Doscientos padres gallegos denunciaron a sus hijos por maltrato

maría santalla / lucía vidal REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Lucía VidalDaniel R. PortelaSenén RoucoDaniel Portela

Los menores cometen cada año unos 2.500 delitos y el 85 % son graves. Dieciséis adolescentes fueron juzgados en un año por violencia machista

29 ene 2018 . Actualizado a las 10:59 h.

«Notamos un auxe da violencia no ámbito familiar. E ultimamente tamén casos de violencia de xénero». La frase la pronunciaba esta semana Julio Barreiro, director de la asociación Arela, que gestiona un centro de intervención educativa en medio abierto. Barreiro hablaba de su experiencia cotidiana, y los datos estadísticos le dan la razón. Según la última memoria de la Fiscalía, el 12 % de las infracciones penales cometidas por menores tienen que ver con la violencia familiar. El balance, referido a Galicia y al año 2016, recoge un total de 2.129 delitos atribuidos a menores a lo largo de ese ejercicio (2.520 si se incluyen los delitos leves). De esos 2.129, un total de 258 fueron violencia familiar. 242 de estas denuncias fueron por agresiones físicas o psicológicas cometidas en el ámbito doméstico, presentadas en su mayoría por padres que denunciaron ser maltratados por sus hijos. Las 16 denuncias restantes fueron por violencia machista.

«Los métodos educativos son clave en el fenómeno creciente de la violencia, también en la ejercida de hijos a padres. Padres que por temor a traumatizar a sus hijos no ponen límites adecuados a tiempo o familias en las que hay una permisividad muy grande. Esos límites se buscan fuera, aunque sea en el encuentro con la policía», explica el psicólogo clínico Manuel Fernández Blanco, quien añade que «hace tiempo que en los colegios no había régimen disciplinario. No hacía falta. La figura del maestro era enormemente respetada. Y cuando la ley está clara, no hace falta norma». Hoy eso no ocurre, y «todos somos colectivamente responsables de esa deriva», pero que esto sea así, destaca Fernández Blanco, «no exime de responsabilidad al menor». «Si un acto, no ya criminal, sino transgresor, no es castigado, invita a la repetición», dice.

Ese castigo puede ser familiar o educativo en los casos de pequeñas transgresiones, pero cuando los menores coquetean con la ilegalidad o directamente infringen la ley, entran en juego los juzgados de Menores. En el caso de la violencia familiar, lo habitual es que cuando los padres acuden al juzgado a denunciar a su hijo hayan sufrido ya su agresividad durante varios años. La mayoría aguantan lo que pueden y denuncian cuando ya no soportan más esa situación.