El Mulo, el narcotransportista varado

Rafael Bugallo, uno de los mejores pilotos de planeadoras, acaba de ser condenado a ocho años y medio

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Pontevedra / LA voz

Esquivó la muerte a principios de los noventa cuando un pistolero, que posteriormente se suicidó, lo amenazó revólver en mano con enterrarlo vivo en el cementerio de Bemil (Caldas), pero difícilmente podrá hacer lo propio con la cárcel. Rafael Bugallo Piñeiro, el Mulo, era considerado hasta no hace mucho como uno de los mejores pilotos de planeadoras, un maestro de maestros. Sin embargo, en su futuro parecen dibujarse los barrotes de una celda después de que hace escasos días fuese condenado a ocho años y medio por el alijo frustrado de 3,6 toneladas de cocaína que intentó introducir en agosto del 2008 en la costa pontevedresa a bordo de una planeadora que terminó varada y en llamas en la playa de A Lanzada.

Y por delante aún le restan, al menos, otros dos procesos judiciales. Uno de ellos por un supuesto delito de capitales procedentes del narcotráfico y otro en relación con la tonelada y media que iba alijada en el Coral I.

Precisamente, esta operación desarrollada durante la festividad de Reyes del 2015 fue lo que, a la postre, apuntaló su reciente condena. Y es que cuando la Policía Nacional registró la vivienda en la que Rafael Bugallo se había ocultado en un zulo, localizó una carta escrita de su puño y letra en la que relataba todos los pormenores, nombres incluidos, de la operación que se había desarrollado siete años atrás. 

Permanecía en la sombra

Fue a finales de 1992 cuando, por primera vez, los focos se posaron en este cambadés que hasta entonces había permanecido en la sombra y que, supuestamente, había medrado a la vera de Sito Miñanco como piloto de planeadoras. Quien por entonces era una estrella al alza denunció el intento de secuestro por quien posteriormente se acabaría volando la cabeza de un disparo tras asesinar de sendos disparos de escopeta a Daniel Carballo, en un pub de Vilagarcía, y a Juan José Agra, en el bar que regía en Corvillón. Se dijo que Bugallo Piñeiro podía ser el tercer objetivo de Antonio Chantada García, Tucho o Ferreiro.

A partir de la década de los noventa, la fama del Mulo o Filo, como también se le conoce, no hizo más que crecer a medida que la suerte de otros clanes se terminaba a medida que se sucedían los golpes policiales.

Sin embargo, todo comenzó a torcerse con el cambio de siglo cuando su nombre figuró en la lista de detenidos por los 2.300 kilos de cocaína del Paul, si bien los tribunales portugueses terminarían absolviéndole por falta de pruebas. En el 2004, la Udyco interceptó el White Sands, en cuyas bodegas transportaba cuatro toneladas de cocaína. Y de nuevo, el nombre de Rafael Bugallo volvió a aflorar, como también lo hizo dos años después en una operación contra el narcotráfico a ambos lados de la frontera lusa.

En ese mismo 2006, la Agencia Tributaria imputó al Mulo, que durante algunos meses estuvo dando esquinazo a las fuerzas policiales, por blanqueo de capitales. Su aparente enriquecimiento patrimonial no había pasado desapercibido a la hacienda pública, que entendió que todo tenía un mismo origen: la droga.

Paralelamente, lo que parecía ser un engranaje perfecto comenzó a mostrar signos de debilitamiento. Así, en el 2008, tras distintos contratiempos, Rafael Bugallo logró orquestar lo que prometía ser otro gran éxito: la descarga de 3,6 toneladas de coca colombiana por la costa pontevedresa. 

La policía le seguía de cerca

Desconocía que, desde hacía unos meses, la policía estaba detrás de su entramado después de que, en el curso de en una investigación sobre el narco José Ramiro Vázquez Roma, se determinara que uno de los sospechosos mantenía relaciones con unas personas que estarían «preparando lanchas en unas naves para introducir [una] fuerte cantidad de cocaína desde Sudamérica por vía marítima». Y de nuevo, apareció Rafael Bugallo.

El plan diseñado por el Mulo conllevaba el empleo de una gasolinera flotante, el Ratonero. De este modo, la planeadora, construida en una de las naves que este entramado tenía en Cambados y en Meis, podría cubrir una larga distancia, cargar el alijo, rellenar los depósitos de combustible y retornar el 14 de agosto del 2008 a las Rías Baixas.

Sin embargo, los imprevistos volvieron a surgir, esta vez bajo la forma de un error en las comunicaciones que impidió alertar a quienes esperaban la droga en tierra que la lancha llegaría veinticuatro horas más tarde de lo previsto. «Al no tener comunicación con tierra, [la tripulación] optó por fondear la cocaína que transportaba en las proximidades de Cabo Silleiro, varando la embarcación rápida en la playa de A Lanzada para, a continuación, prenderle fuego intentando con ello borrar las huellas», refiere la Audiencia de Pontevedra.

La fiscalía estudia recurrir la sentencia que no acreditó que fuese una organización

La sentencia que condenó a Rafael Bugallo y al resto de encausados por la descarga fallida del 2008, si bien consideró acreditado un delito contra la salud pública en cantidad de extrema gravedad y cometido mediante la utilización de buque, no consideró lo mismo con respecto al delito de organización criminal, cargo por el que fueron absueltos todos los procesados. El fiscal coordinador antidroga de Pontevedra confirmó que su intención es recurrir este extremo de la sentencia, para lo cual remitirá un informe al respecto a sus homólogos del Tribunal Supremo que son, a la postre, los que tendrán la última decisión al respecto.

En este punto, señaló que el debate se circunscribe a un aspecto eminentemente jurídico. Y es que mientras desde el ministerio público se ha venido manteniendo que existía una estructura jerarquizada y con un preciso reparto de funciones en la que el Mulo estaba en la cúspide, la Audiencia de Pontevedra no encontró pruebas en este sentido.

Remarca que los indicios no son suficientes «para afirmar la existencia de una estructura dotada de una cierta consistencia y rigidez, tanto en la jerarquía como en la distribución de roles». Así, reseñan que «no constan datos concretos de que José Antonio Búa Padaín y Luis Miguel Fajardo Vázquez ocuparan un lugar subordinado respecto a Rafael Bugallo y que ostentara este una determinada jerarquía o la última palabra en las decisiones» Además, a la hora de reforzar la absolución de los acusados por este delito, la Audiencia alude a las dos incógnitas que no ha desvelado la investigación policial: «Nada se sabe de la parte suministradora, como tampoco del destinatario o destinatarios de la sustancia estupefaciente».

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