Cambados viaja en el tiempo a los años noventa y revive su historia más negra

Las grandes redadas y los capos de la droga parecían cosa del pasado, pero la villa no logra sacudirse este lastre

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cambados / la voz

La detención de Sito Miñanco y la operación Mito han devuelto a Cambados a los años noventa. Hacía tiempo que no se desarrollaba en la localidad un despliegue policial de tal magnitud: registros a plena luz del día, perros policía por las calles, un helicóptero sobrevolando el pueblo y un regimiento de periodistas. La villa del albariño volvió a ser el objetivo de las cámaras, otra vez, por culpa del narcotráfico. Lleva siendo así desde hace casi tres décadas, cuando Garzón desembarcó en Arousa para dirigir la operación Nécora, en la que cayeron muchos de aquellos que empezaron con el Winston de batea y se pasaron al hachís y a la cocaína. El más mediático acabaría siendo un cambadés, Laureano Oubiña, que ya ante el tribunal de la Casa de Campo dejó su impronta, encarándose con los jueces y contando aquello de que guardaba el dinero en la viga. A su vecino Sito Miñanco no lo pillaron en aquella ocasión. Tuvieron que pasar cuatro años para que lo detuvieran por un alijo de cocaína por el que acabaría con sus huesos en la cárcel.

Para entonces, Cambados ya se había convertido en la capital del narcotráfico y Arousa se había ganado el sobrenombre de la Sicilia gallega. Había razones para establecer este paralelismo, porque la sangre ya teñía los caminos. Hubo crímenes en los ochenta, pero los asesinatos a tiros de Daniel Carballo, Danielito, en un pub de Vilagarcía en 1993, y de su tío Manuel Baúlo en Cambados en 1994, marcaron un punto de inflexión al que siguieron secuestros, extorsiones y persecuciones de película por tierra y por mar. La comarca se convirtió en un vivero para alimentar titulares de periódicos y telediarios, para escribir libros e inspirar algún guion de cine también. Hasta Manquiña suspiraba por volver con Carmiña a Cambados en la célebre película Airbag.

La estela de la historia más negra de la ría se arrastra hasta nuestros días, con nuevos títulos en las librerías y un bum televisivo que el año pasado atrajo a José Coronado a rodar a tierras arousanas historias de narcos y de policías.

Parecía que todo aquello había quedado atrás y solo cobraba actualidad en la ficción, pero la realidad se impone y el lunes Cambados apareció tomado por agentes uniformados haciendo registros a diestro y siniestro bajo las órdenes de la Audiencia Nacional. Fue la vuelta de la localidad al pasado menos amable, y dejó un sabor amargo en el pueblo. La actualidad más escabrosa vuelve a empañar el esfuerzo que están haciendo las instituciones por proyectar Cambados como destino turístico de primer orden y su imagen cosmopolita como ciudad europea del vino.

Hay más lecturas. Maricarmen Durán, una de las pioneras en el movimiento de madres contra la droga nacido en los años noventa bajo la bandera de Desperta, recordaba ayer que, si hay operaciones y detenciones, es porque la droga y el delito siguen estando en la sociedad y echa de menos una mayor implicación de los poderes públicos para combatir esta lacra. «Hai que preguntarse por que se repiten este tipo de cousas. Estase aplicando realmente a lei e a incautación dos bens? Se é imposible rehabilitalos, hai que facerlles un seguimento. Arredor de Miñanco hai moita xente que non se está investigando. O tráfico de drogas continúa, doutra forma, menos ostentosa pero máis efectiva», señala. Y alude a la responsabilidad de los políticos para aislar a los narcos y para dar alternativas a los jóvenes con el fin de evitar que caigan víctimas de los clanes, bien como mano de obra, bien como consumidores.

En los círculos antidroga no sorprendió la detención de Prado Bugallo. Al juez José Antonio Vázquez Taín -que entre 1999 y el 2005 se convirtió en el azote de los narcos desde los juzgados de Vilagarcía- le causó, además, tristeza. «Non queda máis solución que velos na cadea. Os grandes capos sono ata a morte ou acaban no cárcere, ninguén se rehabilita. Mudaron as vías de entrada da droga, pero son os mesmos». En su opinión, Arousa nunca dejó de ser tierra de narcotraficantes, y la última operación demuestra que algunos nunca tiran la toalla.

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