverá a controlar el acceso de personas a la playa hasta el verano

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«Yo sí que entraría en las cuevas» Pese al trágico y reciente suceso en As Catedrais, la gran mayoría de los visitantes no quiere perderse la sensación de entrar en las grutas, pese a que los expertos lo desaconsejan por el riesgo de desprendimiento existente.

ribadeo / la voz

Pasan unos minutos de las once de la mañana y en el aparcamiento de la playa de As Catedrais, en Ribadeo, ya hay estacionados un centenar de coches y caravanas. Y siguen llegando más, porque el goteo de visitantes asturianos, vascos o castellanos que aprovechan la llamada semana blanca, en la que los niños no tienen colegio, es continuo. También hay franceses, alemanes e incluso algún canadiense. En poco tiempo, las empinadas escaleras por las que se accede al arenal se convierten en un hervidero de gentes de todas las edades. Inundan el espacio las risas y los comentarios alegres y despreocupados. La mayoría están de vacaciones, deseando conocer la playa que la revista National Geographic ha definido como «una de las mejores del mundo». Tanto bullicio contrasta con un hecho dramático: apenas han pasado 72 horas desde que una turista de Valladolid, Irene Baladrón Zorita, de 24 años, murió en el arenal tras recibir en la cabeza el impacto de una piedra que se desprendió en una de las grutas.

Esas grutas estuvieron precintadas el lunes, cuando la Consellería de Medio Ambiente decidió reabrir la playa al público en el último día de la campaña de Semana Santa, la única época del año, junto con el verano, en la que para acceder al monumento natural es imprescindible tener una de las 4.812 autorizaciones diarias que se conceden y que se descargan a través de Internet. Ese día también hubo personal de la consellería «como reforzo», informando a los visitantes de los sitios por los que podían ir y por los que no para evitar riesgos. Pero ayer el acceso volvió a ser libre. Sin vigilancia ni control. Y también sin un puesto de socorro o de emergencias por si ocurre otro accidente. Y todo pese a que la Xunta ha reconocido la «inestabilidade» de los acantilados, y en un folleto que se puede descargar de Internet informa de que no se puede «predicir con exactitude cando se producirán os desprendementos»

«Un mínimo de asistencia»

«Lo que le paso a esa chica es un accidente, es mala suerte, pero si saben que viene tanta gente deberían tener un mínimo de asistencia sanitaria», decían ayer Fernando Pérez y Raquel García. Esta pareja, que al igual que la joven fallecida es de Valladolid, recorre estos días el norte de Asturias y Galicia con sus dos hijos, Jaime y Pablo. «Nos hemos acercado a esta zona porque no la conocemos, aunque no sabíamos si iban a dejar entrar», apuntaron mientras esperaban que el agua alcanzase su nivel más bajo. «La bajamar de hoy [por la de ayer] es a las 13.13 horas y en el hotel nos han dicho que los mejores momentos para visitar As Catedrais son desde dos horas antes y hasta dos horas después», apuntó una turista leonesa de mediana edad.

Sin arena

Los temporales del invierno han vaciado de arena la entrada a la playa, y para llegar a los arcos más emblemáticos del paraje, los que han convertido esta formación geológica en un icono turístico de Galicia, es imprescindible jugarse el tipo saltando y sorteando un tramo de unos cien metros de longitud repleto de resbaladizas rocas en las que caer o torcerse un tobillo no es difícil. Especialmente si, como ocurría ayer, muchos visitantes no llevan el calzado adecuado y bajan en chanclas, en playeros o incluso en botines de tacón.

Por ese complicado trecho tuvo que ser trasladada Irene Baladrón, en volandas y ya herida de gravedad, hasta el lugar en el que otros turistas que visitaban la playa, entre ellos varios médicos, intentaron reanimar a la joven hasta que acudieron al lugar los primeros servicios de emergencias.

«Si llego a saber que la chica murió en esta cueva, no entro»

«Lo del sábado fue una fatalidad, pero hay gente muy imprudente. Yo veo que les advierten, les explican que no se acerquen a los bordes de los acantilados porque es peligroso, y no hacen caso, tiran para adelante igual, como si nunca fuera a pasar nada», decía ayer Ángel Javier López, de panadería Da Costa, de Cangas de Foz, que desde el verano pasado vende pan del país, dulces y empanadas en el aparcamiento de la playa de As Catedrais. «Antes no, pero ahora hay gente todo el año. Hay mucha de Alemania, de Italia... Muchos vienen en caravana y aprovechan para pasar el día», indicó.

Ya sobre la arena, cientos de personas se distribuyeron entre las rocas, los arcos... Una temperatura muy agradable, cercana a los 20 grados, y los rayos de un sol que brillaba en lo más alto sobre las doce del mediodía incluso animaron a algunos de los visitantes a descalzarse y mojar los pies en las frías aguas del Cantábrico. Las grutas también estuvieron concurridas. «Sabíamos que había muerto una chica el fin de semana, pero no sabíamos que había sido en esta. Si lo llego a saber, no entro», comentó una madre de Vitoria nada más salir de la cueva en la que el sábado se desencadenó la tragedia.

Ortigueira alejará el banco del acantilado de Loiba por seguridad

ana f. cuba

Retrasará el asiento 2,5 metros a raíz del suceso de As Catedrais

El mejor banco del mundo, situado en la costa de Loiba, cambiará ligeramente de posición. El Concello de Ortigueira moverá 2,5 metros hacia atrás el popular asiento para alejarlo del acantilado por razones de seguridad, según confirmó este martes el alcalde, el socialista Juan Penabad Muras. El trágico accidente ocurrido el sábado en la playa de As Catedrais ha avivado el temor a la progresiva erosión del litoral y al riesgo de que se venga abajo el borde y sorprenda a alguno de los miles de visitantes que recibe a lo largo del año. «Desde el mar se detectan grietas, la coronación del acantilado se mueve, hay un deslizamiento, y ese es el principal peligro», esgrime el regidor.

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