El partido político soy yo

A excepción de Ciudadanos Galicia, que suma apoyos sin candidatos, el resto de fuerzas acusa los problemas de marca


santiago / la voz

Los partidos políticos son un problema en sí mismo. No es una opinión informada ni una interpretación, es la pertinaz respuesta de los españoles en la encuesta periódica del CIS, que sistemáticamente los coloca en el podio de los quebraderos de cabeza nacionales, solo por detrás del paro y de la corrupción, a la que contribuyen con decisión. Colores, siglas, logotipos... todo está en entredicho, y casi siempre restan.

El lastre viene de atrás y empezó carcomiendo primero a las formaciones tradicionales. El PPdeG lo vio transparente en las autonómicas y se jugó todas las fichas al candidato. Feijoo no generaba la más mínima duda de qué partido era, pero con la estrategia de minimizar los símbolos orgánicos consiguió responder por su gestión en vez de hacerlo por la de Rajoy. Le salió bien.

El BNG también hizo su particular incursión en el mundo del márketing, pero no tardó en darse cuenta de que el experimento de Nós -en las generales del 2015- fue un desastre. Desde entonces, la marca personal de Ana Pontón ha crecido más que la del propio Bloque, catapultada por los debates y las intervenciones parlamentarias. Pero incluso con la estreleira renovada después de tres décadas, siguen palpando su suelo electoral para tomar impulso.

Los socialistas gallegos también viven una sensación parecida a la frentista, pero al cuadrado. Los dos Caballero, Gonzalo y Abel, generan más agitación que su partido, uno por la novedad, y el otro por su rentable populismo localista. Serán, junto a los presidentes de las diputaciones, los únicos referentes válidos hasta que empiecen a darles collejas a sus colegas repartidos por los bancos de la oposición de toda Galicia, en los que se van haciendo invisibles pleno a pleno.

Iconos contaminados

«Lo mejor que podían hacer es refundarse y vender sus sedes, ¿quién le ve algo positivo a Génova o Ferraz?», se pregunta José Antonio Constenla, consultor de comunicación. Los profesionales que conocen los entornos políticos tradicionales se vuelven locos cada campaña para disimular sus pecados, y ahora asisten en Galicia a un fenómeno insólito: el goteo de votos hacia Ciudadanos, una marca en la que «cabe todo» menos el nacionalismo y que crece sin candidato autonómico ni alcaldables. No tienen prisa por desvelarlos «porque es un voto de protesta al PP», aclara el asesor político Santiago Martínez, quien también se apresura a puntualizar que el suflé podría venirse abajo si vuelven a fallar con el cartel, como ocurrió en las autonómicas. ¿Cómo se llamaba? Era floja, sí.

Otro costal es el de la harina orgánica de En Marea y de Podemos, inasumible para expertos y diletantes externos. Tras la patada por elevación al partido instrumental, los de Carmen Santos quieren inventar para las municipales el partido de conveniencia. Esto es, donde funcionó la «unidade popular», expresión secuestrada para la eternidad, dejará que los alcaldes mangoneen, y allí donde no les haya ido bien, sacarán la papeleta morada. Ferreiro y Noriega le han afeado la estrategia y creen que no es el momento de hablar de marcas. Son muy cucos, porque ambos saben que en A Coruña y en Santiago las marcas son ellos.

Multipartidismo y multigobierno

El Senado analizó esta semana un informe sobre el multipartidismo en los gobiernos autonómicos. La conclusión del trabajo es que no se ha evidenciado una grave inestabilidad política «más allá de que unos y otros hayan intentado hacer realidad sus intereses». Galicia es en estos momentos la única comunidad con mayoría absoluta, pero, como el resto, tendemos hacia arcos de representación con cinco colores. Los gallegos lo aceptarán con naturalidad, como siempre. Lo que han penalizado en dos ocasiones es el multigobierno.

Los animales son la sexta fuerza

Una viguesa, Laura Duarte, ha conseguido captar 15.000 votos en las últimas elecciones autonómicas gallegas; 40.000 en las recientes catalanas; y casi 300.000 en las generales del 2016. Residente en Madrid, es directiva y portavoz del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (Pacma), que se ha consolidado como sexta fuerza política en Galicia. Duarte confía en presentar candidaturas urbanas para las locales, y entre A Coruña y Vigo ya superó los 3.000 votos. Al loro.

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