«Si el Chicle no llega a decir donde estaba Diana Quer, no la hubiéramos encontrado nunca»

José Ángel Corral, capitán de la Policía Judicial de la Guardia Civil de A Coruña y responsable de la investigación en Galicia, asegura que el principal objetivo era encontrar a Diana Quer, viva o muerta

«El Chicle pidió perdón y dijo: No quiero hacer sufrir a nadie más» La Voz entrevista en exclusiva al agente que lideró en Galicia la investigación del caso Diana Quer. José Ángel Corral alaba la labor de los profesionales que, incansables, encajaron las piezas del puzzle para resolver un caso complejo

REDACCIÓN / LA VOZ

Tiene un pequeño mapa de la ría de Arousa sobre la mesa del despacho, en el que hay pintado un recorrido y señalado un punto, el lugar donde apareció el cadáver de Diana Quer. Ha sido el mapa de cabecera de todos los guardias civiles que participaron en la investigación de uno de los casos más complicados de la historia del cuerpo, y el más complejo que ha tenido en sus manos José Ángel Corral Segade (Barcelona, 1981), capitán jefe de la unidad de la Policía Judicial de A Coruña, la misma del caso Asunta, que en esta ocasión trabajó junto a la UCO de Madrid en la búsqueda de la joven madrileña desaparecida en A Pobra el 22 de agosto del 2016.

-El martes se supo que el Chicle siempre fue sospechoso de la desaparición de Diana Quer.

-Siempre hemos tenido sospechas, pero eso es una cosa y otra convertirlas en pruebas. En esta investigación de un año y medio hubo altibajos, momentos en los que creíamos que no lo sacábamos adelante.

-El cadáver estaba en una nave de Rianxo. ¿Nunca miraron allí?

-Por esa nave hemos pasado muchas veces, pero nunca miramos dentro. Es una propiedad privada y no entras si no hay nada que te indique que puede estar allí. Hay que pensar que eran muchos meses de investigación y que esa zona ya había sido rastreada.

-Meses de trabajo que comenzaron con la denuncia de desaparición presentada por la madre.

-Tenemos que pensar que es una chica joven en una fiesta de pueblo. L que menos piensas es que se haya ido por la fuerza. Pero algo no nos cuadraba, y la madre, desde el primer día, dijo que se la habían llevado. Teníamos el mensaje de «morena, ven aquí» y las declaraciones de testigos que la vieron esa noche. Era lo que había. Nada más. El comienzo fue bastante complicado.

-Fue cuando se pensó en los feriantes.

-Fue una línea de investigación, pero han sido un colectivo que ha colaborado mucho.

-¿Cuándo empieza a manejar la posibilidad de un secuestro?

-Desde los primeros días, con las declaraciones, el entorno de ella, los amigos de Madrid. Ahí te das cuenta de que nada te cuadra y de que probablemente alguien se la ha llevado. Es una investigación muy compleja, con más de nueve millones de datos.

-¿En qué momento empiezan a sospechar del Chicle?

-En noviembre salta uno de los datos que decimos ojo con esto. Pero teníamos unas señales de repetidores que nos decían que su coche salía de A Pobra por una zona distinta a la que marcaba el móvil de Diana. Eso no nos cuadraba. Es como un puzle de nueve millones de piezas que vas colocando, pero hay una pieza que no encaja. Hasta el año siguiente, cuando el día de la fiesta de A Pobra se monta el dispositivo más grande que haya visto en mi vida y se reconstruye la noche de la desaparición tomando medidas de todo. Y vemos que estábamos confundidos y que salieron por el mismo sitio. Ahí es donde nos cuadra esa pieza del puzle y es cuando pensamos que puede ser él.

-Él llama entonces a un agente que conoce para saber si se le investigaba.

-El Chicle es un embaucador, un mentiroso compulsivo. Una persona que habla y miente, que no sabes cuándo dice la verdad. Al guardia intenta sonsacarle. Es un indicio más que suma. Él se colocó dentro del escenario al decir que estuvo en A Pobra la noche de la desaparición. Comprobamos que estuvo allí, pero no sabíamos con quién. Esa era una de nuestras dificultades, saber si actuó solo o acompañado, si pudo él solo con Diana. Hasta el día 25 de diciembre, cuando atacó a otra chica en Boiro, no nos quedó claro. Probablemente ese es el punto clave de la investigación. Es cuando tenemos que tomar una decisión porque teníamos claro que teníamos que ir a por él.

-Hasta ese día pensaban que podía haber más implicados.

