Optimismo contenido por un crecimiento que se ve incompleto

Falta de estructura de Estado e inversiones sociales y sueldos bajos frenan la euforia en Portugal


vigo / la voz

Mayoritariamente los portugueses aceptan que el país discurre por la senda del crecimiento y que el estado de ánimo ha cambiado, «pero Portugal está lejos de estar bien», advierte el exministro de Administración Interna y exalcalde socialista de Oporto Fernando Gomes. «Crecemos menos que la media europea», apunta para admitir, sin embargo, la consecución de la «estabilidad gubernativa» como elemento de atracción de la inversión extranjera, al igual que la política fiscal del país. Gomes incide en que los socios del Partido Socialista (Bloco da Esquerda y Partido Comunista) «no le están poniendo las cosas muy difíciles». El anterior viceministro de Asuntos Extranjeros, Luís Campos Ferreira, añade que ese apoyo le permite al primer ministro, António Costa, «no tener movilizaciones en las calles». Para el encargado de internacionalizar la economía lusa en el anterior Gobierno, la pieza fundamental en el cambio de escenario viene provocada por «un crecimiento muy grande de las exportaciones», hito, como el de la recuperación, que achaca al Ejecutivo del PSD de Passos Coelho. «En el 2015 se consiguió por primera vez en 60 o 70 años que la balanza comercial no tuviese déficit». El incremento del turismo y la salida de la troika, «que refleja la capacidad de un país para resolver sus problemas», completan la visión optimista. En el debe Campos Ferreira advierte que ahora no hay inversiones en salud o educación. «Esto no es un Estado social, es un Estado salarial», dice para indicar que el PS «intenta contentar a la población mejorando los sueldos de los funcionarios y las pensiones».

Para el exministro de Economía Luís Braga da Cruz, el gran pero sigue siendo «que Portugal carece de la presencia del Estado en muchos sectores, como se pudo ver en los incendios forestales». Lejos de ser una garantía de crecimiento, Braga da Cruz considera además que el centralismo de Lisboa está poniendo en peligro un crecimiento homogéneo del país.

Manuel Carvalho da Silva, histórico dirigente del primer sindicato de Portugal, CGTP, no esconde su intranquilidad por no ver decisiones suficientes que dejen atrás verdaderamente las políticas de austeridad. «Cada vez más, el salario medio nacional es más parecido al salario mínimo, que es el que dentro de poco recibirán el 25 % de los trabajadores de Portugal», señala. «Si no cuidamos la calidad del empleo, seremos otra vez una sociedad triste de mano de obra barata», teme.

Elvira Vieira, directora general del ISAG European Business School de Oporto, no duda en aludir a la consecución por Portugal de la Eurocopa y de Eurovisión como hechos que han ilusionado al país y lo han reposicionado. La subida del turismo, la bajada del paro y el incremento de las rentas familiares completan la radiografía para ella. «Pero la manta sigue siendo corta», dice para aludir a la poca solidez del sistema bancario o el peso de la carga fiscal.

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