Solo Mónaco tiene menos hijos que Galicia

La comunidad necesita crear 30.000 nuevos hogares y estabilidad laboral para tener más niños

Da igual el país que busque en el mapa. Absolutamente todos los del mundo menos uno tienen índices de natalidad superiores al de Galicia. Solo Mónaco, 19 veces más pequeño que A Coruña y con una población a la que llegan vidas ya hechas, tiene menos proporción de hijos que Galicia: 6,5 por cada mil residentes en el principado por 7,03 en la comunidad gallega. Esa falta de infancia en Mónaco le lleva a ser también el país con mayor edad media del mundo, y en eso Galicia (46,7 años) vuelve a la cola, pues solo la rebasan Japón y Alemania.

La caída en la natalidad está condicionando el futuro de Galicia y subrayando el consiguiente envejecimiento de la población. De las 2,66 millones de tarjetas sanitarias públicas de la comunidad, 651.940 pertenecen a mayores de 65 años, es decir, uno de cada cuatro habitantes está en edad de jubilación.

¿Por qué no tenemos hijos?

Inseguridad laboral y económica La antropóloga catalana Bruna Álvarez considera que parte del problema radica en que la mujer se ha ido incorporando al mundo laboral, pero el hombre no lo ha hecho a los cuidados, «y ese desequilibrio perjudica a la mujer». La falta de políticas de Estado que permitan rebajar el peso de los cuidados a los niños y hasta la propia liberación de la mujer inciden para Álvarez en la decisión de postergar o renunciar a tener hijos, a controlar la fertilidad en edades fértiles y a ponerse en manos de sistemas reproductivos cuando socialmente se le permite a las mujeres tener hijos. «Se han disasociado los ciclos vitales biológicos y los sociales», apunta.

El ecosistema social no lo facilita», estima el demógrafo Carlos Ferrás. Alto envejecimiento; un mercado laboral escaso; salarios bajos; emigración continuada de juventud cualificada; horarios comerciales y laborales «sinsentido» y una sociedad acomodada, dibujan para el profesor de Geografía Humana la radiografía de la caída natalicia gallega.

La emigración continuada que Galicia produce desde el siglo XIII, incluso en etapas de bonanza económica, han acabado con el excedente de población y ha ido recortando el volumen de los grupos de edad reproductivos, añade el sociólogo Santiago González Avión. La incertidumbre que provoca la falta de estabilidad laboral es la clave para el catedrático de Sociología Antonio Izquierdo Escribano. «Se prolonga en el tiempo la formación y se eterniza conseguir un empleo digno», abunda.

¿Se puede revertir?

Conciliación y captación. Para Izquierdo sería extraordinariamente difícil devolver a Galicia al crecimiento natalicio, «pero frenarlo no es imposible», asegura. Conseguir acercar la maternidad deseada con la real, es la clave para él, para lo que señala habría que reducir la desigualdad entre sexos; incentivar el sentido de comunidad frente al individualismo y, sobre todo, dar seguridad en el trabajo, con incluso más relevancia que la del salario. Y, además, atraer población foránea. «Tenemos que convertirnos en un país que ofrezca oportunidades y garantías», dice.

Coger lo mejor de los modelos demográficos de éxito como el francés, irlandés y nórdico es la vía de mayor garantía para Bruna Álvarez. Políticas de conciliación, con leyes efectivas que garanticen la flexibilidad en el trabajo, tiene que ser la vía. Y, además, generar servicios de apoyo a la crianza, como en Inglaterra. «En España hay una construcción fuerte de que o eres madre o eres trabajadora, aunque la mayoría de las madres trabajen», atestigua Álvarez.

Un pacto de Estado y seguir el modelo fiscal francés es una necesidad según González Avión. El Estado galo no toma a los hijos como elemento de deducción fiscal, sino que cuenta a cada hijo como un contribuyente más y pondera los ingresos entre todos los miembros de la familia favoreciendo el acceso a ayudas, alquiler de viviendas, becas... «As grandes vantaxes fiscais acaban reducindo o atractivo de non ter fillos, e telos termina sendo alí unha inversión», dice el sociólogo.

Carlos Ferrás, como Bruna Álvarez, se decanta con claridad por avanzar en medidas que faciliten la crianza de los niños, además de atraer inmigración.

¿Cuántas familias tendría que captar galicia?