-Pensábamos que podía haber más gente con él, pero viendo lo del 25 todo nos indica que pudo hacerlo solo. El Chicle es un hombre fuerte. Hasta el 25 siempre pensamos que podía haber alguien más.

-¿Cuándo supieron que el asaltante de Boiro era el Chicle?

-Nos damos cuenta cuando la chica habla de un Alfa Romeo. Entonces se pone toda la maquinaria en marcha y nos ponemos a buscar al Chicle para detenerlo. Esa chica volvió a nacer ese día. Parte del éxito del caso Diana es suyo. Su declaración lo precipitó todo y permitió sacar a un depredador de la calle.

-¿Por qué no lo detuvieron en ese momento?

-Porque de repente desaparece. No se sabe dónde está. Probablemente se sintió descubierto y se escondió. Se intentan muchas cosas para localizarlo y lo encontramos el día 29. Estamos montando un servicio y creemos que la noche anterior está en su casa. Por la mañana vemos salir un coche a toda pastilla y salimos detrás de él y lo detenemos.

-¿Cómo fue la detención?

-Lo detuvimos en Boiro, cuando iba a rehabilitación por una lesión en el hombro. Lo detenemos, se sube al coche y no se muestra agresivo en ningún momento, todo lo contrario. Creo que piensa que sigue en su terreno, controlando la situación. Es un embaucador y se siente con fuerza.

-Mucha gente cree que se le podía haber arrestado antes si era sospechoso desde hace un año.

-Las sospechas no son pruebas. Es fácil a toro pasado pensar por qué no se le detuvo antes o por qué no se tomó tal o cual decisión. Y hay que pensar además que, si lo hubiéramos detenido sin estar todo bien atado y se nos cerrase en banda, podríamos habernos quedado sin Diana. Y nuestro principal objetivo era encontrar a Diana, viva o muerta. Hay que pensar que el servicio se hubiera quedado a medias, sobre todo por la familia. Y después de un año y medio trabajando duro, días y noches, quedarnos sin encontrar a Diana hubiera sido fatal. Nunca habríamos terminado el caso. No se habría cerrado. Si el Chicle no se viene abajo y dice dónde está el cuerpo, probablemente nunca lo hubiéramos encontrado.

«Se vino abajo, pidió perdón a la familia y nos dijo dónde estaba»

El hallazgo del cuerpo de Diana Quer fue uno de los momentos más intensos para el equipo de guardias civiles de Galicia y de Madrid que participaron en la investigación.

-¿Cómo fue ese momento?

-Fue duro, emocionante. Sobre todo cuando metemos la cámara dentro del pozo y vemos que hay un cuerpo. Fue muy duro para todos. Era una mezcla de sensaciones, de ver los rostros de compañeros que han sufrido, que han estado día tras día, en los que te llevas el caso a casa. Cuando sabes que está y que la has encontrado se mezclan sensaciones de todo tipo. Me acuerdo de las caras de la gente. Un sentimiento de tristeza, de alegría, pero sobre todo la satisfacción de saber que esos padres van a tener a su hija.

-¿Cómo les dijo el Chicle dónde estaba Diana?

-Este embaucador y mentiroso compulsivo se hunde. Y en ese momento vemos que está diciendo la verdad. Me acuerdo de que cuando terminamos de tomarle la declaración con el abogado, fuimos todos para allí porque supimos que contaba la verdad.

-De A Coruña a Rianxo para buscar a Diana. ¿Cómo fue ese viaje?

-Fue un viaje de mucha tensión. De madrugada, con la autopista estaba vacía y allí íbamos seis o siete coches, uno detrás de otro. Es un momento de tensión en el que no hablamos. Simplemente había que llegar y comprobar si era verdad lo que nos decía.

-¿Cómo confesó el Chicle?

-La sensación fue como si se quitase un peso de encima. Pidió perdón a la familia. Se vino abajo, pidió perdón y dijo: «No quiero hacer sufrir a nadie más». Después, nadie hablaba. Íbamos para allí, solo un coche detrás de otro, al sitio que él nos había dicho.

-¿Qué ocurrió en aquella nave?

-De lo que ocurrió allí no puedo contar nada, por respeto a la familia. Lo que ocurrió en la nave se queda en la nave. Solo puedo decir que él entró primero, acompañado de su abogado.

-¿Se han dedicado más al caso Diana Quer que a otros que están pendientes?

-Tenemos los casos de Elisa Abruñedo, en Cabanas; de Álvaro, en Ordes, y de Marta Lucía, en Arteixo. A sus familias les digo que nunca hemos dejado esos casos aparcados. No vamos a parar hasta encontrar a los asesinos.

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