«Tentamos mucho a la suerte, a veces vamos al límite»

La playa se reabrió ayer tras el suceso del sábado y con técnicos de Medio Ambiente guiando al público


ribadeo / la voz

«Era una playa que no conocíamos y que nos pareció muy bonita y nada peligrosa. Había muchos vigilantes que nos informaron muy bien de por dónde no podíamos ir y a qué sitios no debíamos acercarnos para evitar riesgos». Fabio González se convirtió, durante la bajamar de la mañana, en uno de los primeros visitantes de As Catedrais tras el dramático suceso ocurrido el sábado, en el que murió la turista vallisoletana tras caerle encima una piedra. «Teníamos conocimiento de lo que había pasado y una reserva para el domingo, pero, al estar cerrada la playa, reservamos para el lunes», comentó el hombre, natural de Denia, en Alicante, y que pasó unos días en Galicia junto con su mujer, sus dos hijos y un matrimonio amigo y sus dos hijos. Algunos de los vigilantes a los que hizo referencia este turista eran técnicos de la Consellería de Medio Ambiente, que, según confirmaron desde el propio departamento autonómico, «fixeron un reforzo como medida complementaria para guiar á xente». Hoy, sin embargo, ya no habrá nadie que dé a los visitantes explicaciones entre las cuevas de los acantilados, y las personas que lo deseen podrán acceder libremente, ya que la entrada al arenal solo está limitada en Semana Santa y en verano.

Una opinión distinta tiene Irati Berastegui. Esta mujer de 29 años, vecina del municipio navarro de Lacunza, recorrió ayer As Catedrais por segunda vez en su vida. «La primera vez que vine pensé que iba a estar todo más controlado y me llevé una sorpresa, porque no era así», indicó. En su opinión, el mar, las rocas, las escaleras, los acantilados... todos son elementos que implican un riesgo del que los visitantes deben ser conscientes. Quizás más de lo que lo han sido hasta el momento. «Es verdad que la playa podría estar un poco más preparada para la cantidad de gente que la visita. Pero también pienso que solemos tentar mucho a la suerte, a veces vamos al límite pensando que no nos va a pasar nada», reflexionó la mujer, que viajó a Ribadeo en compañía de su pandilla de amigos. En ese sentido, recordó que los temporales de este invierno han sido especialmente duros.

«Lo que pasó el sábado fue una desgracia. Para nada es una playa peligrosa»

Una valoración parecida hizo Andoni del Campo Fernández, vecino de Santurce, en Bilbao, que se acercó hasta la costa de Ribadeo con su pareja, Rebeca Escribano, para conocer la playa de As Catedrais como colofón a su visita a Galicia, donde recorrió parte del Camino de Santiago. Fue en el propio arenal donde se enteró de la muerte de Irene Baladrón en una de las grutas de los acantilados. «Es la pura naturaleza. Lo que pasó el sábado fue una desgracia. Creo que esta playa para nada es peligrosa. Es verdad que es muy concurrida, pero creo que no se puede buscar culpables de lo que pasó», opinó Andoni, que tiene 30 años.

Extremar las precauciones

Destacó que en el País Vasco también hay un buen número de playas rocosas, como alguna de las que hay en Zarauz, en las que los visitantes deben tener mucho cuidado y extremar las precauciones para no sufrir un accidente. «Al final, que haya voluntarios y gente encargada de que los visitantes no la estropeen es un auténtico lujo», manifestó.

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