Javier Sandomingo: «Los centros gallegos fueron un apoyo imprescindible para los emigrantes»

«El regreso del patrimonio del Centro Gallego a Galicia no sé si es imposible, pero sí es muy difícil», dice el embajador de España en Argentina


redacción / la voz

Javier Sandomingo (A Coruña, 1954) lleva casi cuarenta años, desde 1980, en la carrera diplomática, veinte de ellos en América Latina. Pese a haber pasado tanto tiempo fuera, no ha olvidado sus orígenes en la coruñesa calle del Sol y regresa a Galicia siempre que puede, al menos una vez al año: «No perdí el contacto ni el acento», dice. El pasado mes de junio fue nombrado embajador de España en Argentina, un país acostumbrado a recibir a miles de españoles y gallegos.

-¿Cómo son ahora mismo las relaciones con Argentina?

-Las relaciones entre los dos países en este momento son excelentes. Son siempre muy intensas, porque hay mucha relación de todo tipo, empezando por más de 400.000 nacionales españoles y muchas personas que tienen raíces en España y en Galicia en particular. Hay una presencia empresarial muy fuerte, somos el segundo inversor extranjero en el país, después de Estados Unidos. La cultura española está aquí tan presente como en Madrid. Pero además en este momento no solo hay una relación intensa, sino que la relación entre los dos Gobiernos es cordial, cercana y fácil. Es un buen momento para representar a España aquí.

-En el pasado hubo momentos más complicados en la llamada quinta provincia gallega.

-Sí, hubo momentos más complicados. Hubo Gobiernos anteriores que no siempre facilitaron la labor de las empresas españolas. Pero este es un momento dulce. Además, ahora mismo la situación económica no está mal.

-¿Es también un momento dulce para la colectividad española, y para la gallega en particular?

-El fenómeno migratorio ya acabó hace muchos años. Es verdad que siempre sigue viniendo gente, pero ahora es gente de otras características, ejecutivos de empresas, ingenieros, pero en cantidades no muy altas, no son los fenómenos de inmigración masiva que hubo en los primeros cuarenta o cincuenta años del siglo pasado. Consecuentemente, esa colectividad está un poquito de capa caída porque no se renueva. Es una colectividad con mucha presencia, que está muy activa, pero que está cambiando.

-Los centros gallegos siempre tuvieron mucha importancia, ¿la siguen teniendo?

-A veces hasta que uno no viene aquí no se da cuenta de lo que significaban las sociedades gallegas y españolas para quienes llegaban. Eran un instrumento de apoyo y de ayuda imprescindible. Si no hubieran existido, desde luego el fenómeno migratorio hubiese sido todavía mucho más triste de lo que fue. Aunque los Gobiernos argentinos siempre los acogieron muy bien, la ayuda de los centros gallegos era impagable, porque para gente que se había subido a un barco, procedente en muchos casos de una aldea pequeña y que llegaba a una gran ciudad como Buenos Aires, con 15-16 años, debía ser muy difícil empezar a andar sin la ayuda de los centros.

-Un referente en este sentido, el Centro Gallego, su sede, está ahora en venta.

-El tema del Centro Gallego es delicado, porque es propiedad de sus socios, y será lo que sus socios quieran que sea. El centro, que tiene incluso un hospital que en su momento fue referencia, lleva seis o siete años intervenido por el Gobierno argentino porque su situación financiera era muy mala. Ahora lo que se sometió a votación fue la posibilidad de venderlo a un grupo sanitario hispano-argentino. Hasta donde yo sé, la asamblea de socios sometió la venta a unas determinadas condiciones que los potenciales compradores no aceptaron, así que ahora está la cosa parada.

-Además del edificio, está el problema de su patrimonio artístico.

-Sí, hay una derivada, que es el patrimonio cultural y pictórico de la sociedad. Es un patrimonio importante para los gallegos, pero sobre todo es importante para los gallegos en Argentina. De todas maneras, tampoco creo que ese sea el mayor problema para la venta de la sociedad, porque el patrimonio pictórico es muy importante para la colectividad gallega, pero para una empresa privada que se dedica a la gestión de hospitales no lo es tanto.

-Muchas personas y colectivos reclaman que ese patrimonio regrese a Galicia. ¿Qué opina usted?

