«Cuando vi a Frank Sinatra supe por qué conquistó a Ava Gardner»

El promotor recuerda el último concierto que dio en España


redacción / la voz

Dijo una vez, allá por los años sesenta, que no volvería a pisar nunca este país. Había venido antes varias veces. Lo hizo por celos, cuando mantenía un turbulento romance con la que fue su esposa, Ava Gardner. Y por cuestiones del guion. Rodó varias películas en España. Pero Frank no cumplió su palabra y, tras la promesa, producto de un ataque de rabia, regresó aún otras dos veces. La primera en 1986 para un concierto en Madrid. Y luego en 1992 para una gira que lo trajo a Barcelona y A Coruña. El encuentro de uno de los cinco miembros del Rat Pack, Frank Sinatra, con las 3.000 personas que pagaron unas entradas de entre 6.000 y 15.000 pesetas (36 y 90 euros) fue en un Coliseo que acababa de abrir sus puertas hacía poco. Ese fue su último concierto en el país. No resultó una operación rentable, pero a los que fueron a verlo los marcó. Uno de los que lograron que La Voz recalara en el Coliseo de A Coruña fue el ahora promotor de espectáculos, propietario de Cávea Producciones, Ramón García-Barros. «En 1992 formaba parte del equipo, con Manuel Roca y Lalo Sánchez, que gestionaba el Coliseum, dependiendo de la concejalía de Fiestas del Ayuntamiento, que desde 1990 impulsó la labor de proyectar la ciudad a través de grandes artistas internacionales», rememora al tiempo que cita a Jesús Manzano como el empresario promotor del evento. .

Dedicado ahora a su empresa, evoca con emoción aquella única tarde-noche que la estrella pasó en Galicia. Porque cuatro horas pueden resultar fugaces o dejar una huella imborrable. «Fue emocionante, nunca vi a nadie que irradiara tanta elegancia. Al ver a Frank Sinatra supe por qué conquistó a Ava Gardner», dice. Cuenta que Frank «llegó con su esposa del momento, Bárbara, en un avión privado al aeropuerto de Alvedro. Fue a buscarlo en un Mercedes de lujo con las lunas tintadas Jesús Vigo, un taxista que falleció hace un tiempo. Él fue el que más tiempo pasó cerca de él». Fue también el primero en escucharlo porque, como contó en su día este privilegiado testigo, los escasos ocho kilómetros que separan el aeródromo de la avenida de Alfonso Molina los pasó cantando. Pero el culmen fue en el Coliseo. Desde la famosa My way a temas como Something stupid provocaron un cálido aplauso. «En medio de cada tema interactuaba con el público, hablaba en inglés. Probablemente la mayor parte de los que estaban allí no lo entendían, pero él conectó con ellos. Fue algo para no dejar pasar».

El escenario no tenía nada. «Había montado un cuadrado con un taburete y una pequeña mesa en el centro, como un ring de boxeo. Él había pedido una botella de Jack Daniels para la actuación y otra para el camerino. La orquesta era increíble. Además de tocar de modo espectacular estaban perfectamente compenetrados. Su hijo era el que llevaba la batuta marcando el ritmo al elenco. Notabas que conectaban perfectamente, la voz con el sonido de cada instrumento», relata.

Acabó el concierto y Frank se despidió. No paró ni un momento. El Mercedes de cristales tintados de Jesús fue el que lo llevó de regreso al avión. De A Coruña a Oporto para continuar cantando My way.

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