«Discutimos mucho, pero ahora andamos kilómetros calladas»

Kate Matthews y su madre. Sonia, dicen que hacer la ruta ha vuelto a unirlas


Entre una madre y su hija suele haber riñas. Una buena terapia para reconciliarse es superar juntas chaparrones y rachas de 60 kilómetros por hora caminando por senderos embarrados por el lugar más recóndito del mundo. Andar sin parar bajo un diluvio y en silencio las ayuda a rebuscar lo mejor de sí mismas. Esa es la historia de Kate Matthews, de 20 años, y su madre, Sonia. Discutieron, pero el Camino las unió. Ambas viven en la ciudad de Seattle, en el estado de Washington, sede de la cadena de cafeterías Starbucks, el gigante del comercio electrónico Amazon y la multinacional informática Microsoft, de Bill Gates. Sonia Matthews suelta una carcajada al mencionarle estas compañías, igual que si en China oyes el nombre del Dépor o el Celta.

Hace medio año, Kate se trasladó a España para estudiar en la Universidad de Granada y mejorar su español. Pero hace unos meses, su madre se divorció. Sin dudarlo, la animó a volar desde Seattle para visitarla a Andalucía. En su reencuentro, planearon cumplir un sueño de Kate: hacer el Camino. «Hemos discutido y discutido, pero ahora estamos bien juntas», subraya.

Salieron de Sarria y, en el tramo de Portomarín a Palas de Rei, se enfrentaron juntas a ventiscas y lloviznas. Descansaron en Palas de Rei, en el albergue Zendoira, que sustituyó las literas por las cápsulas ideadas por el japonés Kisjo Kurokawa. Ya secas y sentadas en su litera con cortina, Kate narra la historia de ambas y cómo la ruta jacobea las unió.

«Hace dos años estábamos en Seattle y queríamos hacer el Camino: siempre fue algo especial, un sitio en el que podíamos reflexionar y pensar sobre nuestras vidas. Recientemente, mis padres se divorciaron y para mi madre es muy importante redescubrirse a sí misma. Este viaje es mi oportunidad de ayudarla», cuenta.

«Para mí, es un momento de descansar de una vida apurada y recordar que debo ir con calma, tomarme las cosas despacio y disfrutar más de la vida», añade esta estudiante en Granada que solo lleva dos días en Galicia a pie. Le sorprende la forma de hablar en el norte, muy diferente a la de Andalucía, porque «en el sur no pronuncian las eses, dicen "adió"».

Sus dos días desde Sarria le permitieron disfrutar de los paisajes verdes. «La gente que hemos conocido es muy simpática, esta es la mejor parte del Camino», recalca. «Con mi madre camino en silencio kilómetros y kilómetros, porque ya nos conocemos», dice. Compara las literas de otros albergues y las camas japonesas. «Meterte en una caja es bueno porque tienes intimidad, pero, por otro lado, es más difícil saber quién duerme a tu lado. Pero por la noche me parece bien y es moderna», afirma. En el bar del Zendoira, unos paisanos comentan un programa de baile en la televisión. El dueño, Santiago Fernández, prevé muchos peregrinos para esta Semana Santa.

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