-Entre algunas comunidades españolas radicadas aquí hay cierta resistencia a esa idea, que por otra parte legalmente no sé si es imposible, pero sí que es muy difícil. Ellos entienden que es un patrimonio de los gallegos en Argentina y que donde tiene que estar es donde están los gallegos en Argentina, que es en Argentina. Hay opiniones para todos los gustos.

-En todo caso, ¿la embajada puede hacer algo?

-Nosotros mucho que hacer en eso no tenemos. Es una asociación que no sé si fue bien o mal gestionada, pero que llegó a incurrir en déficits inmanejables y la Justicia argentina decidió su intervención. La representación oficial española no tiene ninguna manera de intervenir en eso.

-Los otros centros gallegos, ¿son sociedades activas?

-Hay de todo, más y menos activos, en Buenos Aires y fuera de Buenos Aires. En Buenos Aires el centro más activo de la colectividad gallega es el Centro Galicia. Tiene un colegio, donde entre otras cosas se enseña gallego, un club campestre, muchas actividades.

-Le pregunto por otro tema siempre espinoso: el voto de los emigrantes.

-Lo que nos hace llegar la gente es su disgusto por que antes del voto rogado era más fácil votar y ahora es complicado. Es el Parlamento español el que ha decidido que este sea el procedimiento y mientras no se cambie, así es. Nosotros lo que procuramos es, en la parte que nos toca, que ni siquiera es mucha, gestionarlo de la mejor manera posible, para que quienes vean frustrado su deseo de votar sean los menos posibles. Yo llevo muchos años en América latina y la verdad es que no he podido votar casi nunca. Seguramente no hay un procedimiento perfecto para regular el voto de la gente que está en el exterior. Hay países que no lo aceptan, otros que tienen el voto en las embajadas y en los consulados. Mi experiencia es que los nacionales de casi todos los países se quejan, lo cual sugiere que la gente cree que los métodos son mejorables. No es fácil.

«El problema de Cataluña se ha vivido en la comunidad española con mucha zozobra»

Como diplomático que es, Javier Sandomingo es cauteloso y prefiere no pronunciarse sobre las en este momento complicadas relaciones entre España y Venezuela: «Lo lamento, pero yo no soy responsable de la relación con Venezuela y no puedo meterme». No esquiva, sin embargo, la pregunta sobre el conflicto catalán.

-¿Cómo se está viviendo desde Argentina la crisis de Cataluña? ¿Cómo la ven los gallegos y los españoles allí y cómo la ven los propios argentinos?

-El tema de Cataluña sí es un asunto en el que la colectividad española aquí es muy sensible y le preocupa enormemente, y sobre la que además se ha manifestado en muchas ocasiones. Argentina es un país amigo en el que las tesis independentistas no han tenido un eco grande. No voy a decir que no hayan tenido, pero yo creo que es muy limitado. A mí me parece que la mayoría de los argentinos, en primer lugar, no entienden bien lo que está ocurriendo allí, pero casi instintivamente apoyan las posiciones oficiales, que no son otras que reclamar respeto a las leyes y a la Constitución vigentes. El Gobierno argentino sí se ha pronunciado con toda claridad en varias ocasiones apoyando la unidad de España y el respeto al ordenamiento jurídico. Esto se ha vivido aquí entre la comunidad española con mucha zozobra, con un punto de incredulidad también, porque realmente a mucha gente le costaba trabajo creer que las cosas podían llegar hasta donde llegaron. También debo decir que hay una colectividad catalana, no muy grande, pero la hay, que imagino tiene unos puntos de vista distintos. Yo he tenido relación con ellos, pero la verdad es que desde que este tema se complicó ellos han optado por mantener una cierta distancia.

-Hace días, las autoridades argentinas interceptaron un barco gallego, el «Playa Pesmar Uno», al que acusan de pesca ilegal en sus aguas, ¿cómo está el tema?

-En este momento las autoridades argentinas investigan las circunstancias del caso. Entre otras cosas, y en colaboración con las autoridades pesqueras españolas, analizan la posición del buque y su derrota para aclarar el momento del apresamiento. Nuestro cónsul general en Bahía Blanca se ha trasladado a Comodoro Rivadavia para prestar a los tripulantes la ayuda que necesiten; trece de ellos son gallegos y todos están bien, sin haber sido detenidos en ningún momento.

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