El ojo que escruta el cielo

El radar de Meteogalicia está ubicado a 750 metros de altitud y reconoce a una distancia de 250 kilómetros si se acercan precipitaciones en forma de lluvia, granizo o nieve

El ojo que escruta el cielo El radar de Meteogalicia está ubicado a 750 metros de altura y reconoce a 250 kilómetros si se acerca lluvia o nieve

pontevedra / la voz

Es el ojo que escruta las precipitaciones. Cualquiera podría pensar que en el último mes no ha tenido demasiado trabajo, pero el radar que Meteogalicia tiene en el monte Xesteiras, en Cuntis, es una antena de enormes dimensiones, que con más de setecientas pulsaciones por segundo determina si lo que se aproxima a Galicia es lluvia, nieve o granizo y a qué velocidad lo hace.

La Voz quiso saber cómo se vigila nuestro cielo. Tras recorrer durante algo menos de media hora pistas forestales prácticamente intransitables se llega a lo más alto de Cuntis. Desde abajo se ve la meta, pero la carrera parece compleja. Al llegar, nos recibe una torre de 48 metros en cuyo culmen hay una esfera bajo la que se protege el radar. Estamos a 750 metros sobre el nivel del mar. Desde abajo impresiona y al llegar sorprende su envergadura. Junto a ella se levanta una especie de hermana pequeña, la estación meteorológica, que mide temperatura, humedad, viento, precipitaciones y presión. ¿Qué le queda entonces al radar? La tarea más exhaustiva, la de vigilar cómo, cuándo y en qué forma llegan las precipitaciones. Subimos de la mano de Santiago Salsón, coordinador del área de observación y climatología de Meteogalicia, y el meteorólogo Alberto Pettazzi.

Ya dentro, a unos cuarenta metros de altura, la vista alcanza con claridad las torres de la central de Meirama. Antes tropieza con Santiago y su Cidade da Cultura, perfectamente distinguibles desde la atalaya del meteorólogo. Hacia el sur, la ría de Arousa, el monte Iroite, y en dirección este, uno de los pequeños quebraderos de cabeza de los técnicos, los parques eólicos. «Los aerogeneradores interfieren en cierto modo en las mediciones», señala Salsón. El radar es de tercera generación y polarización dual, tiene la ventaja de eliminar el ruido y quedarse con la realidad. Porque en Xesteiras no se predice, se constata.

Para acceder a la antena, la cosa se pone más seria. Subimos por una escalera vertical. La tocamos con las manos. Su coste fue tan alto como el de construir el resto de la infraestructura. Funciona de una forma sencilla, controlada desde la central de Santiago. Lanza pulsaciones y escucha, lo hace a alturas distintas para escrutar la atmósfera. Su alcance podría ser infinito, pero la curvatura de la Tierra hace que sea fiable hasta 250 kilómetros. «A medida que el láser sube, pierdes atmósfera, si partimos de una altura de 750 metros sobre el nivel del mar, al coger las medidas en Ribadeo, la altura ya es de dos mil metros porque la tierra es redonda», comentan estos apasionados de su profesión, que hace siete años recorrieron Galicia para buscar el mejor rincón donde levantar este ojo que mira al cielo. Tenía que ser interior, alejado de la costa y de parques eólicos. Lo consiguieron. Al menos por ahora.

Sin lluvia

Durante la visita no se perciben atisbos de lluvia, pero los profesionales prevén con otras mediciones, que las precipitaciones llegarán en el puente. Si en lugar de un día soleado, subiéramos cuando el radar detecta lluvia a 250 kilómetros, en algo más de dos horas estaría sobre nosotros.

Desde uno de los anillos exteriores, a siete grados y en esta sequía constante, había que saber si estamos ante un hecho anómalo o hay que frenar el alarmismo social. «Tenemos un tiempo estable, no es algo que no se haya visto nunca, en el 2011-2012 tuvimos un episodio de sequía y en los ochenta y noventa, también. Son normales, pero no habituales», indica Salsón, que advierte de que «otra cosa es que varíe el promedio y lo que pasaba cada 15 años, ocurra ahora cada cinco».

Mientras esperamos la lluvia para frenar la sequía, el radar está preparado para recibirla, medirla y almacenar los datos. El cielo dibuja las precipitaciones y la antena de Xesteiras la recoge para dibujar el mapa meteorológico de Galicia.

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