Un cura de Crecente, en huelga de misa

El párroco que cerró el cementerio en Difuntos tomó la decisión ante la morosidad de los feligreses


crecente / la voz

El sacerdote Luis Manuel González sigue en boca de todos los vecinos de la parroquia de Albeos, en Crecente. Después de decidir cerrar el cementerio parroquial el día antes de Difuntos, provocando la indignación de los feligreses, el cura ha dejado de decir misa tanto en la iglesia parroquial como en la capilla de Santa Marta. La decisión ha cogido por sorpresa a los vecinos, que ven que solo pueden asistir a la misa dominical, pues el obispado solo envía a un sacerdote los domingos para oficiar la liturgia que Luis Manuel González se niega a presidir. El resto de días, los 500 feligreses de Albeos se quedan sin ofrenda. «Eu adoito acudir á igrexa, agora que vai pasar?», se pregunta Gerardo Núñez, un vecino de la zona.

El párroco decidió cerrar el cementerio parroquial el día antes de Difuntos. El motivo: dar un correctivo a los feligreses que no pagaban las cuotas de mantenimiento del camposanto y que tenían abiertos los ceniceros e incluso algunos nichos. Después de que el obispado lo desautorizase y ordenase reabrir el cementerio y ante la tensión con los vecinos de la parroquia, Luis Manuel González decidió dejar de decir misa en Albeos y no atender a los feligreses. En el resto de parroquias en las que trabaja, fuera de Crecente, sigue oficiando.

La marcha del párroco divide a los vecinos. Hay quien no quiere que vuelva más, pero hay otros que lo entienden. Es el caso de Rita Carpintero, una mujer que vive al lado del camposanto y que sufrió muy de cerca su cierre en los días previos a Difuntos. «No estoy en contra de él, entiendo su decisión. Pero cerrar el cementerio los días anteriores a una fecha tan señalada estuvo muy mal. Alguna gente quiere que vuelva, pero después de todo lo que hizo no creo que se lo plantee», asegura la mujer. La semana pasada, varios feligreses fueron a reunirse con el sacerdote en otra de sus parroquias, en Arbo, para intentar convencerle de que volviese a decir misa en Albeos. Pero se volvieron con las manos vacías y con un no por respuesta. «De aquí nadie lo echó. Claro que puede volver», añade Rita Carpintero. Luis Martínez González ya entregó las llaves tanto de la capilla de Santa Marta como de la iglesia parroquial, hecho que hace plantearse a los feligreses de que la decisión es irrevocable.

Hace varios años que se decidió plantear el pago de cuotas para el mantenimiento y la limpieza del cementerio. Los feligreses pagan únicamente tres euros al año por cada nicho y uno por cenicero. Pese a que las cantidades son muy modestas, algunos se mostraron rotundamente en contra de esta medida, y se han negado a pagar pese a la insistencia del párroco. Ahora ya es tarde y el sacerdote se ha cansado.

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