El zapatazo de Beiras cumple 25 años

El nacionalista reaccionó calzado en mano contra la reforma electoral que Fraga llevó a cabo en 1993


vigo / la voz

Quizás la idea de unir su figura a la de un zapato en mano y pegar con ella al pupitre del escaño se la dio a Xosé Manuel Beiras el propio Fraga. Mirando hacia adelante con la cabeza sobre las manos y sin inmutarse, un día el político de Vilalba le espetó al líder nacionalista que sus discursos y protestas le recordaban al «zapateado» con el que el soviético Nikita Kruschev respondió en 1960 golpeando al atril de la Asamblea General de Naciones Unidas a las críticas del mandatario filipino a la estrategia de la URSS en la guerra fría.

La comparación no fue rechazada por Beiras, que incluso advirtió al entonces presidente de la Xunta que un zapatazo también podía resultar una manifestación «moi elocuente».

Pasados solo unos días de aquella disquisición de los dos veteranos políticos, Beiras levantaba uno de sus zapatos desde su escaño y golpeaba su mesa mientras apelaba a Fraga saltando por encima de la intervención con la que el socialista Ceferino Díaz condenaba, al igual que lo habían hecho los demás partidos, el golpe maestro que el presidente gallego acababa de asestar a toda la oposición al PP, de entonces y futura.

Ayer se cumplieron 25 años del zapatazo. Ya no queda en la Cámara ninguno de los otros 74 diputados que vivieron la escena. Pero sí queda y sigue vivo el motivo que alumbró a un Beiras que se haría cuatro años más tarde con el liderazgo de la oposición, al final, su techo.

Cansado de lidiar con cuatro grupos en la oposición (PSdeG, BNG, PSG-EG y Coalición Galega) Fraga pensó en elevar el listón electoral necesario para entrar en el Parlamento del 3 al 5 % del total de los votos, además de recortar los tiempos de intervención en la Cámara. Y meses antes de las elecciones de octubre de 1993, el PP llevó al Parlamento la propuesta. En la legislatura siguiente el Parlamento quedó reducido a tres platos: populares, socialistas y nacionalistas, nada más. Y así siguió hasta el 2012.

Pero en la jornada del zapatazo hubo reproches más duros que el gesto de Beiras, enrabietado por un Gerardo Conde Roa que sabía sacarle de sus casillas. El recientemente desaparecido Bautista Álvarez comparó a Fraga con Hitler y acusó al conservador de haber dado un golpe de Estado y hasta de ser el caballo del general Pavía, militar que acabó con la I República.

Así como quizás la idea del zapatazo se la pudo inspirar Fraga a Beiras, parte de lo que llegó a ser convirtiéndose en líder de la oposición le llegó al entonces referente del BNG gracias también al político conservador. La barrera del 5 % se convirtió en un muro infranqueable para multitud de formaciones, EG la primera. La imposible confluencia nacionalista llegaría por ello en 1997.

El espíritu del zapato resucitaría para escenificar esa obligada unidad de objetivos del nacionalismo y parte de la izquierda en el 2012, cuando Beiras fue reconocido como el líder que necesitaba electoralmente AGE. Sus seguidores le recibieron en su vuelta zapato en mano en un mitin en Santiago. Y con AGE, Beiras cambió el zapato por el puño, con el que golpeó el escaño de Feijoo en otro de sus definitorios y últimos gestos políticos.

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