«Teremos que abandonar aquilo para ver se se pode salvar a vida»

El vecino ourensano del empresario asesinado en México vive cada muerte «coma se fose unha parte de nós»

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José Cortés, gallego emigrado en México: «Téñenme asaltado moitas veces. Estou vivo de milagro» Conocía a José González, el empresario ourensano asesinado en el país centroamericano en plena calle. Reconoce que los gallegos que viven allí tienen miedo y no descarta tener que volver a Galicia para salvar su vida

ourense / la voz

«Unha e mil veces pensas en quedar aquí, en non volver alá, pero acabas retornando, pois en México están os negocios e tamén está a túa familia». La reflexión es de José Cortés Antón, cuya casa en el pueblo carballiñés de Mesego está justo al lado de la del último asesinado de la comunidad gallega, José González. Se conocían, dice, pero no pasaba de ser la suya una relación de buena vecindad. De hecho, José se enteró del crimen de su tocayo y vecino cuando ayer salió de su casa y, con la confianza de ver una vecina en la puerta, se acercó a la entrada de la finca para preguntar qué estaba ocurriendo, que interés tenía él para la prensa. Su esposa es mexicana, no tiene hijos, pero suma varios sobrinos, «que están alí e alá volveremos».

En septiembre, tal vez en octubre, no recuerda, vio por última vez a su vecino. Cada uno hacía su vida. Y como ayer mismo decía Marisa Rodríguez, la empleada del bar situado prácticamente enfrente de la puerta del fallecido, no era una persona que se prodigara en las visitas. Lo conocían, sí, pero poco más.

El José que lo cuenta tiene 74 años. Lleva 55 en México. Emigró cuando tenía 19 recién cumplidos. Tiene grabada la fecha del 26 de marzo como la del principio de su nueva vida, el día en que dejó todo atrás para arrancar de cero. Es verdad, dice, que de la zona de O Carballiño, Beariz y Avión había ya entonces mucha gente, por lo que a cualquier lugar adonde se llegara había siempre una voz conocida. «Antes non era tan perigoso como é agora. Cada día é peor. Pensas moitas veces en deixalo, en volver á casa. De seguir así, sempre acabamos dicindo o mesmo: haberá que abandonar», dice este hombre, que se muestra abrumado por la noticia que acaba de recibir de la muerte de su convecino de Mesego. Aunque apenas lo conociera, forma parte de una comunidad que está unida por las raíces. «Este tipo de sucesos sempre os vivimos dunha maneira diferente, como algo propio: cada un de nós que matan é coma se fose unha parte de nós».

Cortés reside en Chihuahua. Su vida está en el sector de la hostelería. Su «negocito», según su propia expresión, es un hotel. Él mismo, según dice en la puerta de su casa de Mesego, al lado de la que construyó el último gallego caído en México por disparos, sufrió varios asaltos. «Eu mesmo estou vivo de milagre», afirma, después de haber padecido asaltos «infinidade de veces». Es el problema en el que todos piensan cada día. La falta de seguridad es el lastre de un país que, como resalta este hombre, «sempre nos deu moito, aínda que nós tamén temos correspondido, e mesmo moitos de nós estamos deixando a vida dunha maneira inxusta e sen sentido». Ahora le tocó a González, pero pudo ser él.

«Aquilo está moi mal. Comentámolo sempre que temos ocasión. A maioría dos que estamos alí e temos raíces aquí, que aproveitamos para vir e ver á familia, estamos preocupados pola situación, pero tampouco podes deixalo todo. É a vida. Quéreselle ben a aquilo, pero aquí tes a seguridade e a tranquilidade que non hai alá». José Cortés, como su vecina Julia Pérez, no saben qué ocurrió ni cómo perdió la vida José González. Ella, que tuvo comercio en O Carballiño, sabe que los emigrantes trajeron mucha riqueza. Y Manuel Prado, el alcalde de Beariz, habituado a enfrentarse a sucesos como el de este fin de semana, se muestra especialmente cauto. Llegan distintas versiones. Lo mejor es esperar a que se aclare. Aunque, sea como fuere, lo cierto es que otro ourensano fue asesinado en México.

José González, la última víctima, entre San Amaro, O Carballiño y Beariz

Al último gallego tiroteado en México apenas logran ponerle cara ni el alcalde de Beariz, Manuel Prado, que es el político que mejor conoce a la emigración gallega en América, ni tampoco Ernesto Pérez, el regidor de San Amaro, municipio del que era originario José González González y donde dos primos suyos mantienen vivas las raíces familiares. Uno de sus hermanos reside en Vigo y el otro está en Holanda. La madre del fallecido era de Montes, un pueblo de la parroquia de As Neves de Grixoa. El padre era de la parroquia vecina de San Fiz de Navío. Una parte de las propiedades familiares, construcciones de menos valor como alguna cuadra, acabaron en manos del exalcalde de O Carballiño Manuel Pachi Vázquez, que adquirió una gran extensión para sus caballos.

José González se casó con Josefa (Fifita) Gulías Barros, natural de Beariz. Tuvieron dos hijos, hombre y mujer. El varón falleció hace años en un accidente de tráfico. Ella conoce Galicia y Ourense.

En la capital de O Carballiño, ya más recientemente, había comprado José, al parecer, un piso. En las inmediaciones de la Alameda. Dicen que pensando en la vuelta. En la villa residen, en otro piso céntrico, las dos cuñadas de la víctima, Pilar y Ramona Paulino. Se negaron en redondo a hacer declaraciones. Los otros dos cuñados del asesinado son dos pesos pesados de la colonia gallega en México, José Manuel y Florencio Gulías Barros, actual presidente del Centro Gallego de México. Que en verano la víctima hubiera acudido hasta el municipio de Avión, solo o con su cuñado Florencio, para ver al vecino Olegario Vázquez Raña es más que probable.

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