Un chivatazo anónimo destapó la trama de prostitución de Lobios

El grupo utilizaba como escaparate páginas de contactos abiertas en Internet

Puente sobre el embalse de Lindoso
Puente sobre el embalse de Lindoso

ourense / la voz

Un anónimo enviado a Madrid desde Ourense puso a la policía sobre aviso. Advertía de la existencia de un grupo de personas que, a caballo entre Ourense y Lobios, empujaba a la prostitución a personas jóvenes. La alerta llegó de vuelta a la comisaría de Ourense, donde los anónimos han dado más de un quebradero de cabeza. En aquel caso, el suicidio de una joven en diciembre del 2016 aparecía como elemento de partida para tirar del hilo.

Las pesquisas permitieron comprobar que en ese gran escaparate que es Internet se podían encontrar referencias de personas que encajaban con un perfil que escondía no una actividad privada de oferta de relaciones sexuales, sino una estructura de prostitución. Levantado ayer el secreto de sumario, los siete detenidos -que de aperitivo ya tomaron la semana pasada dos noches de calabozo- podrán empezar a saber ahora de qué se les acusa. Hasta ahora, ni en comisaría ni en el juzgado de Bande, les dijeron qué había contra ellos. Por eso, siguiendo indicaciones de sus abogados de oficio, se negaron a declarar el jueves pasado. La fiscalía no pidió prisión y quedaron en libertad con la única exigencia de fichar mensualmente en el juzgado.

La investigación policial permitió corroborar que los ojeadores de la banda elegían a las mujeres en dos grupos muy concretos. Por un lado, personas con alguna discapacidad intelectual leve. Por otra, chicas con adicciones más o menos conocidas, que en la prostitución podían lograr ingresos para garantizarse fondos y atender las necesidades de liquidez.

Empezaron su actividad, al parecer en un piso del casco histórico de Ourense, aunque pronto cambiaron de escenario y eligieron una vivienda del lugar de Marás, en la parroquia de Grou, en Lobios. Era el lugar de los contactos, aunque, de acuerdo con las pesquisas, las chicas podían desplazarse -en traslados que prestaban los integrantes del grupo- a lugares donde se les reclamara. En ocasiones, al parecer, los contactos sexuales también podían desarrollarse al aire libre, en coches en lugares apartados.

La nota anónima enviada a Madrid puso sobre la pista. El suicidio de una chica joven en el embalse del Lindoso era la punta del iceberg, según apuntaba aquel escrito. La investigación posterior, entre mayo del 2017 y febrero de este año, permitió encajar las piezas. Quedó claro que las mujeres no estaban secuestradas ni estaban encerradas, pero sí prisioneras, según las conclusiones presentadas en el juzgado.

De edades comprendidas entre los 24 y los 57 años, a los siete detenidos les atribuye la policía no solo su implicación en la trama de prostitución, sino también estafa, pertenencia a grupo criminal y tenencia ilícita de armas en uno de los casos. Entre las irregularidades figuran altas presuntamente fraudulentas a la Seguridad Social para obtener beneficios de tipo fiscal y laboral en el bar que es propiedad de los hermanos Armando y Justo A. F., que utilizarían como testaferro a un ciudadano portugués, que en realidad no trabaja allí. En el presunto montaje participaban la esposa y el hijo de uno de los hermanos, que estaban dados de alta en el bar sin trabajar en él.

La policía reparte los papeles de los detenidos entre los dos hermanos que dirigían el grupo; una supuesta «mami» y un camarero con funciones de protector, ambos discapacitados. El papel de los demás sería menos relevante. De los siete detenidos, cinco tienen detenciones anteriores.

Este grupo se articuló, al parecer, a partir del conocimiento que uno de los detenidos tuvo del mundo de la prostitución al haber trabajado con frecuencia como taxista en un club de las afueras de Ourense.

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