Vía inmigración. Los cálculos de Ferrás Sexto elevan a 30.000 el número de hogares que precisaría crear la comunidad hasta el año 2031, solo para mantener el nivel actual de la población de Galicia. Al ser la familia tipo de 2,6 miembros, Ferrás estima que sería necesario atraer a unos 78.000 inmigrantes, unos 6.000 al año. «Y claro que se puede hacer. Hay en Galicia 300.000 viviendas vacías, 3.800 aldeas abandonadas y un alarmante déficit de población activa», recuerda, «pero para que sea posible hay que tener una política migratoria bien definida».

El sociólogo Santiago González no cree, en cambio, en un número mágico. «Só con traelas non arranxamos nada e ata podemos empeorar a situación dos servizos sociais», advierte poniendo de manifiesto el riesgo de que esas familias captadas acaben emigrando. «Ou atinamos en arraigar á mocidade, crear emprego xuvenil de calidade, oportunidades de emprego para os xoves e que fagan aquí carreira, ou os que podan vir tamén marcharán», augura.

¿quién cuidará de nosotros?

Especialización. Que la esperanza de vida sea cada vez más elevada en Galicia «es un logro de la sociedad», mantiene el gerontólogo José Carlos Millán Calenti. «A las personas con 65 años desde luego ahora no las considero viejas, ni a las de 70», dice el además director del grupo de investigación en gerontología de la Universidad de A Coruña. Lo que sí advierte es que fruto de ese envejecimiento, la población mayor es cada vez más delicada y tiene más posibilidades de enfermar.

Desde su experiencia, «mi primer consejo es que trates de cuidarte por ti mismo, porque eso va a significar que eres una persona independiente y autónoma». Millán estima, eso sí, que ya se sabía que la edad de la población iba a aumentar, y que por tanto se hubiera podido diseñar un plan de cuidados en el domicilio para prolongar en lo posible la autonomía de cada mayor.

Para él, los servicios de apoyo actuales «son demasiado clásicos y centrados en actividades domésticas», cuando a su juicio debieran haber avanzado en enseñar a cuidarse a los mayores individualmente o en pareja.

«El concepto de atención a los mayores tiene que ser más positivo y también dejar de pensar en el modelo de residencias para el resto de la vida, sino en centros en los que podamos intervenir sobre los mayores para seguir dándoles calidad de vida y hacer posible su retorno a casa».

Especializar los centros por dolencias, que incidan en evitar que estas avancen y rebajen la salud del mayor, es otra de las propuestas de Millán Calenti, contrario a centros de mayores generalistas, al tiempo que cuestiona la ausencia de médicos geriatras en los hospitales. «Solo hay esa figura en el hospital de Lugo, en el Meixoeiro de Vigo, y poco más», lamenta.

¿Ayuda fusionar concellos?

Simplificar y grandes villas. Las fusiones de Oza y Cesuras y de Cerdedo con Cotobade no han evitado que sumados sigan perdiendo residentes, pero para el demógrafo Carlos Ferrás «es preciso simplificar, jerarquizar y organizar un mapa político administrativo» que apenas ha cambiado en dos siglos. Portugal tiene 308 municipios y Galicia 313. «Necesitamos un mapa eficiente y crear potentes municipios con un mínimo de 30.000 habitantes y un centro bien dotado», reclama.

Tierra y ayuda en Acebo

Acebo, con 590 residentes, forma parte de la lista de municipios en peligro de desaparición. Para evitarlo, el propio pueblo se ha propuesta atraer nueva población ofreciendo tierras, ayuda y asesoramiento para trabajarlas, y ha dotado al plan con 70.000 euros. Se interesaron 800 personas y se han seleccionado 30 proyectos.

La resistencia de Mondoñedo

jorge casanova
La resistencia de Mondoñedo Mientras el censo del ayuntamiento sigue cayendo, varias familias numerosas cuentan a La Voz de Galicia las ventajas de vivir en esta villa del interior lucense

En medio de la inexorable contracción del censo, la ciudad muestra pequeños milagros

Cuando comenzaba el siglo XX, Mondoñedo, sede episcopal y vieja capital de provincia del Reino de Galicia, contaba con más de diez mil habitantes. Mirando hacia la plaza de la catedral, aún se puede imaginar el bullicio de la ciudad orgullosa de su pasado, repleta de burgueses, curas y campesinos. Pero si se pincha la ensoñación, lo que queda en la plaza es un desangelado mercadillo con más gente vendiendo que comprando. Poca en ambos casos. «Morren os vellos e marchan os xoves», sentencia el frutero, un poco aburrido. Es uno de los que montan el puesto cada jueves y cada domingo: «Para o que me queda, xa non vou cambiar», dice el hombre, de 62 años y de nombre Ramón Piñeiro. Aquí, en Mondoñedo, todo es así de simbólico.

