Las gallegas cobran 5.000 euros menos

La brecha salarial las obligaría a trabajar 71 días más al año para igualar su salario al de los hombres

;
Las mujeres toman las calles de Vigo En una previa del 8 de marzo, mujeres de toda Galicia han participado este domingo en una multitudinaria manifestación contra la brecha salarial, la discriminación laboral y la falta de oportunidades

madrid / la voz

«Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social». El artículo 14 de la Constitución es claro: haber nacido hombre o mujer no puede ser motivo de discriminación, incluyendo la retributiva. Pero teoría y práctica no siempre coinciden y la brecha salarial -y todo lo que implica, como mayor precariedad laboral o una pensión menor- resalta como un elefante en el centro de un salón.

Aunque no haya unanimidad sobre su tamaño, nadie discute que existe y que se repite en todo el globo. Valga como ejemplo que en Islandia, referente en igualdad, entró en vigor en enero una ley que impone sanciones a las empresas de más de 25 empleados que no paguen exactamente lo mismo a todos los trabajadores que tengan idéntico puesto.

En España, los últimos informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) o la Comisión Europea han cifrado en el 17, el 14 y el 14,9 %, respectivamente, el porcentaje de la brecha, medida como diferencia en el salario medio bruto por hora que perciben hombres y mujeres.

Los datos de Bruselas fueron acogidos por el Gobierno con optimismo, ya que colocan a España por debajo de la media de la UE (del 16,3 %) y de países como Dinamarca (15,1 %) o Alemania (22 %). El porcentaje se traduce en que las europeas trabajan gratis dos meses al año comparadas con sus compañeros, «una injusticia escandalosa e inaceptable», según el vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans, que subrayó que «en los últimos años la brecha salarial por sexos no ha variado».

Sin embargo, aunque Eurostat nos coloque en una posición relativa mejor que la media, la calcula sin tener en cuenta variables como el tipo de trabajo, el sector y la jornada. Así, como el trabajo a tiempo parcial o las reducciones de horario afectan especialmente a las trabajadoras, cuando se incluyen en el cómputo la brecha salarial se dispara. Esto explica que estudios de otras organizaciones, como los sindicatos o los Técnicos de Hacienda, eleven hasta el 23 e incluso el 30 % el abismo retributivo medio del país. Y Galicia no es una excepción.

Problema estructural

«Es un problema estructural», resume Carmen Sabio, secretaria de Muller de CC. OO. en Galicia, que este lunes presenta un informe, mientras que su homóloga de UGT, Mónica Rodríguez, abunda en que «la brecha existe porque se infravalora el trabajo de las mujeres». No solo sufren una tasa de desempleo mayor, sino que, atendiendo a los últimos datos de la Encuesta de Estructura Salarial del INE, del 2015, las gallegas cobran un salario bruto anual de 18.093,26 euros de media, mientras que los hombres se acercan a los 23.190 euros. Perciben, por tanto, un 22 % menos (casi 5.100 euros) que sus compañeros o, lo que es lo mismo, tendrían que trabajar 71 días más al año para equiparar sus ingresos. «A realidade é abafadora: as galegas percibiron no 2015 un salario medio similar ao que percibían os homes no 2005», señala UGT en su estudio. ¿Qué explica esta desigualdad? La precariedad del empleo femenino. «El 75 % de los empleos temporales los ocupan mujeres y también copan el trabajo a tiempo parcial, lo que redunda en menos retribuciones. Son trabajadoras pobres. Además, los empleos feminizados se valoran menos: un barrendero cobra más que una limpiadora, por ejemplo», apunta Carmen Sabio, para añadir: «Las mujeres somos donantes de tiempo, y no por voluntad propia, pero somos más del 90 % de quienes piden reducción de jornada para cuidar a criaturas, enfermos o mayores. El coste económico de los cuidados, de lo que le ahorramos al Estado, no se valora».

«O peso que teñen os complementos no caso do salario bruto anual dos homes é de 762,66 euros máis que o das mulleres, o que supón unha brecha do 27,8 %», añaden desde UGT.

Todo lo anterior, con la maternidad como epicentro, redunda en carreras profesionales discontinuas y más cortas, que obstaculizan, cuando no impiden, la promoción a puestos directivos o de responsabilidad, donde las mujeres siguen siendo poco menos que excepciones.

Entre las consecuencias del desequilibrio hay que añadir que un salario menor da como resultado una menor prestación por desempleo y también una jubilación más baja. La de las gallegas es la más reducida del país: perciben casi un 40 % menos que los varones, una brecha que casi no ha variado en una década.

La Consellería de Economía pone foco sobre lo positivo y destaca que «Galicia avanza en igualdade». La brecha salarial está un punto por debajo de la media del país y disminuyó más de tres durante la crisis. Además, según la última EPA, la tasa de empleo femenino es la mayor de toda la serie histórica (desde el 2002) y, con casi un 59 %, rebasa a la española. Pero queda camino por recorrer, tanto que hasta el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, dijo «comprender» a las mujeres que hagan huelga el 8M. «Tienen que defender sus derechos, lo haría también la Virgen», aseguró.

Abismo educativo: 50 universidades y solo tres rectoras

Pilar Aranda en la Universidad de Granada, Nekane Balluerka en la del País Vasco y Margarita Arobix en la Autónoma de Barcelona. Solo tres. No hay más rectoras en las 50 instituciones públicas de enseñanza superior que existen en España, donde el 79 % de los cargos son ocupados por hombres, un porcentaje que en lo que se refiere al puesto de máxima responsabilidad se eleva al 93 %.

Son datos recogidos en el informe Científicas en cifras, que más que una brecha recogen un abismo. Cierto es que el número de catedráticas aumentó, pero solo hay una por cada cinco hombres.

«He renunciado a tener hijos para desarrollar mi carrera profesional»

mario beramendi
;
«He renunciado a tener hijos para desarrollar mi carrera profesional» Cinco mujeres nos hablan de sus problemas para conciliar vida laboral y familiar. Mujeres que cargan contra el sistema y reinvindican un cambio en el orden establecido. Mujeres que luchan por una sociedad más justa

Profesionales que desafían un mundo masculino hablan de sus problemas para desarrollar su trabajo y conciliar su vida

Solemos informar sobre la desigualdad entre sexos con números y porcentajes. En lo que cobran, en el tiempo que dedican a la familia, en la proporción de las que renuncian a cosas, pero detrás de los números, siempre fríos, hay personas. Mujeres que cargan con su historia, con su mochila de problemas. Mujeres que desafían el statu quo y que reivindican el cambio del orden establecido. Mujeres que luchan por una sociedad más justa. Y que dan ejemplo. He aquí su historia.

ana méndez, bodeguera

«España es un país que no ayuda mucho a las mujeres a conciliar»

Trabaja en el sector vitivinícola, vinculada a la parte comercial, en una empresa familiar, y su historia es un fiel ejemplo de que ser mujer casi siempre obliga a tomar decisiones difíciles que los hombres ni se plantean. «He estado en la parte de exportación, lo cual me ha influido negativamente mucho a nivel personal porque he renunciado a tener hijos para desarrollar mi carrera profesional», reconoce. Ana Méndez recuerda que cuando una persona dedica gran parte de su tiempo a viajar por trabajo es muy difícil tener familia. «Yo no tenía cobertura familiar para dejar a mis hijos, y es una decisión que muchas mujeres toman». Esta directiva sostiene que España es un país que no ayuda a las mujeres a conciliar, y recuerda que faltan guarderías en las empresas.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
17 votos
Comentarios

Las gallegas cobran 5.000 euros menos