El Camino de Santiago en siete etapas

Dos periodistas de La Voz cubren a pie el Camino Francés que cruza Galicia para realizar una radiografía del estado y conservación del trazado: solo faltan tres años para el próximo año santo 2021

La Voz se planteó el reto de coger la mochila y salir a andar tras la flecha amarilla para desentrañar las claves de este éxito global que es el Camino de Santiago. Dos periodistas han realizado una serie de reportajes en la que, como peregrinos, relatan su experiencia diaria a lo largo del Camino Francés que cruza Galicia. 

El objetivo de este viaje a pie era comprobar la situación real del Camino, porque solo faltan tres años para el próximo año santo 2021. Todo tiene que estar listo cuando se abra de nuevo la Puerta Santa de la catedral de Santiago. La Administración gallega afronta el reto de brindar al romero un sendero cuidado e integrado en un paisaje que es patrimonio de la humanidad de la Unesco.

Esta serie Reto 2021  narra los pasos de los dos periodistas de La Voz a lo largo de las siete etapas por tierras gallegas. A la vez, realiza un chequeo de los tramos jacobeos para darle tiempo a la Administración a mejorar aquellos parajes que, a día de hoy, están descuidados o abandonados. Son 157,5 kilómetros a recorrer en siete etapas, una semana de camino, a una media de 22 por jornada.

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Los periodistas de La Voz se han convertido también en romeros a pie para hacer una radiografía del estado y conservación del camino, del servicio de los albergues y restaurantes, e incluso de los precios y calidad de los menús. Se han hecho eco de las mejores historias de los peregrinos que aprovechan el inicio de la primavera y las vacaciones de Semana Santa para lanzarse a andar, cabalgar o correr en bici. Así ha sido su viaje. 

Primera etapa: De O Cebreiro a Triacastela

Paisajes nevados de postal arruinados por el abandono estético en las aldeas

e. v. pita

Los vecinos lamentan la burocracia para rehabilitar sus casas y piden arreglar iglesias

Marta Castro sella la credencial en el santuario de O Cebreiro y advierte de que hay que poner dos al día. Opina que el Camino Francés está perdiendo tránsito de peregrinos por Os Ancares: «El año pasado vinieron 150.000 aquí, pero creo que cada vez hay menos, porque ahora muchos pasan por el Camino Portugués».

Los romeros inician su marcha por la carretera. «Ayer me hundí un metro en la nieve al buscar el albergue de la Xunta», cuenta una peregrina de Vigo. Otro que llegó desde Valcarce cuenta en el desayuno: «La Guardia Civil me desvió hacia la carretera». Hay menos de un grado de temperatura. La máquina quitanieves ya ha despejado la vía hacia el alto de San Roque. En la aldea de Liñares, pasado un taller y unas casas con portalones metálicos, es imposible alcanzar la iglesia porque está cubierta por un metro de manto blanco. Solo los perros son capaces de cruzar porque su huella es menos profunda. Un vecino que pasea con su mastín avisa: «Non hai maneira de pasar». Al intentarlo, entra agua en las botas.

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Segunda etapa: De Triacastela a Sarria

Un trayecto de cuento de Triacastela a Samos dañado por los incendios

e. v. pita

Vecinos del Camino reclaman la instalación de baños portátiles para los peregrinos

En el comedor del Complexo Xacobeo de Triacastela, entra un grupo de colegiales y su profesor de Madrid. Tras bendecir la mesa, el tutor propone una votación: «Hoy hemos andado 40 kilómetros, estoy muerto, ¿quién quiere hacer 35 mañana?». Nadie levanta la mano. El cielo estrellado en las solitarias calles de Triacastela anuncia buen tiempo. La calefacción en el albergue de la Xunta permite dormir en las literas sin mantas. De fondo, se oye el rumor del río Oribio. Los campos amanecen helados. En la iglesia sellan la credencial. Pasan pocos peregrinos estos días. Hay humedad en las paredes pero «non hai axudas». En el bar O Peregrino, el taxista El Rubio lleva mochilas a Sarria.

