Los salvadores de la anguila

Cada invierno, pescadores artesanales entregan a Medio Ambiente ejemplares de esta especie en peligro para trasladarlos por tierra y soltarlos después para desovar en el mar

Los salvadores de la anguila Pescadores artesanales entregan a Medio Ambiente cada invierno ejemplares de esta especie en peligro de extinción para trasladarlos por tierra y que lleguen así a poder desovar al mar. Así es el proceso en el embalse de Frieira.

lugo / la voz

La anguila es un pez que hasta la década de los sesenta era tan común en los ríos gallegos como la trucha, y con su historia de que iba a desovar y morir al mar de los Sargazos cautivó el imaginario colectivo de los gallegos. La aparición del microchip implantable permitió a los científicos certificar que la anguila es un misterioso animal que efectivamente nace en aquella zona profunda del Atlántico próxima a los Estados Unidos donde se aparean y nacen las angulas a partir de los miles de millones de huevos que ponen los adultos, que después morirán.

Las minúsculas angulas llevan escrito en su código genético que deben cruzar casi 8.000 kilómetros por el fondo del Atlántico para introducirse por la desembocadura de muchos ríos europeos y crecer y desarrollarse allí durante unos diez años. Pasado ese tiempo, como ocurría en los ríos gallegos, los adultos alcanzaban casi un metro de largo y unos tres kilos de peso e iniciaban el camino rio abajo, llegar al océano y viajar hasta el mar de los Sargazos para desovar y morir.

Pero este ciclo vital de miles de siglos se cortó radicalmente en Galicia en los años sesenta con la construcción de los grandes embalses en los ríos; porque las minúsculas angulas chocan contra sus muros de hormigón y mueren sin poder remontar.

En el Miño, la mayor debacle se produce en la presa ourensana de Frieira, la primera que se encuentran los alevines cuando suben desde del mar. Y aunque consiguiesen superarla, les esperarían más arriba otras presas cada vez más altas, hasta los casi 100 metros de muro que tiene la de Belesar, en Chantada. Por su parte, las anguilas adultas, cuando intentan descender hacia el mar, tienen que pasar por las turbinas de los embalses y son literalmente trituradas.

Pero en los últimos diez años la Xunta de Galicia, aprovechando al experto gallego Fernando Cobo y la colaboración de asociaciones de pescadores de caneiros, puso en marcha un ambicioso plan para salvar cada invierno a miles de ejemplares y que intenta que la extinción de la anguila -se calcula que solo queda aproximadamente un 1% de las poblaciones históricas- no llegue a consumarse.

Este año, como en los últimos veinte, la asociación O Carrual de Portomarín, capturó en los tradicionales caneiros -una especie de embudo construido con piedras en medio del cauce- una importante cantidad de anguilas adultas que bajaban con las lluvias. Entregó el porcentaje legal a los agentes de la Consellería de Medio Ambiente, que las introdujeron en un vehículo cisterna y las depositaron aguas abajo de la última presa, Frieira, para que pudiesen llegar a desovar al mar y mantener la especie. Los mismos agentes de la Xunta, unas semanas antes, habían capturado con redes o sacaderas, en la presa de Frieira, a miles de alevines que intentaban subir hasta Portomarín, salvándolos así de la muerte y permitiendo que la especie perviva en los riachuelos lucenses.

Según los datos del profesor Cobo, en los últimos años los Agentes de Medio Ambiente subieron un promedio de 270 kilos de angula al año (unos 150.000 ejemplares). Y la asociación O Carrual entregó otro promedio de 50 anguilas adultas cada invierno (unos 150 kilos), que se salvaron de las turbinas y pudieron salir del Miño al mar.

Cada caneiro en activo de la zona de Portomarín está obligado a ceder cinco anguilas de talla superior a 45 centímetros, y así lo hizo este invierno la asociación, formada por unas decenas de pescadores, que además de conservar los caneiros, mantienen en funcionamiento los batuxos o embarcaciones tradicionales de río, con las que pueden acceder a las trampas de piedra en mitad del río. «Sin ellos la desaparición de la anguila sería casi inevitable en Galicia», dice el investigador. El presidente de Carrual, por su parte, muestra cada invierno, a quien quiera verlo, la belleza de la milenaria pesca artesanal de anguila en el Miño.

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