«Ahora nos faltan trabajadores formados»

El empleo remonta en el reino del calzado, mientras en Guimarães nacen empresas que dan una vuelta al textil


La Voz en Portugal

No hay mucho movimiento en Sousa. Al menos de puertas para fuera, no se ve. Levantado a poco más de una hora al noreste de Oporto, la postal de este pueblo del municipio de Felgueiras, con menos de 10.000 habitantes, recuerda a la de una imagen de verano en Avión, Ourense. Coches de alta gama, impolutos, descansan aparcados junto a los portales de lo que parecen edificios de viviendas o casas unifamiliares que se extienden a lo largo de calles como Carvalhal. La diferencia entre Avión y Felgueiras es que al lado de algunas puertas hay placas donde puede leerse el nombre de las empresas que albergan los bajos. Hay una dedicada a las pieles, un gabinete de modelado de zapatos... Otra forma de reinventarse en el rural portugués.

Artecad es una de esas pequeñas compañías que beben de los encargos que realizan fábricas que, a su vez, hacen zapatos para grandes marcas de todo el mundo. En un pequeño local que vigilan desde lo alto imágenes de San Antonio, trabajan dos personas que hacen prototipos. Primero reproducen los patrones sobre un papel, los recortan, colocan las partes que han recortado de cada patrón sobre un molde y lo pasan al programa Autocad. «Las fábricas llegan con los modelos. No sabemos para quién son. No podemos mostrar nada. Es secreto», comenta Rui Díaz, uno de los trabajadores de esa empresa.

Hace poco más de una década, el pavor a perder encargos de las empresas extranjeras corrió como la pólvora por el pueblo. No había bastante trabajo. En la época de la burbuja inmobiliaria española hubo trabajadores que cruzaron la frontera para irse a trabajar en la construcción. Ahora son otros tiempos. El empleo ha remontado en Felgueiras. Pero, como dejan caer por la zona, el problema es el intermediario que reparte el trabajo para las pequeñas factorías. «Lo que hacen es comentar: 'Te doy un encargo, pero dame 100 o 200 euros para ganar el trabajo'», dicen.

Desde el gabinete de modelado cuentan que «hay falta de trabajadores con formación . Hay muchos que no saben resolver porque no han pasado por una escuela». El salario de un trabajador base en el sector, cuentan, está en los 500-600 euros al mes.

Fuera, una furgoneta se detiene ante una tienda de máquinas. Reparte material por las fábricas. Va desde Guimarães, tierra de tejidos de algodón donde muchas fábricas trabajan para Inditex, hasta Felgueiras, reino del calzado. A lo largo del camino entre ambas pueden verse bajos con pieles, fábricas...

Los tejidos minhotos son famosos en Guimarães. Además de las fábricas que recogen pedidos para todo el mundo, hay quien ha aprovechado los años de vacas flacas para reinventarse. Un ejemplo, la arquitecta Antonieta Durão. Aunque vino al mundo en Azores, acabó instalándose en la Península con su marido. En el 2010 abrieron el atelier Nieta, donde realizan ropa de hogar a partir de desperdicios textiles. Han abierto una tienda y trabajan ya con muchos artesanos locales. Todo a mano e inspirado en la naturaleza. Y con esa filosofía han llegado a París.

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