As Catedrais, insólita playa sin arena

Los temporales dejan a la vista buena parte de su lecho de piedras y cantos rodados

As Catedrais, insólita playa sin arena Los temporales dejan a la vista buena parte de su lecho de piedras y cantos rodados. Es un escenario efímero, porque con el paso de las semanas el mar, el mismo que la desnuda estos días, volverá a vestirla con un manto de arena.

ribadeo / la voz

La playa de As Catedrais, en Ribadeo, muda otra de sus pieles de serpiente y muestra estos días otra de sus caras, más ruda pero por inhabitual no menos hermosa, la que asoma cuando se suceden grandes temporales y el mar retira miles de toneladas de arena, dejando a la vista el lecho rocoso y un manto de cantos rodados.

La playa de As Catedrais más íntima, lejos de las avalanchas de turistas del verano, es también estos días un espectáculo, suscitando todo tipo de comentarios, de la sorpresa al elogio. Es un escenario efímero, porque con el paso de las semanas el mar, el mismo que la desnuda estos días, volverá a vestirla con un manto de arena, con un ritual que se repite desde hace miles de años.

Hoy, el rellano final del acceso a la playa cuelga literalmente del aire. Esa es la zona donde se aprecia con más nitidez el efecto de los temporales. A lo largo del arenal, las piedras asoman como largas costras en la piel. En algunos pasillos y cuevas se acumulan los cantos, pero la zona de los arcos, la más popular y fotografiada, a pesar de la gran cantidad de arena perdida, conserva su imagen habitual.

En un día de lluvia, con el mar golpeando, sobrecoge la aparente fragilidad de la playa. Como una advertencia, el promontorio más próximo al acceso luce en lo alto el desgarro que tuvo hace pocos años, un desprendimiento con el que cayó a la playa gran cantidad de tierra y piedras. No lo provocó el mar. Fue la lluvia y el viento. Los últimos estudios de geólogos apuntan que el mayor riesgo para la conservación de As Catedrais no está en las mareas y en los temporales, sino en la erosión por las aguas de escorrentía, la infiltración de la lluvia en las rocas, derrumbamientos del acantilado... y el efecto del hombre.

La playa, uno de los grandes iconos turísticos de Galicia, a merced del tiempo, del mar y del ser humano, sigue siendo un escenario cambiante. Estos días, le toca al mar hacer su obra. «Isto é algo da dinámica natural das correntes. É cíclico; o mar todo o que leva volve repoñelo. Non hai ningunha dúbida de que para o verán estará coma sempre. Isto non é algo inédito. Se cadra este ano o efecto é maior que outros anos, pero o home non pode combater isto, porque de feito As Catedrais son así por acción da natureza. ¿Agora vaise todo? Pois si. Pero xa volverá. O mar quita a area e o mar volverá traela. Esta non é a praia da Concha; non se pode facer nada e, de intentalo, ademais, sería ilegal», dice el alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez. Y añade, en una velada invitación a visitar el arenal: «Estes días haberá que ter máis coidado para non escorregar polos penedos, pero a cambio pódese apreciar mellor a costa, porque hai unha cota menos cinco, e vese toda a maxestosidade das furnas, arcos...».

Episodios similares se dan en otras playas de A Mariña lucense. Al lado de As Catedrais, en Barreiros, la playa de Arealonga se ha convertido en un enorme pedregal de casi un kilómetro de longitud. Es un escenario más áspero, lejos del de As Catedrais, siempre sobrecogedor.

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