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La pirámide de población gallega ya no es una pirámide: es un jarrón

La franja infantil y juvenil es menor ya que la de los mayores y se han perdido 103.000 vecinos desde 1981

c. punzón

Al concluir 1981 Galicia alcanzó el mayor volumen de población de su historia. La pirámide de edad gallega era entonces casi perfecta. Su base era la más fuerte del dibujo estadístico con 875.000 personas entre cero y 19 años. Uno de cada tres gallegos era joven. Hoy, tan solo 36 años después, Galicia se ha quedado sin pirámide poblacional en sentido estricto. La estructura que proyecta la composición de los grupos de edad de la población ha adoptado el perfil de un jarrón en el que el mayor peso y dimensión se concentra en el medio, en la franja de 35 a 54 años.

Los baby boomers, los nacidos con la explosión natalicia de finales de los años sesenta y primera mitad de los setenta, son mayoría como lo fueron en su infancia, e igualmente son casi uno de cada tres residentes en Galicia, pero con 36 años más encima.

Y por debajo, el desastre. La base del dibujo, la de los grupos de edad que hay de cinco en cinco años por debajo de los 35 es más estrecha que la que se proyecta por arriba con los mayores de 54 años. Dicho de otra forma, en Galicia hay más personas mayores de 85 que menores de cuatro años; hay más residentes de entre 80 y 84 que entre 5 y 9; hay más de entre 75 y 79 que de entre 10 y 14... no hay escalón y su contrario de más edad en el que no se dé esa relación.

Pero como la demografía es casi una ciencia exacta a la hora de anticipar lo que vendrá, excluyendo la incidencia de posibles desastres naturales, grandes sucesos o guerras, hoy ya sabemos, como se sabía hace tres décadas, que todo irá poblacionalmente a peor.

El jarrón en el que se convirtió la pirámide demográfica será tan solo dentro de 18 años lo más parecido a un paraguas o una sombrilla. La base se estrechará aún más y el peso se concentrará entonces arriba, entre los 50 y 69 años, pero con una población en edad de jubilación que pasará a ser un tercio de una Galicia en la que el censo habrá bajado además a 2,4 millones de habitantes, en lugar de los 2,7 millones raspados de ahora.

De la primera pirámide de población del gráfico que acompaña esta información (la de 1981) a la de hoy (la segunda) Galicia ha perdido 103.607 habitantes y desde ahora hasta el 2031 la comunidad se quedará sin otros 241.000 residentes, nada menos.

Solo seis islas de juventud

Que no hay relevo, es evidente. Pero se ha extendido tanto el llamado invierno demográfico por toda la comunidad que ya solo quedan seis concellos que tengan más jóvenes que ancianos entre su vecindario. Ames, Arteixo, Culleredo, Oroso, Salceda y O Porriño son los únicos reductos donde la infancia aún pesa más que el envejecimiento.

De 212.000 menores de cuatro años que había en 1981, se pasó ahora a contar con solo 99.000 y habrá en trece años tan solo 65.000. En la otra esquina de la ya mal denominada pirámide, de 24.000 mayores de 85 años se ha pasado a 116.000 ahora y se prevén 151.000 en la proyección a poco más de un decenio de margen.

Diez concellos no registran ningún nacimiento y 87 no superan los cinco al año

C. Punzón

Las esperanzas de repunte se concentran en las villas de tamaño medio ubicadas en el entorno de las ciudades

El año que España dejó atrás la dictadura nacían cada día en Galicia 120 niños. Ahora tan solo 52 por jornada. De casi 45.000 alumbramientos al año de entonces se ha descendido a 19.000 y seguimos descendiendo.

Ya son 10 los municipios donde no ha nacido ningún niño en el último año analizado por los institutos demográficos, cuando un año antes solo eran cuatro. Y en otros 87 no se superan los cinco alumbramientos por año. Sin ni uno se han quedado Negueira de Muñiz, Ribeira de Piquín, Ribas de Sil, Muras, San Amaro, A Teixeira, Pontedeva, A Gudiña, Vilariño de Conso y Cerdedo-Cotobade.

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