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Tercera etapa: De Sarria a Portomarín

El traslado del punto kilométrico 100 desde Sarria resucita una aldea

e. v. pita

La caballería de la Guardia Civil patrulla los senderos por seguridad en Semana Santa

La nueva medición del Camino de Santiago desbancó a Sarria como kilómetro 100 de la ruta francesa. Esta villa era el punto de partida mínimo que garantizaba la compostela. Ahora, el marco está resituado a 15 kilómetros, en una corredoira de la aldea de A Pena, en Paradela. Aun así, los peregrinos siguen llegando a Sarria en tren y en bus nocturno y florecen las tiendas de deportes y los masajes de pies. Si una cama valía 40 euros en O Cebreiro, aquí se pagan 10 por la presión de la competencia. La entrada original al Vigo de Sarria está desviada por unas obras que han desmontado un puente con base medieval. Pegatinas de protesta recalcan que la Unesco lo protege.

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Cuarta etapa: De Portomarín a Palas de Rei

Los peregrinos desafían el mal tiempo echando de menos algún refugio

e. v. pita

El aguacero no frenó a los caminantes, que se encontraron bares y albergues cerrados

Los últimos cinco kilómetros de bajada a Portomarín coincidieron con una borrasca. Ríos corriendo por caminos embarrados. Hasta las vallas de hormigón se cubren de moho. Cruzar el puente del embalse fue una lucha contra el aire. La única protección del peregrino es el poncho, porque nadie pone refugios en el camino. Unas mexicanas con ingenio resguardaron sus mochilas con bolsas negras de basura. Portomarín ahora está más cerca del kilómetro 100 y mucha gente llega al mediodía sin nada que hacer. Algunos proponen que haya buses a Lugo.

 

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Quinta etapa: De Palas a Arzúa

Jubilados voluntarios madrugan para abrir iglesias y sellar credenciales

e. v. pita

Peregrinos «emigran» a las rutas del Norte para disfrutar de un entorno sin turistas

Noche tranquila en una cápsula japonesa. Cuatro días después de salir de O Cebreiro, ni un minuto perdido con las redes sociales. Si caminas no puedes cotillear en Facebook o Instagram. Algunas luces de móviles parpadean en las literas, pero a las 7.00 horas salen los primeros mochileros del albergue Zendoira. La ruta de Palas de Rei a Arzúa tiene fama de rompepiernas por subir y bajar colinas a lo largo de 29,5 kilómetros. La buena noticia es que, con el cambio de hora, hay más luz. Las plantas de los pies están doloridas, hay agujetas y molesta andar con calcetines empapados. Las botas siguen húmedas, pese a dejarlas en la calefacción con papeles de periódico dentro.

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Sexta etapa: De Arzúa a O Pedrouzo

La peregrinación repuebla aldeas con tiendas, bares, albergues y casas nuevas

E. V. PITA

Los alojamientos privados con recogida de mochilas restan usuarios a los de la Xunta

La sexta etapa del Camino por Santiago arranca en Arzúa a las 8.00 horas. Cae llovizna pero el camino será más relajado, con 20 kilómetros por tramos llanos. La iglesia está abierta y el propio peregrino puede autosellarse la credencial. En la calle, dos señoras mayores y una monja saludan con un «buen camino».

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 Un camino complementario por un bosque de robles y eucaliptos evita el paso por carretera. Un grupo de cacereños comenta: «¿Y este eucalipto estaba aquí en el siglo III?». Luego, debaten sobre si Jesús fue el mayor influencer o sobre las letras de los raperos.

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Séptima y última etapa: De O Pedrouzo a Santiago

Los eucaliptos tapan las tres torres de la catedral en el Monte do Gozo

E. V. Pita

El albergue parece un complejo «fantasma», duerme poca gente y el bar está cerrado

Es medianoche. La argentina Valeria Giudice, de 27 años, ofrece las sobras de unos espaguetis con tomate que un amigo alemán cocinó en un albergue privado de Pedrouzo (O Pino). Hay tertulia, cena y buen humor. La joven bonaerense aprovechó una pasantía de psicopedagogía en Madrid para caminar desde Sarria. Trabó amistad con una española, pero esta tomó un taxi para llegar a tiempo a su vuelo en Santiago. Su nueva amiga es la brasileña Natalia Ponzi, de Recife, Pernambuco. Cursa un máster en Madrid y se animó a hacer el Camino cuando vio por Internet la «facilidad de hallar albergue». No leyó el libro de Paulo Coello, pero vio The Way. «El Camino engancha: vine sola para meditar, pero hice amigos», resalta.

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