Una nueva cuestión de Estado en Europa

l. g. v. REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Pilar Canicoba

Theresa May marcó la senda a Berlusconi, que busca el voto del electorado más jugoso con el Ministerio de la Tercera Edad

27 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Decía Gustavo Adolfo Bécquer que la soledad es preciosa cuando tienes a alguien a quien contársela. Como si quisiera agarrarse a la literalidad de esta frase, Jo Cox, la diputada laborista asesinada por un ultraderechista una semana antes del referendo del brexit, lideró una encarnizada lucha para conseguir ayudas que combatiesen en el Reino Unido la soledad, la pandemia del siglo XXI que afecta a nueve millones de personas en ese país. Meses después de su muerte, a raíz del informe de la comisión creada por la diputada, la premier Theresa May cogió el testigo de la propuesta y anunció, en enero, la creación de una Secretaría de Estado de la Soledad.

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Esta nueva cuestión de Estado, que mira especialmente a la población envejecida (más de dos millones de mayores están solos en las islas británicas), la liderará Tracey Crouch, actual responsable del Ministerio de Deporte en el Gobierno. Crouch llevará a cabo una estrategia para que, con los datos y estadísticas sobre la mesa, puedan iniciarse actividades que mejoren la calidad de vida de estas personas. No es para menos, ya que buena parte de este colectivo, como explicó May cuando sacó a la luz el nuevo departamento, «pueden pasar más de un mes teniendo solo una conversación con un amigo o un pariente».

Que las Administraciones públicas comiencen a tener entre sus prioridades este drama no es un capricho, pues numerosos estudios revelan los perjuicios de encontrarse solo cuando esta situación no es voluntaria. Según el informe de la comisión Cox, es más perjudicial que fumar 15 cigarrillos al día y aumenta el riesgo de mortalidad en un 26 % por las secuelas emocionales y físicas que acarrea (episodios de estrés que repercuten en el funcionamiento del sistema inmunológico o el aumento de hábitos nocivos como el consumo de alcohol). Por no hablar de las consecuencias económicas. Desde esta perspectiva, como mantiene el estudio La soledad en España, esta situación supone un empobrecimiento, bien porque las personas solas participan económicamente menos que el resto (apenas viajan ni disfrutan del ocio), bien porque son las instituciones públicas las que se tienen que encargar de este grupo poblacional.