«Somos las madres de los niños y de los abuelos»

Tres dominicanas relatan su día a día como cuidadoras y cuentan su esfuerzo por sacar a sus hijos adelante en Galicia

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redacción / la voz

 Antes de leer la historia de Belkis, Lili y María hay que coger aire para seguirles el ritmo de vida. No es fácil, pero al unísono responden que «todo es cuestión de organizarse, si se quiere salir adelante». Las tres llegaron a Galicia de la República Dominicana hace varios años en busca de un futuro mejor, y a las tres el futuro les dio la misma oportunidad: trabajar como empleadas de hogar asumiendo, además de la limpieza de la casa, el cuidado o de los niños o de los abuelos. Lili pisó Galicia por primera vez hace diez años, cuando tenía solo 20; María hace doce -hoy tiene 38-, y Belkis hace siete, cuando había cumplido los 33. Ella hoy tiene a sus hijos a su lado, pero en un primer momento tuvo que dejarlos en Santo Domingo, porque no podía hacerse cargo con su sueldo y sus horarios. «Con el tiempo conseguí reunirlos a los tres -a Besaida (16 años), a Luis (13) y a Luz (10)-, pero no vinieron todos a la vez; tuve que ir ajustándome porque estaba sola».

Entre Belkis, María y Lili suman siete niños propios, pero a estos hay que añadirles todos los que han cuidado y cuidan desde que están aquí. «Los sientes como tuyos también -dice María-; uno de los que atiendo tenía 2 años cuando lo conocí ¡y ahora va a acabar el colegio! Te implicas con ellos, los quieres».

Su cariño, su forma de ser paciente, su limpieza y su formalidad cree que son las cualidades que más reclaman los gallegos en un trabajo como el suyo. «La gente que te contrata te deja a tu cargo a sus seres más queridos, a sus hijos o a sus padres; buscan personas responsables que cumplan siempre, y nosotras lo hacemos. No nos gusta dejar las cosas a medias», indican. Y eso que también conocen los abusos. «A mí hubo un tiempo en que no me pagaron la Seguridad Social -apunta Lili-; me habían contratado para atender a una señora mayor, pero luego me exigían la limpieza de la casa por el mismo dinero».

Tanto Belkis como María trabajaron un tiempo internas (durmiendo con la familia) por un sueldo de 650 euros hace diez años. Hoy, alguna de ellas consigue llegar a los 1.000 euros desdoblándose para atender a sus hijos, su casa y su trabajo. Es el caso de María, que se ha trasladado a vivir a casa del señor de 88 años que está cuidando: «Es un hombre buenísimo, está enfermo, con demencia, no tiene hijos ni hermanos, solo una ahijada; pero le he cogido tanto cariño que para mí es como mi abuelo, no quiero dejarlo solo por nada del mundo, así que me llevo a Amy, mi hija pequeña, conmigo a dormir con él. Mi marido y mi otro hijo se quedan en mi casa», relata. «Para mí no es solo un trabajo, me fui implicando y sé que a él le da la vida. A mi Amy siempre la reconoce, ella me lo quiere mucho». «Al final nosotras somos las madres de los niños y de los abuelos», añade. «Los atendemos a todos, nos da igual cambiarles el pañal a unos o a otros», responde a su lado Lili. 

Un horario imposible

María relata su día a día con precisión, pero no tiene agenda donde apuntar. Está todo en su cabeza: «Me levanto a las 8.00, le doy el desayuno a la niña y la llevo al cole. Vuelvo a casa del señor, lo ducho y lo dejo en la cama. A las 10.30 voy a otra casa, hago la compra y a las 13.00 vuelvo para darle la comida. A las 14.00 paso por mi casa para atender a mi marido y a mi otro hijo. A las 15.30 recojo a la niña del cole, descanso un poco (dos días por semana atiende a un niño y le limpia a otra familia), y a las 19.00 le doy la cena al señor. Después vuelvo a mi casa a las 20.00, les doy la cena a los niños y a mi marido; y alrededor de las 21.30 regreso para dormir con mi hija y cuidarlo a él».

Este ritmo maratoniano es habitual en ellas, aunque son conscientes de que las familias para las que trabajan también lo llevan. «Es una cadena: si yo no llego a las ocho a trabajar, mis jefes no pueden ir al suyo: tienen dos niños y trabajan mucho», dice Belkis.

¿Y a vosotras, quién os cuida a vuestros hijos? «A mí me ayuda mi niña mayor, de 16 años, se hace cargo de todo, pero entre nosotras nos apoyamos», responde. «Hay gente muy buena aquí también, a mí me dejaron llevar a mis niños, cuando eran bebés, a alguna casa», dicen Lili y María, que reclaman más apoyo a su profesión: «Trabajamos como ingenieras, muchísimas horas, estamos aseguradas, y sin embargo no tenemos ni siquiera derecho a paro, eso no es justo».

Ninguna se plantea la vida sin hijos y creen que si se quiere siempre se puede: «Si nosotras los hemos sacado adelante, sin abuelos y con todo en contra, imagínate. ¡Si aquí te pagan por tenerlos! Los gallegos se lo piensan demasiado y eso no es bueno», señalan.

El coraje, la paciencia y el cariño de Belkis, Lili y María, visto su día a día, está más que demostrado.

El dato

En Galicia son 3.077. Según el INE y la Seguridad Social, hay 1.256 hombres y 1.821 mujeres. Afiliados están 920, de ellos 215 en el régimen de empleados de hogar. A esta profesión se dedican en Galicia 2.578 extranjeros de fuera de la UE (la mayoría brasileños, colombianos y dominicanos).

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