Londres, El Dorado a dos horas de avión

Es mucho más fácil encontrar trabajo que vivienda, extremadamente cara o inaccesible, lo que obliga a compartir habitación. Las oportunidades laborales llegan a los pocos días

Londres, El Dorado a dos horas de avión Es mucho más fácil encontrar trabajo que vivienda, extremadamente cara o inaccesible, lo que obliga a compartir habitación. Las oportunidades laborales llegan a los pocos días.

Más de 21.000 gallegos en edad laboral residen en el Reino Unido y Suiza. El equivalente al municipio de A Estrada. Más de 9.000 personas cambiaron Galicia por estos países en los últimos cinco años . La ciudad de Londres y el Estado helvético son dos grandes polos de atracción de la emigración de la comunidad desde que comenzó la crisis. El país británico es el que el año pasado tuvo el mayor crecimiento de población española en el exterior, con 12.141 personas más, por encima de Estados Unidos y Francia. No todas esas altas son de recién llegados, naturalmente, pero también se incluyen, y la cifra ya da una idea de que Gran Bretaña, a pesar de la sombra del brexit, es un lugar de grandes oportunidades: primeras, segundas y las que se puedan.

Esa es la idea que más se escucha entre la amplísima colonia gallega de la capital británica: las oportunidades. Aunque parezca increíble, es posible llegar sin trabajo y casi sin inglés y lograr una ocupación en cuestión de días, a modo de gran resumen de decenas de testimonios recabados en las últimas semanas en Londres. Eso sí, no es fácil: hay que trabajar mucho, esforzarse con sudor y seguramente lágrimas, luchar a cada hora en una ciudad competitiva y muy cara con un mercado de la vivienda que está más allá de las nubes (y no solo por los centenares de grúas que pintan el paisaje), y no desanimarse nunca. El moderno y cercano Eldorado está a hora y media en avión de Alvedro, pero hay mucho lombo que doblar para sacarle brillo. Como la mítica canción de los irlandeses que se fueron a Estados Unidos a principios del siglo pasado, Gran Bretaña es aún hoy una «isla de esperanzas, de lágrimas, de libertad y de miedos».

De idas y venidas hablan en el bar Bodega de la calle Portobello, la mítica calle cuyo extremo final es casi una isla gallega (podría denominarse Porto Vello sin complejos), tres jóvenes: Eloy Blanco, Marina Abella y Luis Granja. Tres relatos de miles sobre cómo afrontar una nueva vida en una de las capitales del mundo.

Eloy Blanco, al que todos conocen por Charly, es de Malpica. Tiene 33 años y llegó a la ciudad en el 2011. Solo, sin nada. Sin idioma, sin trabajo. «Díxenme: vou traballar do que sexa, e aprender. E déuseme ben traballar».

Empezó haciendo camas en hoteles, al igual que tantas mujeres que llegaban ya en los 60. No hay muchos hombres, incluso hoy, que las hagan, pero a él no le quedó otra. «Ten coña: miña nai toda a vida me rifaba porque non quería facer a miña, e resulta que foi o que fixen aquí». Fue poco tiempo, unos tres meses. Después recogía y reponía ropa por las plantas. Al año y medio empezó a ser conserje y recepcionista en horario nocturno, y hasta ahora. Con esfuerzo fue mejorando. «Estou moi contento, pero boto de menos Galicia. A morriña é certa. Menos mal que hai bares onde podes falar galego e comer unha de raxo ou de pulpo». Intentó regresar, probó en hoteles coruñeses, pero nada: «Aquí apostan por min, en Galicia non. Aquí valoran o traballo e a experiencia. Laboralmente, este país está por riba do noso. Cando o probas, volver a adaptarse é difícil. ¡A min chegaron a rifarme por entrar antes da hora no traballo!». Asegura que se sacrificó mucho, pero que ahora está contento. «Hai moita xente que se frustra, porque parécelles que é chegar e encher, e non. Eu teño tido a maletas feita para marchar, pero non marchei. E teño chorado». Pasó unas Navidades solo. Y lo que no son Navidades. «A soidade sempre está rondando». Las comunicaciones son un escape: «Falo coa miña familia cada día, e fago videochamadas co meu avó».

