«Non hai traballo porque a pesca foise deste porto»

La crisis del sector pesquero y la falta de oportunidades empuja fuera a los jóvenes


marín / la voz

El dicho de que una imagen vale más que mil palabras puede ser un tópico. Sin embargo, hay una foto que explica a la perfección una de las claves del declive demográfico -y económico- del municipio pontevedrés de Marín. En una de sus calles más céntricas, ocultando una fachada tapiada, se exhibe un puerto pesquero lleno de barcos, vitalista, con una lonja que fue uno de los grandes motores de su comarca. Hoy solo hay que pasearse por los muelles de este mismo puerto. El contraste es estruendoso. No precisamente por el ruido o el ajetreo de marineros y vendedores, sino por todo lo contrario. La flota ha ido al desguace, con ella la lonja, tras ellas los puestos de trabajo y a numerosos jóvenes, sin otra salida laboral, no les ha quedado otra más que hacer las maletas y buscar fortuna fuera. Esta es la opinión más generalizada allí donde se pregunte. Casi todos señalan la pérdida de la pesca como decisiva. España entró en una crisis general en el 2007, pero en Marín una crisis particular se estaba larvando desde hacía décadas.

Carlos Alberto García, de 65 años, marinense de toda la vida, expone con rotundidad lo que piensan muchísimos de sus vecinos. ¿Por qué la gente joven se va de Marín y no vienen otros nuevos a vivir? «Porque non hai traballo, porque a pesca foise deste porto». Con un hijo en Canarias y otro trabajando en Vigo, ejemplifica una historia repetida una y otra vez en cualquiera de los barrios marinenses. «Sen traballo, os novos vanse», concluye.

Expuesta la pregunta y emitido el veredicto se abre el debate, y otros en esa misma cafetería aprueban o disienten las palabras del aludido. «Yo vine a vivir aquí», dice una mujer sentada. Y sí, no hay duda de que hay gente nueva en la localidad. Sin embargo, no son suficientes, el número de aquellos que entona el «eu de Marín ausenteime» es mayor que el que canta «Marín del alma», canción convertida en extraoficial himno de la villa.

En los años del bum del ladrillo, cuando era relativamente fácil encontrar un trabajo en tierra y muchos jóvenes locales se volcaron en la construcción, llegaron numerosos emigrantes, sobre todo de Ghana y Marruecos. Ahora, se siguen viendo por la calle, pero menos. La caída de la flota, el fin de la burbuja del ladrillo -que no tanto de los precios de los pisos- también los empuja fuera. «Aquí se vive muy bien, mejor que en otras partes de España, pero no hay trabajo», sentencia un ghanés que se tuvo que ir al País Vasco, dos veces desarraigado de su hogar.

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