El PP no tiene antídoto para Ciudadanos

Los errores cometidos por la vicepresidenta del Gobierno dejan solo a Feijoo en caso de que Rajoy recapacite y decida no continuar


Madrid / La Voz

Los acontecimientos de la pasada semana han puesto de manifiesto que los dos grandes problemas que amenazan al PP, por encima incluso de los graves casos de corrupción con juicios pendientes, son Cataluña y Ciudadanos, que vienen a ser en realidad un mismo y único problema. En Génova y en Moncloa siguen dándole vueltas a las causas por las que los de Albert Rivera acaban siempre beneficiándose electoralmente de las medidas que toma el Gobierno sin asumir el coste político que llevan aparejadas, que acaba cargándose en la factura del PP. Ocurrió con la aplicación del artículo 155 de la Constitución a la que los naranjas se opusieron en un principio, con la convocatoria inmediata de las nuevas elecciones autonómicas en Cataluña, que Ciudadanos quería aplazar hasta el 28 de enero -ayer mismo-, y todo indica que volverá a suceder con la suspensión de la investidura telemática como consecuencia del recurso presentado por el Gobierno ante el Constitucional.

Después de mucho tiempo ninguneando y menospreciando a los de Rivera, en el Gobierno y en el PP se observan ahora claros síntomas de nerviosismo ante unas encuestas que, tras el batacazo popular en Cataluña, ya no parecen ser solo un suflé naranja destinado a desinflarse pronto. Ese nerviosismo se evidencia, por ejemplo, en el claro error de cálculo cometido por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, al excluir a Ciudadanos de las consultas previas para presentar el recurso ante el Constitucional, que sí pactó con el PSOE. Una estrategia con la que los dos grandes partidos -hasta ahora- pretendían sumar fuerzas para debilitar al rival común. Pero el resultado ha sido exactamente el contrario, porque Ciudadanos ha conseguido, gracias a ello, escapar del varapalo del Consejo de Estado al recurso presentado por el Gobierno y a la vez poder celebrar que el Constitucional aborte el esperpento de la teledemocracia que planteaba Puigdemont.

Sáenz de Santamaría empieza a ser vista por muchos en el PP como la principal responsable de que Ciudadanos siempre acabe ganando, haga lo que haga el Gobierno. Pero Mariano Rajoy prefiere seguir jugándoselo todo con la mujer en la que más confía, hasta el punto de haber situado como jefe de su gabinete a un sorayo pata negra como Luis Ayllón. Pero eso conduce a que el futuro de la vicetodo quede ligado al de Rajoy. En el PP dan por hecho que cuando se vaya uno se irá el otro, porque la número dos, sin apoyos ya de ningún tipo en el partido, ha quedado definitivamente fuera de la carrera por la sucesión. Como consecuencia, a día de hoy, Alberto Núñez Feijoo está más solo que nunca en esa quiniela. El problema es saber si esa hipotética sucesión llegaría a tiempo de frenar la torrencial sangría de votos que mana desde el PP a Ciudadanos. La última piedra de toque para saberlo serán las elecciones municipales de junio del 2019. Si Galicia se mantuviera ahí como un coto prácticamente inexpugnable para Rivera, frente al enorme ascenso que se prevé en el resto de España, Rajoy podría recapacitar su deseo de continuar para dejar que Feijoo tome las riendas e impida que el PP pierda la hegemonía del centroderecha.

Puigdemont es el héroe y Junqueras está ya olvidado 

La situación en Cataluña es a día de hoy tan incontrolable como impredecible, porque lo que ocurre no obedece a la lógica política, sino a cuestiones que tienen más que ver con lo irracional. Algo que se demuestra en el hecho de que Carles Puigdemont, un hombre que lleva meses huido de la Justicia y que parece mucho más preocupado de su situación personal que del futuro de Cataluña, es un héroe para los independentistas. Y, sin embargo, Oriol Junqueras, prácticamente el único de los protagonistas de la revuelta secesionista que ha mantenido la coherencia y está pagando por ello con la prisión, ha pasado a ser un personaje prácticamente olvidado con el que nadie parece contar para nada. 

El centroderecha crece y la izquierda pierde terreno 

Las encuestas que sitúan ya a Ciudadanos como la primera fuerza política a nivel nacional son sin duda un quebradero de cabeza para el PP. Pero los sondeos tienen una segunda lectura. Esos estudios indican que la suma de Ciudadanos y el PP superaría el 50% de los votos en unas hipotéticas elecciones generales, mientras que la suma del PSOE y Podemos se quedaría en poco más del 36 %. Eso indica que el centro derecha, a pesar de la lucha encarnizada entre los dos partidos que la representan, crece cuatro puntos respecto a las elecciones del 2016, mientras que la suma de los dos partidos de izquierda pierde siete puntos sobre aquellos comicios y sigue sin ser vista como una alternativa.

El pacto de los Caballero es un acuerdo de interés mutuo 

El entusiasmo y la efusividad que se pudo observar en la supuesta reconciliación del alcalde de Vigo, Abel Caballero y su sobrino y nuevo líder de PSdeG, Gonzalo Caballero, fueron perfectamente descriptibles. Se trata sin duda de un movimiento forzado por el interés mutuo. El secretario general de los socialistas gallegos tiene ya claro que para hacerse con el control del partido tendrá que tener mano izquierda con todos, incluido su tío. Pero, ¿que gana Abel Caballero? Ni su candidatura, ni su triunfo en las próximas municipales parecen correr el más mínimo riesgo. Pero lo que no está tan asegurado es que la Diputación de Pontevedra tenga que seguir en manos de su fiel Carmela Silva.

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