Segunda generación

Junto a él está Luis Granja Louro, con una experiencia vital distinta. Hijo de padre de Baiona y madre de Cee, se crio en Oxford hasta los 18 años, adonde emigraron sus padres. Desde entonces vive en Londres. Trabaja en el departamento de Márketing del Imperial College. Ha vivido la emigración de otra manera, pero coincide en el diagnóstico: «Londres é un lugar de grandes oportunidades, pero non só Londres, todo o país». Eso sí, hay que apretarse el cinturón: si lo que se busca es hacer una vida con mucho ocio, ahorrar es imposible. O casi. Y hacer frente al problema de la vivienda, casi una quimera, «porque os prezos son incriblemente altos. E son así porque hai moito traballo, podes gastar, e non paran de subir».

Marina Abella Otero es de Malpica, tiene 25 años, lleva año y medio en la ciudad, y tiene la carrera de intérprete. Domina el inglés, francés, portugués, español y gallego. Está feliz en Londres: desde adolescente tuvo claro que lo suyo eran los idiomas y que tenía que acabar en Inglaterra. Pasó primero por Bruselas, y ahora en Londres «encantada», en un trabajo que le gusta, donde los idiomas son la clave. A la hora de relatar su experiencia, repite una frase que parece un mantra: «Cústame máis atopar habitación ca traballo». Tuvo que cambiar seis veces de piso, «porque por aí hai moito ilegal, moito abuso». Echa de menos su Malpica natal, la comida, pero «aquí, se queres facer amigos, falos». Y si quieres trabajar, también. «En Londres hai traballo. O índice de paro é moi baixo. Sei de quen chegou aquí en nunha semana xa tiña onde estar».

Sheila Lamas es de O Carballiño, y está a punto de cumplir cinco años en Londres, adonde llegó desde Mallorca, donde trabajaba llevando la parte financiera (mánager) de un hotel, pero se quedó en paro. Aprovechó ese tiempo para un máster y aprender inglés y chino. Y se planteó si marcharse a China o a Inglaterra. «Decidín Londres, onde tiña unha amiga. Viña por tres meses e vou para cinco anos, porque esta cidade é un mundo de oportunidades». Su radiografía es aleccionadora: «A xente aquí ascende. En Galicia es una cousa, e es iso toda a vida. Ninguén che axuda a subir. Aquí dá igual de onde sexas, de onde veñas, os títulos que teñas... En España hai moita titulitis. Aquí estás tres meses a proba e podes demostrar o que vales. Iso aló non pasa, a xestión de recursos humanos non é así».

Sheila se quedó en Londres para demostrarse a sí misma que podía ir a más. Es economista, pero al principio tuvo que buscar trabajos ajenos a lo suyo. Se pasó seis meses haciendo sándwiches. Después se cambió a un hotel, y ahora hace lo mismo que hacía antes, responsable de la parte económica de la empresa. Cree que en España ese salto sería impensable. «Alí, moitas veces vas para atrás, e a calidade de vida é moi boa». Tampoco es que se trate de un paraíso. «Hai cousas que non che gustan tanto, como ter que compartir piso, ou o clima». Compartir es casi una obligación. Imposible hablar de precios medios: depende de la zona, del piso, de las condiciones... Pero sí se podría establecer una horquilla de entre 500 y 700 libras (una libra son 1,14 euros) al mes por habitación, con todos los matices que se quieran. Hay quien se da el capricho (o la necesidad) de pagar 800. Los debates sobre la vivienda en Londres darían para un nuevo tomo de la Enciclopedia Británica.

Otro de los aspectos que no le agradan son los inicios. «Porque son duros, traballando no que non che gusta, con nivel de inglés baixo. Eu tiña claras dende o principio varias cousas: tería paciencia, perseveranza e non renderme nunca. Hai que pensar que non van poder contigo», asegura, unas reglas que pueden servirle a muchos recién llegados, «porque segue chegando xente, non tanta como hai dous ou tres anos, pero chega. É que hai moito traballo, a diario. Apúntaste e chámante. E ser autónomo tamén é moi fácil».

Los datos de la emigración en Reino Unido

A 1 de enero de este año hay 14.369 en el país. La mayoría, de A Coruña, con 8.739, y de Pontevedra, con 3.477. El número de altas en el consulado en 2017 alcanzó los 502 gallegos.

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