La menor que «valía» 50.000 euros

Una adolescente huyó de Chiclana para vivir con su novio en Vigo después de que su familia la hiciese abortar. El padre cobró para dejarla casar, pero la boda se canceló


vigo / la voz

La de esta pareja es una dramática historia que parece sacada de una obra shakespeariana como Romeo y Julieta, con dos adolescentes enamorados y atrapados entre familias enfrentadas por una dote de 50.000 euros. El caso está ahora pendiente de un litigio entre un juez gallego y otro andaluz para dirimir quién asume el caso, dado que los supuestos hechos ocurrieron entre Chiclana y Pontevedra.

La investigación parte de la denuncia presentada en el 2016 por la menor de edad y su novio, ambos rumanos. Ella residía en Cádiz y él en Pontevedra. Según ambos, vivieron un calvario por la oposición del padre de la novia a la boda. El progenitor llegó a cobrarle la cantidad de 50.000 euros a su futuro compadre para conceder la mano de su hija. Los denunciantes mantienen que la boda se canceló, y que el padre de ella la encerró embarazada en un pueblo de Cádiz y la obligó a abortar. La joven relató a la policía que, una vez de vuelta a su hogar en Andalucía, su padre le impedía salir de casa y solo le permitía moverse para ir al baño, pese a estar embarazada.

Siempre según la denuncia presentada por la pareja, el padre de ella la agredía y humillaba en Chiclana y le decía que su embarazo no debía llegar a término. Finalmente, sus allegados la trasladaron a una clínica en el Puerto de Santa María y los médicos le practicaron el aborto en contra de la voluntad de la menor. La familia, asegura ella, la obligó a decir que era voluntario.

Tras el aborto, la chica se escapó a Vigo y luego a Pontevedra con su novio. Querían vivir juntos en un piso de Vigo, pero la familia la llamaba constantemente para recordarle que se oponía a esa relación. Su madre la localizó y la convenció para que se reuniese con ella en la estación de autobuses de Vigo con el fin de mantener una conversación mientras que, por otro lado, la familia amenazaba al novio con llevársela «pasara lo que pasara». Tres semanas después, la joven se citó en un bar de la estación de buses de Pontevedra con un tío suyo que se ofreció a mediar. Era una trampa: la esperaban nueve familiares varones, pero su novio intercedió y evitó que la metiesen en un coche.

La pareja denunció esos hechos en las comisarías de Vigo y Pontevedra. La joven explicó a la policía que su padre le pegaba y la encerraba porque desaprobaba la relación. Además, reveló que su progenitor exigió 50.000 euros al padre del pretendiente a cambio de consentir el noviazgo y que, tras cobrar la dote, se negó a concederle la mano.

El origen del calvario

Todo empezó en el verano del 2016, cuando la menor abandonó el domicilio de sus padres en Chiclana para viajar a Pontevedra y reunirse con su novio. Ambos eran pareja desde niños en Rumanía, y se separaron cuando sus familias emigraron a España. La de ella se asentó en Andalucía, y la de él, en Pontevedra. Allí fue donde el joven pidió la mano de la muchacha, pero el padre de la novia se negó. La pareja vivió separada por 959 kilómetros de distancia hasta que ella se fugó de casa.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Pontevedra renunció a la investigación de posibles maltratos y detención ilegal de la menor porque consideró que correspondía al juez de Instrucción número 3 de Chiclana de la Frontera, en Cádiz, donde residía la novia. Este no estuvo de acuerdo y recurrió al Tribunal Supremo, que acaba de ordenar al juez gaditano que asuma el caso porque en ese pueblo supuestamente sucedieron los hechos más graves, incluida una detención ilegal, maltrato y forzamiento a la práctica del aborto, delitos agravados por ser la víctima menor de edad.

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