El puente de Rande, un símbolo plagado de reivindicaciones

El puente será completamente pintado de blanco en primavera para unificar sus dos fases

Así se construyó el coloso de la ría de Vigo En 1973 comenzó la construcción del puente de Rande, un hito de la ingeniería gallega que permitió unir las dos orillas del estrecho de Rande y transformar las comunicaciones gallegas

Vigo / la voz

Antes de que se pensase en cómo hacer el puente de Rande, el arquitecto porriñés Antonio Palacios reivindicó en 1934, en su plan urbanístico para Vigo y su área metropolitana, la unión de las dos orillas de la ría para organizar de forma ordenada la ciudad y su entorno. El impulsor del Centro de Iniciativas Turísticas, Gerardo Campos, pasó al papel en 1946, entre otras muchas ideas, su sueño de que un puente futurista (en la imagen superior) enlazase las dos comarcas, que sin embargo siguieron condenadas hasta 1981 a dar un rodeo por carretera casi hasta Pontevedra para encontrarse. En realidad el puente, como se conoció hasta antes de su ampliación, se acabó en 1977, cuatro años después de su inicio, pero los problemas acumulados en la expropiación de terrenos hizo que la infraestructura muriese contra un talud de tierra en Moaña hasta que fue abierto el tramo Vigo-Pontevedra al despuntar la década de los ochenta.

Las reivindicaciones para su construcción, y la de los propietarios para conseguir un precio justo de expropiación, dieron paso a la petición de un abaratamiento de las tarifas que no se decidiría hasta que en el 2006 el Gobierno central acordó con la Xunta hacerse cargo de los peajes de los vehículos que cruzasen las dos orillas solo para hacer ese trayecto.

Manifestaciones en Vigo, Cangas, Pontevedra, Moaña y Domaio se sucedieron junto a una intensa campaña para pedir la gratuidad en el que era uno de los tramos más caros de la AP-9. Fomento abona ahora a Audasa en compensación 16 millones de euros al año.

Antes de que Touriño y Zapatero acordasen la gratuidad para el usuario, la Xunta con Xosé Cuíña y la Diputación de Pontevedra con Manuel Abeledo pusieron en marcha en el 2001 una tarjeta que suponía la gratuidad para los portadores que hicieran más de diez viajes al mes.

La iniciativa no triunfó, y las protestas organizadas en O Morrazo, una comarca que se consideraba aislada por los peajes, no cejaron hasta que se decretó la gratuidad para todos los usuarios que atraviesan la ría.

Con la gratuidad la densidad de tráfico se disparó, y fue necesario comenzar a pensar en la ampliación. En un principio Audasa no se mostró muy entusiasmada con la idea, y la oposición, entonces en manos del PP, tampoco, por lo que abrió su propia batalla reivindicativa apostando por la construcción de la autovía A-57 (Pontevedra-Ponteareas) como solución para aflojar el tráfico que desde la capital provincial se dirige hacia la Meseta.

La A-57 no ha arrancado, se ha acometido la ampliación de Rande y en primavera se pintará toda la estructura de blanco, para unificar las dos fases de su construcción y ofrecer un nuevo perfil.

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