El desgaste interno y Cataluña amenazan a las mareas municipales

Podemos se replanteará este sábado su política de alianzas, lo que afectará a futuros pactos en Galicia


santiago / la voz

Estaban en cuarentena las futuras alianzas de los socios de En Marea para las próximas citas estatales y autonómicas, pero hasta hace poco parecía que las municipales quedaban a salvo. Más que nada porque a todos los partidos que conforman las confluencias en Galicia les interesaba repetir -o al menos intentarlo- los resultados que en mayo del 2015 les permitieron arrebatar unas cuantas alcaldías a los partidos tradicionales y, sobre todo, las de las ciudades de A Coruña, Santiago y Ferrol. Además, se entendía que los ayuntamientos quedaban al margen de los grandes intereses partidistas que laminan las confluencias desde las autonómicas gallegas.

Pero eso ya no es así; el desgaste interno, los enfrentamientos personales y, sobre todo, los mensajes que mandan líderes de peso como Pablo Iglesias o Xosé Manuel Beiras amplían ahora el interrogante a los comicios locales. Y todo ello con el trasfondo de Cataluña, que puso dinamita a las endebles estructuras de los acuerdos previos y posteriores a la creación de En Marea como partido.

Pablo Iglesias convocó para este sábado, 13 de enero, el consejo ciudadano estatal, en el que se analizará la debacle de los resultados en Cataluña, pero también la estrategia que a partir de ahora seguirá el partido morado en lo que a las alianzas con otras fuerzas se refiere. Y lo que se decida será determinante para Galicia, donde el partido sufrió una fuerte división interna desde que decidió prescindir de su marca para las elecciones autonómicas.

A favor de repetir los pactos juega una evidencia tan clara como que la unión hace la fuerza. Ese fue el mensaje que siempre quisieron vender las mareas. Pero en contra, al menos en lo que se refiere a Podemos, figuran cuestiones que salieron a la palestra en los últimos años. La primera, el escaso protagonismo que la formación morada tiene en el grupo parlamentario gallego pese a aportar a él la mitad de sus catorce diputados. La segunda, la contestación interna derivada de ese pacto que los inscritos habían rechazado pero que Pablo Iglesias impuso tras negociarlo directamente con Beiras. La tercera tiene que ver con Cataluña: el partido deberá analizar hasta qué punto le compensa electoralmente el desgaste que supone su titubeante política electoral, a merced de los acuerdos con fuerzas nacionalistas que no siempre son bien entendidos por su electorado.

Su posición en el proceso catalán, a favor del derecho a decidir pero en contra de la independencia, no solo obligó a Iglesias a prescindir de su líder en Cataluña, Albano Dante Fachin, y a echar mano de Xavier Domènech, que no convenció en las urnas, sino que le costó su estrecha relación con Xosé Manuel Beiras, que apostó por la CUP y quien, en una reciente entrevista, afirmó con rotundidad que «as políticas de alianzas son de alianzas, non de vasalaxe, e se os nosos aliados no Estado non cumpren, haberá que revisar esa política». Y añadió: «Podemos entrou nunha deriva de abandono do horizonte rompedor».

No deja de llamar la atención que, en dos partidos que presumen tanto de democracia interna, al final sean sus líderes los que tengan la última palabra. Pero en este caso llueve sobre mojado. Antes de que Beiras criticase a Podemos en público ya se había escenificado la división de En Marea en el Parlamento, y que la dirección de Podemos Galicia y la de Anova no se entienden es vox populi en los corrillos de la nueva izquierda.

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