Galicia se estrena en los grupos organizados que grafitean trenes

Los activistas que pintaron un tren en Moeche actuaron con una coordinación preocupante, más cercana al sabotaje que a la gamberrada


redacción / la voz

En Renfe no ocultan su preocupación por el salto cualitativo que supuso el asalto a un tren de la antigua Feve en Moeche, el sábado pasado, para realizar un inmenso grafiti en el lateral del convoy con el lema «Nunca máis». Aunque en Galicia se han pintado varios trenes -muy lejos en cualquier caso de lo que sucede en ciudades como Madrid o Barcelona, o incluso en la vecina Asturias-, nunca se había dado el caso de que a un tren que estaba realizando un recorrido comercial -es decir, que no estaba estacionado- se impida que continúe su ruta colocando troncos en la vía e incluso, supuestamente, manipulando algunos dispositivos de seguridad para bloquearlo, algo que está siendo investigado por la Guardia Civil. La acción estaría por tanto más cerca del sabotaje que de la simple gamberrada.

También es novedoso que no solo fue un asalto con el único objeto de hacer una perfomance de arte urbano o dejar constancia de su tag (firma), sino que también había un cierto componente de reivindicación política relacionada con los incendios forestales. El principal grafiti contiene el lema «Nunca máis» con letras en color negro, utilizado tras el accidente del Prestige pero recuperado a raíz de la oleada de incendios de octubre. También hay alguna referencia a la empresa Ence, a la que algunos colectivos culpan de la proliferación de las plantaciones de eucaliptos. Y en uno de los extremos del tren se pintaron unos troncos quemados sobre un fondo anaranjado que emulaba un incendio forestal.

Acción planificada, bien organizada, con numerosos intervinientes (entre 15 y 20) y con una motivación reivindicativa sobre un tren que, aunque estaba parado en el apeadero de Moeche, no pudo continuar la marcha. Afortunadamente, en Galicia todavía no se han dado casos con el modus operandi del palancazo, consistente en accionar el freno de emergencia cuando el tren está en marcha para pintarlo rápidamente, antes de que lleguen la policía o los guardias de seguridad del ADIF o de la operadora. Se trata, además, de una maniobra que entraña peligro para los viajeros, pues el frenazo suele ser brusco. Esta operación puede acarrear penas de hasta tres años de cárcel y multas muy abultadas si los asaltantes son mayores de edad.

Aunque en Renfe admiten que se trata de un asalto novedoso en Galicia, también recuerdan que se trata de un caso aislado que esperan que no se repita. En cualquier caso, se remiten a las investigaciones policiales, de las que aún no tienen noticia.

El vandalismo grafitero se ceba en el parque móvil de Renfe, que es patrimonio público, y por tanto los amplios costes de limpieza que sufre la operadora ferroviaria repercuten directamente en los contribuyentes. Una de las investigaciones más relevantes de los últimos años acabó con la detención de diez miembros de un grupo de grafiteros que supuestamente habían pintado cerca de 170 trenes y ocasionaron daños que superaban los 600.000 euros.

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